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Algo oculto sobre Artigas

23. noviembre 2017 | Por | Categoria: Insólito

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Por Niquita Nipone
Con motivo de un nuevo aniversario de la muerte de nuestro prócer develaremos algo que hemos ido recopilando a lo largo de nuestro camino por la vida. La búsqueda de la verdad sobre las mujeres de Artigas y a su descendencia, es un tema muy soslayado en nuestros estudios escolares y liceales y que los que quisimos saber algo de Artigas desde su infancia hasta su ingreso como Blandengue y de sus amores, tenemos que salir a buscar en otros medios, algunos académicos, pero muchos un tanto novelados.

Conmemorando una parte importante de la vida, en este nuevo aniversario de la muerte de nuestro prócer don José Artigas, creí oportuno tratar un tema que siempre nos escamotearon, la vida sentimental del gaucho rebelde, bien enfachado, bailarín, musiquero y chinero que nos dio el ser nacional.
Cuando nosotros creíamos que los libros no mienten, de la vida de Artigas sabemos desde 1811 en adelante y todo lo que fuera bien visto por las familias pacatas de la época.

Debutábamos con HD, el Hermano Damasceno, que en su condición de cura, todo lo que orillara las llamadas buenas costumbres, no aparece en los libros, ni siquiera una etapa en que en que se pasaban ganados al Imperio Luso brasileño, que hasta el propio Eduardo Acevedo, lo califica como un delito pero normal, común y corriente, “ley de la época”, pero Isidoro de María tampoco reveló todo lo que sabía e inclusive Carlos María Artigas, hijo del Prócer, omitió hablar de sus hermanos paraguayos.
Sabíamos que había sido educado por los Franciscanos, que fue confirmado en su fe de bautismo, como registrado para ingresar a la Cofradía del Santísimo Rosario y algo de sus batallas.

Pero qué hizo desde su adolescencia, y no tan lejos desde los 14 años en adelante hasta 1811 no nos enseñaban nada y de sus descendientes más o menos legítimos o adoptivos, menos.
Bueno, parece que no paraba en las estancias familiares, se perdía y se le veía poco, compraba ganados y los vendía en la frontera, andaba en las farras de los gauchos y en las tolderías indígenas, el récord fue cuando el éxodo que todas las noches cruzaba a remo el río Uruguay en el Ayuí (a la altura de la hoy Represa de Salto Grande), porque tenía mujer en Concordia y china en las tolderías del Ayuí.
Mal ejemplo para nuestra generación que el Jefe de los orientales, hubiera sido contrabandista, o un gaucho chinero, buena pinta, proseador, musiquero y bailarín para estudiar sobre 1764 hay que situarse en ese momento, con los medios de hoy no podemos opinar 250 años atrás.

Que había en ese momento, no había radio ni televisión, no existían diarios, y los libros que llegaban, los que no eran “Credos” religiosos, eran más biblias que otra cosa, un ser pleno de vigor como lo demostró en su larga existencia descargaba sus bríos en amores, tempraneros por cierto. Como le dijo una vez una paciente, muy humilde, en el Hospital Pereyra Rosell al Dr. Crottogini, ginecólogo, que le había prohibido que tuviera más hijos porque su físico no bancaba la situación y la señora le confirmó al insigne catedrático que otra vez estaba embarazada, Crottogini se puso malo y ella le contestó muy suelta de cuerpo “y que quiere doctor es la única diversión de los pobres”. Si esta respuesta le dieron al catedrático en 1950, que fue cuando se la contó a mi madre, como sería en 1780, año más o año menos.
Artigas tenía muy buena pinta, tocaba bien la guitarra y el acordeón, las chinas que seguían a los soldados y patriotas, también querían diversión y diversión recibían.
Las noticias fuertes hay que darlas rápido, tuvo ocho mujeres, de distintos orígenes (orientales, chinas, indias, indias misioneras y algunas que no dejaron el nombre), catorce hijos, y treinta y tres nietos.
De sus hijos varones solamente uno no hizo la carreta de las armas, pero murió en la carga de las lanzas de Timoteo Aparicio.

