Ultimo preso de Tiananmen

Por Niquita Nipone
Tras 27 años de estar recluido, Miao Deshun, será excarcelado en octubre, está entre rejas por quemar un tanque durante las protestas prodemocráticas de 1989 en Pekín.

Un manifestante anónimo se enfrenta a una columna de tanques chinos en la plaza de Tiananmen en junio de 1989.

El último preso conocido que queda en las cárceles chinas por haber participado en las protestas prodemocráticas del año 1989 en Tiananmen saldrá de prisión este octubre. Miao Deshun fue condenado a pena de muerte suspendida -lo que equivale a cadena perpetua- por quemar un tanque durante los enfrentamientos con el Ejército, cuando el régimen chino decidió utilizar la fuerza para desalojar a los miles de manifestantes que habían ocupado la plaza de forma pacífica durante Miao Deshun: ¿el último prisionero de Tiananmen?
Cuando las calles quedaron quietas y cesaron los disparos después de la violenta confrontación entre manifestantes y soldados en junio de 1989, el gobierno chino comenzó a agrupar a las personas que consideraba criminales.

Muchos fueron detenidos y luego liberados, pero 1.600 recibieron sentencias formales de prisión.
Ahora se cree que sólo una persona condenada durante esa época sigue encarcelada.
No tenemos su fotografía pero conocemos su nombre: Miao Deshun. Empleado de fábrica de Pekín, fue condenado por incendio provocado al lanzar una canasta a un tanque que ardía. Por este delito aparentemente menor, recibió una sentencia a muerte suspendida que pocos años después fue conmutada a cadena perpetua. Miao no podrá ser liberado hasta el 15 de septiembre de 2018.
“Era una persona callada. A menudo estaba muy deprimido”, recuerda Dong Shengkun, otro condenado por Tiananmen que en alguna ocasión compartió una celda con Miao Deshun.
Todos los entrevistados por la BBC que conocían a Miao lo describen como extremadamente delgado, casi esquelético.

“Ambos recibimos sentencias de muerte suspendidas y se suponía que debíamos llevar grilletes en los pies”, dice Dong. “Yo estaba encadenado pero él no. Y decía que probablemente los guardias pensaban que estaba demasiado delgado para llevar cadenas en los pies. No hubiera sido capaz de caminar con el peso de las cadenas”.
¿Muerto o vivo?
La Oficina de Prisiones de Pekín se rehusó a responder preguntas sobre Miao Deshun, subrayando que nunca respondía a interrogantes de periodistas extranjeros. Sin embargo, Dui Hua, una organización con sede en Estados Unidos que aboga por los derechos de los prisioneros chinos, indica que es altamente probable que Miao sea el último prisionero con delitos vinculados al levantamiento de Tiananmen en 1989.
Por supuesto, es posible que Miao Deshun haya muerto en prisión hace años y la noticia de su muerte no se haya dado a conocer. La Oficina de Prisiones sólo confirmaría el estatus de un prisionero a sus familiares directos.

Pero asumiendo que Miao Deshun esté vivo, ¿por qué sigue estando en prisión tanto tiempo después de que muchos otros fueron liberados?
La mayoría de los exprisioneros están de acuerdo en que, a diferencia de muchos otros, Miao rechazó firmar cartas admitiendo estar arrepentido por su participación en las protestas de la Plaza de Tiananmen. También se negó a participar en trabajos en prisión y eligió pasar sus días leyendo el periódico en su celda.

“Él es el último prisionero porque nunca admitió que estuviera equivocado, se rehusó a obedecer las regulaciones y se rehusó a participar en el trabajo forzado para la reeducación”, recuerda un antiguo prisionero, Sun Liyong.
Sun vive ahora en Sidney, Australia. Durante el día trabaja como albañil en obras de construcción. En su tiempo libre, dirige un fondo para ayudar a las víctimas y exprisioneros vinculados a las protestas de Tiananmen. Dice que no está seguro si Miao está vivo.
“Mantengo el contacto con exprisioneros y siempre les pregunto si saben algo de Miao. La última vez que alguien lo vio fue hace una década”.

