Somos así

Por COMOUTÉ
Estaba leyendo en un libro que en 1930, la emblemática torre del Estadio Centenario, aquel construido en el “campo Chivero”, iba a llevar una estatua alegórica a “La Victoria”, en la base a la referida torre a cargo del escultor José Luis Zorrilla de San Martín, hijo de don Juan Zorrilla de San Martín, aquel muy católico que le gritaba a don José Batlle y Ordóñez, los sábados “Pepe, mirá que mañana te paso a buscar a las 11 para ir a la Misa de la Matriz”, uno catoliquísimo y el otro agnóstico, por lo menos, si el abuelo de China Zorrilla, una gloria del teatro nacional.

También se iba a revestir de mármol la tribuna América.
Pero esa estatua y ese revestimiento venían con el viento en la camiseta que habíamos agarrado, con los olímpicos del 24 y del 28 y los mundialistas del primer mundial de 1930, y también se iba en el proyecto de vio Le Corbusier cuando estuvo por estos pagos y pensó que Carlos María Ramírez podría ser una espléndida avenida como la de Les Champs Elysees.

Claro que los olímpicos y los mundiales, terminaron como empleados públicos y llegué a conocer al negro Leandro Andrade como portero de la UTE, sección medidores, (medidores, son los contadores del consumo de energía eléctrica) siendo yo un niño me lo presentó mi viejo, tenía un ojo con una nube blanca, me impresionó porque era la primera vez que veía algo así, pero parece ser que fue una de las consecuencias que obtuvo de haber sido el amor de las francesas, cuando pasó como una ráfaga olímpica por París, y lo contagiaron con “la francesa” como le llamaba una abuela de un amigo mío a la sífilis.
Leandro Andrade murió en la miseria en el Piñeyro del Campo y lo velaron en la pieza de su sobrino el entonces jugador de Peñarol, Rodríguez Andrade, en el conventillo Medio Mundo, Cuareim 1080.
El mellizo Rodríguez Andrade fue alumno de mi vieja en la Escuela de Barrio Palermo, la 94.
No tengo que avisarles nada pero dentro de 15 años se cumplirán cien años, un centenario que no se hizo la estatua ni se hizo el revestimiento de la tribuna América, tal vez lo harán todo junto cuando revoquen el palacio municipal de Montevideo.

Claro que en aquella época se emprendió y llevó a cabo la obra faraónica de construir la rambla de Montevideo, hasta el parque Hotel, y esa si que fue forrada con granito rosado, lo que quedó en el debe fue la baranda, que iba en dos tramos entre los bloques grandes de granito, que quedaron medio al santo botón, pero ahí están y saldría más caro sacarlos que dejarlos con los dos agujeros de cada lado.
Como me crié trillando la rambla de punta a punta, siempre me quedó la duda de cómo iban a poner la baranda, sin mover los pilares y los pilares deben de pesar algún kilo, por no decir unas toneladas.
La baranda pretendía evitar que algún distraído cayera de la rambla para los bloques o al agua donde no hay bloques, la alternativa era matarse del golpe o morir ahogado.
Se dieron hace poco un par de caso de mujeres, que cayeron sin expresión de causa y un par de valientes criollos se tiraron al agua y las rescataron.
También se hicieron pomada unos cuantos suicidas, de esos que no amagan, sino que se tiran de cayado y salute.
Un tío político mío, veterano con más de 80 años en aquel entonces, quedó viudo y me decía, mirá mi’hijo, si me hubiera muerto yo, a mi mujer le quedaba la jubilación de ella y mi pensión.
Pero tuve la desgracia que muriera ella y tengo que arreglármelas con mi jubilación, o sea que tengo que bancar los mismos gastos con la mitad de la plata o menos.
El viejo se las arreglaba, cuando cobraba la jubilación se iba a Boulevar Artigas y Palmar y elegía una dama de esas que ejercen el oficio más viejo de la humanidad, se tomaba un taxímetro y arreglaba su problema de soledad, con una compañía rentada por hora.
Claro que una vuelta se ensartó, levantó a una de esas damas que fuman y en el taxímetro, en los primeros escarceos le encontró una herramienta que no era la apropiada para lo que él pensaba que iba a hacer y lo agarró a las trompadas.
El trava armó un escándalo por un par de piñazos que le metió un viejo de más de 80 pirulos y terminó en la comisaría y casi lo mandan para adentro por agresión, claro que al otro que vendía una mercadería que no era, no lo guardaban por estafa.
No sé cómo arregló, pero esto me lo contó él, o sea que lo tengo de primera mano.
Al tiempo tuvo que entregar el apartamento porque no lo podía bancar y se fue a vivir con otro viejo a una pieza de una pensión.