Los demás se destacaron en la carrera militar como veremos más adelante.
Los que lo imaginan como un gaucho crudo, están equivocados, le gustaba vestir bien, tenía su buena pinta y le gustaba mucho bailar.
Como podrán notar estamos pintando a una persona normal, con sus gustos un tanto disipados, claro que en aquel entonces las diversiones eran muy limitadas y eran una descarga de sus múltiples ocupaciones.
De ese gaucho mujeriego, salió el Reglamento Provisorio de 1815, las Instrucciones de 1813 y tener a mal traer a los enemigos de turno, o sea, los españoles, los porteños y los brasileños, en cada oportunidad, hacer temblar la Banda Oriental, las Misiones Orientales, Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Córdoba y parte del actual Rio Grande do Sul.
No fue un gran estratega, pero tuvo sus victorias y sus derrotas, claro que él nunca fue derrotado, sino simplemente fue traicionado por Ramírez, López, (sus subordinados) y cuando entró al Paraguay con 250 negros para organizar nuevamente sus fuerzas, fue metido preso por Rodríguez de Francia, dictador paraguayo, pero lo nuestro es mostrar un aspecto de la vida de nuestro general, las mujeres de Artigas.

El estudio de la vida íntima del General José Artigas (1764-1850) ha resultado ser enormemente dificultosa, probablemente por haber sido éste prácticamente elevado a una especie de mito “deshumanizado”.
Lo cierto es que el prócer tuvo varias compañeras que lo siguieron a lo largo de su vida con las cuales engendró varios hijos por los que se preocupó en forma constante tal y como lo revelan las diversas cartas y documentos.
Cabe aclarar que varias veces Artigas actúa en una suerte de padrinazgo ofreciendo su protección y cuidado a niños que luego portaron su apellido sin tener vínculo biológico con el prócer.

Artigas e Isabel Sánchez Velásquez
La primera mujer de Artigas de que se tenga conocimiento documentado es Isabel Sánchez (nacida hacia 1760) quien fue su amor de juventud y vecina de Villa Soriano.
Isabel Sánchez era viuda en primeras nupcias en 1779: “Su patrón había confiado su empresa a un joven montevideano con cinco años de experiencia en esa clase de trabajo, famoso por su ascendiente personal entre el paisanaje. Emparentado con prestigiosas familias de Santo Domingo Soriano, el joven frecuentaba en sus vacaciones ese pueblo, asiento de una sociedad democrática que ejercía sobré atracción irresistible. Llamábase José Artigas”

De dicha unión nacerán cuatro criaturas en la Villa de Soriano: Juan Manuel (3 de julio de 1791), María Clemencia (14 de agosto de 1793), María Agustina (4 de agosto de 1795) y María Vicenta (24 de octubre de 1804). Manuel Artigas también eligió el oficio de las armas: en 1811 era jefe de una división de caballería, en 1814 estuvo al mando de la guarnición del pueblo de Mercedes y en 1816 y 1817 fue coronel del Regimiento de Caballería Civil.
Artigas y Rosalía Villagrán
Al fallecer Isabel Sánchez, Artigas solicita licencia para contraer matrimonio, arreglado a la usanza de la época, con su prima Rosalía Rafaela Villagrán. La boda se llevó a cabo el 31 de diciembre de 1805, siendo la madrina de boda una hermana de Rosalía futura madre del que fuera presidente de la República: Don Gabriel Antonio Pereyra (aquí tiene su origen la historia de la famosa espada de Artigas y Leandro Gómez).
Del matrimonio nacerían tres hijos, un varón y dos mujeres que mueren a los pocos meses de nacidas, sus nombres fueron: José María, Francisca y Petrona.
“Al tomar estado no poseía más bienes de fortuna que el sueldo de 48 pesos que gozaba como Ayudante Mayor de Blandengues y un campo en Arerunguá, que acababa de denunciar como realengo. Careciendo de dote para su consorte, su padre don Martín le regaló un solar hoy calle Colón y Cerrito. Transcurrido un año de su casamiento, Artigas debe retornar al servicio activo en el escenario de las invasiones inglesas.
Cuando la situación económica se agrava, el cabildo de Montevideo ayuda a la esposa del prócer con una pensión de cien pesos mensuales, asistencia para la educación de su hijo y una casa en la ciudad.