Protestas en Tiananmen
• Desde 1978 China abrió su economía al mundo pero los comunistas mantuvieron un control total sobre la política.
• En 1989 cientos de miles se reunieron en la Plaza de Tiananmen en Pekín para demandar reformas políticas.
• Los manifestantes permanecieron en la plaza durante semanas mientras se desarrollaba una lucha de poder dentro del dirigente Partido Comunista de China.
• Los miembros de línea dura del partido prevalecieron y dieron la orden de retirar a los manifestantes por la fuerza. Cientos fueron masacrados en las calles cercanas.
Pero otros exprisioneros creen que la larga sentencia de Miao se debe al bajo nivel que tenía como trabajador cuando se involucró en las protestas.
“Cuando las sentencias fueron entregadas, los ciudadanos comunes recibieron penas más duras”, explica otro exprisionero, Zhang Beogun. “Quienes tenían buenas conexiones, o quienes estaban protegidos por ciertas asociaciones, recibieron condenas menores”.
“Nadie habló a favor de la gente como nosotros”, indica Zhang. “Wang Dan, uno de los organizadores de la protesta, recibió una condena de sólo cuatro años en prisión.
“A principios de 1990 cuando familiares de Miao fueron a visitarlo, se rehusó a recibirlos. No quería que sus padres ancianos viajaran tan lejos para verlo. Desde entonces, nadie lo ha visto. Miao y yo en ocasiones estuvimos encerrados en celdas contiguas”.
“Las autoridades lo trataban como si estuviera loco. Escuché que lo habían cambiado a Yanging”, dice Dong, pero explica que no sabe mucho sobre esa prisión, excepto que está muy lejos.

“Consciencia clara”
La BBC viajó durante horas por las montañas para llegar a las puertas de la prisión de Yanging, una institución para los ancianos y enfermos mentales. La remota ubicación de la prisión hace pensar que Miao Deshun fue borrado de la sociedad moderna, lejos de la política de la Plaza de Tiananmen.
Otros exprisioneros han tenido diversos grados de éxito tratando de recuperar sus rutinas diarias.
Después de salir de prisión en 2003, Zhang Baogun ha realizado variedad de trabajos diferentes para poder mantener a su esposa e hijo, que nació después de su liberación.
Al denunciar su tiempo en prisión como una “mancha” en su historial, Zhang pone en duda sus acciones durante 1989.

“No participaría en algo como eso otro vez. No tuvo sentido. No puedes cambiar a tu país, no importa lo mucho que trates”, explica.
Dong Shengkun, que salió de prisión hace ocho años, nunca fue capaz de encontrar trabajo de tiempo completo. Se separó de su esposa e hijo y ahora vive con su madre de 76 años. Pero no se arrepiente de sus pasadas elecciones.
“Tengo la consciencia tranquila”, dice. Y agrega: “Demasiada gente se sacrificó mucho, no sacrificaron su vida por la sociedad materialista de hoy. Los chinos se han hecho más ricos pero esto no debe dejar de importarnos simplemente porque ahora tenemos mejores vidas”.
Dong se muestra estoico cuando le preguntamos sobre la larga sentencia del último prisionero, Miao Deshun.
“No me sorprende que aún esté dentro”, suspira. “Han pasado 25 años, pero las autoridades pueden hacer cualquier cosa que deseen”.
Una de las fotos más famosas del mundo nunca ha podido ser vista por centenares de millones de ciudadanos del país donde fue tomada: la imagen del solitario y desconocido hombre que el 5 de junio de 1989 se paró frente a una columna de tanques tras la sangrienta represión en la Plaza Tiananmen de Pekín.