Dos viejos, tienen que ser muy especiales para que no haya problemas, que si ronca, que si fuma, que tose, o tiene flatulencias, que si cualquier cosa da lugar para las broncas.
Y bueno, mi tío encaró el problema, se fue a la rambla y se tiró de cabeza a las piedras, le solucionó el problema al BPS que se evitó seguirle pagando la miseria que le tendría que pagar de por vida, esos eran los guapos del Barrio Palermo, no jugaban a empatar.
Ese tramo de la rambla que estaba haciendo referencia fue robado al mar, en lo que va desde la calle Paraguay, hasta el parque Hotel, más o menos, y se rellenó con el cisco de la compañía del gas y con escombros, y se taparon las playas Santana y Patricios (véase la foto en blanco y negro).
Por eso la cancha de la Liga Palermo, no tenía un gramo de tierra ni un pastito, era pura piedra y ahí vi jugar al negro Pedra, creo que era de Liverpool fichado como profesional, si lo pescaban jugando amateur o se lesionaba, lo echaban del fútbol profesional y se venía a jugar con los amigotes un partido de yapa, con algunos vinos entre pecho y espalda y sin botines, en pata arriba de piedras, vidrios, alambres y lo que fuera.
El que tenía el mantenimiento de la cancha, ardua tarea de poner las redes en los dos arcos y aguantar los palos de los banderines del corner, sin banderines por cierto y las líneas las marcaba con agua con cal y una regadera, nada de pinceles ni exquisiteces, estábamos en la Liga Palermo.
A medio o real, vendía unos cartones de lotería, que tenían cinco números cada uno porque se habían cortado, los cartones estaban cortados a lo largo de forma que de uno salían cuatro tiras y tenían una lata del lado de atrás, pestañada, para que no se rompieran.
La prolijidad al servicio de la timba.
No sé cuánto pagaba al poseedor del número ganador, pero en la mañana o en la tarde, daba vueltas unas cuantas vueltas y tiraba un montón de veces las bolillas y eran 90 números contra uno.
De eso no queda más nada, porque la vieja cancha de la Liga la pasó a ocupar el Atenas y hubo que mudarla para la otra manzana hacia afuera.

Después construyeron frente a la Aladi, la Unión Postal Internacional y ahora quedaron unas canchas de baby fútbol y cuando paso lo hago de salida y no me dan los tiempos para recorrer lo que fue, esa parte de mi vida tan linda y disfrutable, me da mucha pena que todo haya sido, sin perjuicio de valorar el progreso y lo que hay.
Hasta tuve la suerte de que una vez me escapé de casa, una cuadrita, para jugar al fútbol de mañana con el “Oreja Pérez” y el “Pelado Walter”, y no tuve en cuenta dos cosas, que no había hecho los deberes y que había omitido pedirle permiso (que hubiera sido nones) a mi vieja.
Cuando volví, a eso de las once, todo sudado y mugriento, mi vieja me dijo muy mansita, mirá la mugre que tenés en las manos, andá a lavártelas y fui, y en un santiamén se coló en el baño, la vieja cerrando la puerta y con la zapatilla de goma en ristre y me dejó los cachetes que están debajo de la espalda colorados como tomates de tanto chancletazo, hoy le llamarían violencia doméstica y en aquel entonces formaba parte de la buena educación.

Qué lástima no tenerla todavía a la vieja para que me enseñe normas de conducta con chancleta y todo, pero en la vida es así, todo pasa y no vuelve… que todo sea para bien.

Un comentario en «Somos así»

  • el 16 octubre 2015 a las 10:55
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    Todas esas estructuras como el Estadio Centenario el Hospital de Clinicas se pudo hacer porque ahbia un pais con plata, la tasita de plata.

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