Rafaela Rosalía Villagrán, muere finalmente, en Montevideo en el año 1824, aunque dicho matrimonio había sido anulado anteriormente por insanía mental de Rosalía.
De este matrimonio nacería, como se ha dicho, José María en el año 1806, hombre que pronto encontró el camino militar llegando a alcanzar el grado de Teniente Coronel.
José María ni bien se entera de que su padre está aún con vida en el Paraguay lo va a visitar en 1846 con el objeto de hacerlo retornar a la patria: en vano rogó a su padre, quien rechazó la propuesta y decidió permanecer en el Paraguay hasta el fin de sus días. José María moriría un año más tarde, en la ciudad de Montevideo en 1847.
José María se casó con Josefa de María, emparentada con Isidoro de María quien produciría una de las primeras biografías del General José Artigas: la creación de un hombre “semi-mítico”.No coincide con la existencia de todas estas mujeres, queda la interrogante de por qué Isidoro de María no menciona en su obra ni una sola de las mujeres de Artigas o sus vástagos, a excepción de Rosalía Villagrán y, obviamente, de José María.

Artigas y Melchora Cuenca
En Purificación, Artigas se casa con una mujer (1815) que también le dejaría descendencia: Doña Melchora Cuenca, una lancera paraguaya. Esta mujer, mucho menor que Artigas, conoció al prócer pues su padre traía víveres a Artigas enviados por la Junta del Paraguay. Éste se constituye en el segundo matrimonio del General habiendo sido anulado el anterior invocándose la demencia de Rosalía Villagrán. Tuvieron dos hijos: Santiago, nacido en 1816, y María, nacida en 1819.
Los Rivera, tanto Fructuoso como su esposa Bernardina Fragoso, le tienden una mano intentando ayudarla: se hacen cargo de Santiago no así de María, la otra hija. Melchora le respondió a Bernardina Fragoso de Rivera: ella era “la única hija que le quedaba”, toda vez que su hijo estaba ausente en campaña militar.
Santiago, hijo de ambos habría nacido en Purificación en 1816. Tutelado por Rivera, sigue la carrera militar hasta alcanzar el grado de Coronel.
En el año 1836 se casa en la ciudad de Paysandú con doña Ana Vallejo. Peleó en los combates de Cagancha, y en la derrota de India Muerta. Respaldó y estuvo al servicio del “Gobierno de la Defensa”, donde participó en la defensa de la villa del Salto. Luego se trasladó a la ciudad de Concordia donde alcanzó el grado de comandante general ocupado cargos de confianza del gobernador de Entre Ríos, general Urquiza. Fallece en esta ciudad en el año 1861.

Artigas y la Madre del Caciquillo
Del libro del historiador Prof. Dr. Carlos Maggi en su obra “Artigas y su hijo el Caciquilllo” aparece un personaje muy especial. El niño, de nombre Manuel, habría nacido hacia el año 1786, siendo, aparentemente, el primogénito de nuestro prócer.
Este digno hijo de Artigas, fue una figura fundamental en 1812 cuando se producen las famosas desavenencias de Artigas (jefe oriental) con Sarratea(prohombre de Buenos Aires) y el entredicho culmina frente a Montevideo, que está sitiada por los patriotas. Son tres las fuerzas de la revolución emancipadora que convergen sobre la plaza defendida por los españoles, pero tales fuerzas están divididas: Rondeau en el Cerrito de la Victoria, aguantando solo el asedio; Sarratea, que viene del litoral con un batallón numeroso y artillería; y Artigas con los pocos orientales que le van quedando, porque el porteño lo debilitó de a poco, quitándole oficiales y tropa.
Sucede entonces lo inesperado: durante la noche del 16 de enero de 1813 a Sarratea le roban milagrosamente, 2.700 caballos y 700 bueyes, llevándoselos a vista y paciencia de su guardia militar. La agresión, aunque incruenta, es intolerable. La relación empeora de tal modo que el 2 de febrero Artigas es declarado traidor de la patria y ambos jefes están al borde de la guerra.