Tras casi un cuarto de siglo de estricta censura, las autoridades chinas no parecen estar muy dispuestas a correr el velo de control sobre lo que en China se conoce oficial y eufemísticamente como los “incidentes del 2 de junio” y en el resto del mundo como la Masacre de Tiananmen.
Sin embargo, para este aniversario se han dado algunos cambios.
Por ejemplo, ahora los internautas chinos no se topan con el tradicional mensaje explicando que el contenido no puede ser mostrado porque no cumple con las leyes del país, algo que aparecía cuando trataban de buscar información sobre los eventos de aquella fallida primavera democrática.
Y además, en las redes sociales chinas se ha podido ver aquel hombre delgado que desafió en solitario al poder militar chino, en una foto en la que aparece parado no frente a los tanques sino frente a unos gigantescos patos amarillos.
Se trata de una aparente rendija en la Gran Muralla Digital, el complejo sistema de normas y tecnologías que permite al gobierno chino controlar los contenidos y las páginas que sus ciudadanos pueden ver.

Cada aniversario de Tiananmen, Pekín se topa con críticas de gobiernos y organizaciones del mundo entero.
La semana pasada el Departamento de Estado de EE.UU., pidió a los chinos “detener el acoso a quienes participaron en las protestas y dar un informe completo de los muertos, detenidos y desaparecidos”.
China respondió acusando a Washington de “prejuicio” y el portavoz de la Cancillería, Hong Lei, dijo que EE.UU. “debería de dejar de interferir en los asuntos internos de China”.
Lei recordó que su gobierno “ya sacó una conclusión” de lo que pasó en Tiananmen: que se trató de un movimiento contrarrevolucionario que pretendía derrocar al gobierno y que el uso de la fuerza estuvo justificado.
Sin embargo, Pekín nunca ha dado datos sobre cuántos muertos y detenidos dejó la acción militar en la plaza. Algunos hablan de cientos y otros de miles de fallecidos, tanto en esos días como en la represión que siguió.

Lo ocurrido en junio de 1989, cuando se decidió aplastar por la fuerza las multitudinarias concentraciones de estudiantes que desde abril se reunían en la plaza exigiendo reformas prodemocráticas, es uno de esos muchos temas “sensibles” que Pekín no quiere recordar ni discutir y que por tanto bloquea cuando un internauta hace una búsqueda.
Pero ahora, cuando alguien intenta desde China hacer una búsqueda con términos relacionados con Tiananmen o la fecha de los sucesos le aparece un mensaje diciendo: “Lo sentimos su búsqueda no arrojo ningún resultado”, en vez del más policial: “De acuerdo con leyes, regulaciones y políticas, el resultado de su búsqueda no puede ser mostrado”.
Incluso los responsables del manejo de la Gran Muralla parecen haber encontrado una manera sutil de desorientar a los usuarios y en algunas ocasiones la palabra clave Tiananmen sí da resultados sobre los “incidentes”, pero los ocurridos en 1976.
El 5 de abril de aquel año, unas protestas antigubernamentales de menor escala fueron igualmente calificadas como “contrarrevolucionarias” y disueltas por la fuerza.
Pero tras la muerte del fundador de la República Popular China, Mao Tse Tung, esos sucesos fueron reclasificados como “patrióticos” y destacados en la historia oficial como punto de partida de las exitosas reformas de mercado que transformaron al país.
“Este es un ejemplo de la peor censura”, se lee en la edición del 3 de junio de GreatFire.org, una página web que hace seguimiento a la censura china en internet.
“Los usuarios sospechan que su búsqueda pueda ser bloqueada, pero en vez del aviso de censura se les hace creer que su búsqueda no es “sensible” y además que no mucha gente está hablando del tema de todos modos”.

Pero la Gran Muralla Digital podría estar experimentando problemas, según algunos ciberactivistas chinos.
De acuerdo con reportes de varias oficinas de agencias de noticias basadas en China, este lunes pudo verse en el país una versión de la famosa foto del desconocido “protestante solitario” que se paró frente a una columna de tanques que se desplazaba luego de la masacre con la que se desalojó la plaza.
Solo que en vez de los blindados el hombre aparece enfrentando a una hilera de gigantes patos amarillos de hule.

Aunque no es la primera vez que se hace un retoque de la imagen y se sustituyen los tanques por otros elementos, según las agencias sí es la primera que los internautas chinos han podido verla en redes sociales.
La escena fue inmortalizada por cuatro fotógrafos ubicados en diferentes pisos en el cercano Hotel Pekín, pero la más famosa y ampliamente usada para ilustrar los eventos es la que tomó Jeff Widener, camarógrafo de la agencia Associated Press (AP).
La imagen del “manifestante desconocido”, como también se le conoce, forma parte de la iconografía política del siglo XX y paradójicamente nadie en China puede verla con libertad o en su versión original.

Miao lleva entre rejas 27 años y su sentencia se ha reducido en tres ocasiones. La última ocurrió el 7 de marzo, cuando un tribunal pequinés le rebajó 11 meses de condena, según informó esta semana la fundación Dui Hua, con sede en Estados Unidos y que lucha por los derechos de los presos en China. Miao, que entró en la cárcel con 25 años y ahora tiene 51, quedará libre el 15 de octubre, según la ONG. La Justicia china no ha confirmado la información y solamente está obligada a notificar la liberación de un preso a los familiares.
Miao, un obrero oriundo de la provincia de Hebei -colindante con Pekín- fue declarado culpable de incendio intencionado cuando arrojó una canasta a un tanque en llamas. Fue uno de los 1.600 detenidos que recibieron sentencias formales de prisión. A pesar de ser un delito menor, su condena ha sido tan larga porque, a diferencia de otros presos, Miao rechazó firmar cartas de arrepentimiento y no llevó a cabo trabajos penitenciarios. De hecho, ni siquiera apeló la sentencia cuando inicialmente fue condenado a muerte.

El preso no ha tenido contacto alguno con el mundo exterior durante varios años. No se ve con su familia desde hace una década porque él mismo les pidió que no fueran a visitarle más y en ocasiones hasta rechazó reunirse con ellos. Uno de sus compañeros en la cárcel, el también activista detenido tras el desalojo de Tiananmen Zhang Yansheng, aseguró a Radio Free Asia (RFA) que Miao tiene “problemas mentales severos”, entre ellos esquizofrenia, además de estar enfermo de Hepatitis B. En 2003 fue transferido al centro penitenciario de Yanqing, cercano a la capital china, que cuenta con una unidad para prisioneros mayores, enfermos y discapacitados. Es muy probable que desde entonces haya permanecido confinado en una celda sin compañía.
“Damos la bienvenida a esta noticia y expresamos nuestra esperanza de que (Miao) recibirá el cuidado que necesita para reanudar una vida normal después de pasar más de la mitad de ésta entre rejas”, aseguró John Kamm, director ejecutivo de la Fundación Dui Hua, en un comunicado. La ONG ha tratado de obtener durante años toda la información posible sobre los ciudadanos que acabaron en prisión por sus vínculos con este dramático episodio de la historia reciente de China, que se saldó con la muerte de entre centenares y miles de personas -Pekín nunca ha dado un balance oficial de fallecidos-.

China castigó a miles de personas tras la dura represión de las manifestaciones por parte del Ejército. Además del millar que envió a la cárcel, muchas más fueron destinadas a campos de trabajos forzados para que fueran reeducados al ser tachados de “contrarrevolucionarios”. Actualmente las familias de las víctimas siguen pidiendo justicia y compensaciones por lo que pasó, pero Pekín continúa silenciando los hechos y sometiendo a vigilancia a activistas y familiares cada vez que se acerca el 4 de junio, día en que los tanques del Ejército chino entraron en las calles de Pekín y acabaron de un plumazo con los sueños de democracia del movimiento estudiantil.

Un comentario en «Ultimo preso de Tiananmen»

  • el 6 mayo 2016 a las 10:53
    Enlace permanente

    Si caes preso en china olvidate te perdes nadie te va a encontrar . Son mucha gente hay una pelicula que te muestra como se entrenan a los presos nuevos son de terror te convierten en robot ni hablar podes..

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.