Entonces vuelve a suceder lo imposible: al ejército porteño le roban los pocos caballos y los pocos bueyes que le quedaban. El porteño queda de a pie, es decir, absolutamente perdido. “A eso de las dos de la mañana, tuve aviso de que habían sorprendidos los dragones que cuidaban los 300 caballos del cuarto escuadrón, por una partida numerosa del señor Artigas que se los llevaba; además arreaban los bueyes…” -así da cuenta Nicolás de Vedia, un oriental inteligente, servidor de los porteños y agrega: “También se me avisa que los caballos pertenecientes al señor coronel y otros oficiales, también han sido llevados…”.Observo nueve indicios coincidentes:1) No está al alcance de ningún gaucho arrear 2.700 caballos y 700 bueyes sin un relincho, sin una espantada, pisando con pies de seda, en medio de la noche, bajo las narices de la guardia enemiga. Esa obra de arte, es cosa de indios sutiles. (Era común que los infieles vinieran a las afueras de Montevideo a realizar demostraciones circenses, basadas en su dominio sobre los caballos). 2) Pero hay más. No está al alcance de nadie, mover esa animalada sin dejar huellas. Y lo cierto es que al día siguiente, el ejército porteño no pudo localizar lo sustraído. 3) El único camino que ese arreo inmenso pudo seguir, es el rastro que día a día se traían de una mimas estancia, para abastecer al ejército sitiador. La tierra del camino de las tropas está tan pisoteada, que es imposible para el mejor rastreador, leer las huellas. 4) Y sucede, como está probado, que es de la estancia “La Calera”, de García de Zúñiga, de donde vienen las vacas de consumo para el ejército de Rondeau y está probado que es allí donde está, secretamente acampada, la tribu charrúa, cuyo cacique es el Caciquillo. 5) Cuatro días después del robo maestro, Artigas le escribe a García de Zúñiga, en clave: “No olvide usted de decirme algo de esos señores que usted ha alojado allí”. 6) A la semana siguiente, en otra carta con el mismo destino dice Artigas: “Hago un deber mío, disculpar delante de usted los perjuicios que pueden habérsele inferido durante nuestra mansión (estadía) en esas inmediaciones”7) Después de la desaparición de la segunda tanda de bichos, Sarratea dura en su altísimo cargo 9 días. Buenos Aires lo destituye y nombra jefe de las fuerzas orientales a don José Artigas. 8) Entonces, Artigas y los charrúas se incorporan al sitio de Montevideo. 9) El curita Muñoz, que lleva un diario del sitio, consigna: “Llegaron hoy los charrúas; fue preciso hacerlos acampar a tres leguas de distancia por su conducta incivil, aunque su jefe, el Caciquillo, don Manuel Artigas, muy tratable” .
Carlos Maggi hace referencia a la concesión de una estancia de enorme tamaño hecha a favor de Artigas por parte del coronel Francisco Javier de Viana, el 14 de febrero de 1805: “el uso y propiedad de un terreno a don José Artigas”. La estancia, más grande que Montevideo, tenía 105.000 hectáreas de superficie y constituía la única fortuna que tuvo Artigas en toda su vida. Esta estancia estaba emplazada en la zona donde merodeaba la nación charrúa, en Arerunguá, en el espacio formado por los arroyos Valentín y Cañas.

Por otra parte, aunque una de las obligaciones de los miembros de Blandengues era mantener la paz en la campaña, entre lo que se incluye matar indios, no se tiene comprobación documentada de que Artigas hubiera peleado contra ellos, matando alguno. Cada vez que se le daba una orden en ese sentido, dice Maggi, a sus contrincantes “le roban los caballos”: un ejército sin cabalgadura, en esa época, era una masa de hombres inoperantes.
Artigas y una Mujer Anónima
De la unión de Artigas con una mujer cuyo nombre se desconoce nace el niño Pedro Mónico. Este niño viene al mundo en el año 1792, siendo bautizado en la ciudad de Las Piedras. Fue criado por los padres de Artigas como su nieto favorito. El niño, entre tanto, vivió junto a sus abuelos en Casupá.

Artigas y María Matilda Borda

María Matilda Borda, nacida en el año 1783, viuda en primeras nupcias con Antonio Altacho, era dueña de una pulpería y almacén de ramos generales. Tuvo un hijo con José Artigas, reconocido por éste, nacido hacia fines de 1813, bautizado en Las Piedras con el nombre de Roberto. Este hijo, uno de los pocos que no siguió la carrera militar fue muerto en la revolución de Timoteo Aparicio.

Parece que Roberto dejo, la espada que Córdoba había regalado a Artigas como homenaje a su persona, en manos de un comerciante y cuando regreso, pues servía en las tropas de Oribe – aunque su vacación no era la militar – encontró que el comercio se había incendiado y la espada había desaparecido. Con el tiempo, la famosa espada, cuya dedicatoria denunciaba su procedencia y el nombre de su dueño, llegó a manos de Leandro Gómez, el heroico defensor de Paysandú, quien ferviente admirador del Prócer, la devolvió, luego de adquirirla, en Buenos Aires en 1842. La intención de Leandro Gómez era entregarle esa espada al Presidente Gabriel A. Pereyra, por su parentesco con Artigas, cosa que no se pudo concretar por la caída de Paysandú en la Guerra de la Triple Alianza, varias traiciones y el fusilamiento injusto del fundador de la primera escuela laica y gratuita del Uruguay, 20 años antes que José Pedro Varela, en el local de la Logia Masónica Hiram de Salto.

La espada se la entregó al gobierno uruguayo en el año 1856. Por entonces ya estaban los restos de Artigas de regreso en Montevideo, donde dicho sea de paso, estuvieron detenidos en un depósito de la aduana de entonces por casi un año…
Volviendo a Roberto, que como queda dicho,no era afecto a la vida militar, llego a ser una especie de preceptor del pequeño hijo de Oribe y a su vez cumplió algunas misiones de gran confianza como chasque del ejército de éste. Lamentablemente, años después cuando la revolución de Timoteo Aparicio, fue incorporado contra sus deseos a estas fuerzas, y cuando hubo un armisticio entre las fuerzas gubernistas y las de Aparicio, mediante engaños, las tropas del gobierno fusilaron a algunos, entre los que se encontraba este hijo de Artigas, un buen hombre, al decir de su hija, que nunca había disparado un tiro. Así eran aquellas épocas…
Artigas y una Guaraní Misionera
Artigas procreó una niña de nombre María Escolástica nacida el 10 de febrero de 1813, con una misionera guaraní. Esta niña fue dada al matrimonio Lorenzo Centurión y Francisca Basualdo quienes le pusieron su apellido. María Escolástica Centurión se casa con Pedro Abelardo Marote y tiene varios hijos. Muere el 6 de enero de 1897.

Artigas y Clara Gómez Alonso
Estando Artigas en San Isidro de Curuguaty conoció hacia el año 1825 a una mujer más joven que él, Clara Goméz Alonso. De esta unión nacería Juan Simeón en el año 1827; éste llegaría a ser Teniente Coronel en Paraguay,hombre de confianza del Mariscal Francisco Solano López. El niño se educó y vivió junto a sus padres hasta el fallecimiento del General en el año 1850.
Es muy breve mi síntesis sobre los hijos de Artigas, pero a pesar de las miserias en que vivió no los dejó desamparados a ningunos y todos, menos uno, siguieron la carrera de las armas, tal vez algún gen los llevaría a ello o el ejemplo paterno.
Esta parte de la historia es apasionante e insólita con que nos encontremos con esta tropa de hijos, cuando a todos nos enseñaron como niños buenos que éramos que el único hijo de José Artigas fue José María y creo que esta lista es corta, porque como Artigas no dejó bienes no hubo sucesión, además las noticias en aquella época eran más lerdas en recorrer los caminos de la patria y países vecinos, de haber habido bienes, se hubiesen presentado una tropa.

No hemos nombrado a un gran defensor de las Misiones Andresito ,Andrés Guazurary o Guaçurary, también conocido coloquialmente como Andresito o Andresito Artigas nacido en Santo Tomé, 30 de noviembre de 1778. Algunos historiadores afirman que podría haber nacido en San Francisco de Borja, actual São Borja. Fallecido en Río de Janeiro1821 fue uno de los primeros caudillos federales de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el único de origen indígena en la Historia Argentina. Gobernó entre 1811 y 1821 la Provincia Grande de las Misiones de la cual la actual provincia argentina homónima es sólo un remanente. Fue uno de los más fieles colaboradores del general de la Banda Oriental actual Uruguay, José Gervasio Artigas, quien lo apadrinó y lo adoptó como hijo; permitiéndole firmar como “Andrés Artigas”. Era de familia guaraní, lo que —de no haber mediado Artigas— le hubiera excluido de la oficialidad de la época.
La fecha de su muerte es incierta porque estaba preso por el Imperio de Brasil en la Isla das Cobras, donde estaba Rivera y otros orientales, y donde recibió un envío de lo poco que le quedaba a Artigas cuando se internó en el Paraguay y como buen indio, en la noche se les perdió a los carceleros y nunca más dieron con él ni con sus restos.
Puede haber sido pasto de las bestias o haberse integrado a otro grupo, ya que de los guaraníes en Rio de Janeiro, él era el único cautivo.
Cuantas cosas insólitas encontramos en esta etapa de la historia y cuanta heroicidad derrochada.

Eterna gratitud le debemos al Jefe de los Orientales y con este artículo se confirma que si no fue “el padre de la patria2, anduvo bastante cerca, valga esta broma como corolario de este trabajo.

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5 comentarios
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  1. Me gusto siempre esa reboleada de poncho de artigas, que lo hacia mas humano, pero ojo que Artigas escribio una pila de cartas pero tambien hay que tener mucho cuidado, yo no digo que este sea el caso pero se sabe que habia gente que imitaba su caligrafía.

  2. Es maravilloso como la autora hace el 90% de esta nota con información tomada de mi libro Artigas Ñemoñaré, menciona a Maggi y algún otro, y yo soy totalmente ignorado. Creo que merezco alguna explicación, si es que la hay. Profesionalmente dejan mucho que desear. Saludos: Nelson Caula.

  3. Tiene razón, parcialmente, el Sr. Nelson Caula, la persona que compaginó las ilustraciones del artículo, utilizó la composición de la tapa del tercer tomo de su libro Artigas Ñemoñaré, que es una foto de Stephan Mancusi, autor del relato.
    No pude citar en ningún momento a Caula como fuente porque no lo leí y mal pude haberlo tomado como fuente porque no lo leí, y tampoco pude haber copiado el 90% a que alude.
    Si omití y es mi única y absoluta culpa, información del material sobre las mujeres de Artigas del Lic. Fernando Klein y vaya a su persona la omisión de no ponerlo como referencia y su excelente material.
    Otros que me ayudaron muy mucho a querer y apreciar la figura del prócer fueron mis queridos profesores del IAVA que ya no están entre nosotros , Narancio, José María Traibel, Alfredo Castellanos y al querido profesor y que me honró con su amistad Dr. Alfonso Fernández Cabrelli con sus libros sobre el prócer y la revista Hoy historia, persona de una generosidad intelectual y económica no común, que publicó siempre a pérdida.
    Otro autor sobre los charrúas y sus guerras Eduardo Acosta y Lara y me olvidaba del enjundioso estudio del querido Maneco Flores Silva, sobre los secretarios de Artigas.
    Otro libro de cabecera que no nombré son las Biografías desde 1810 a 1940 (agotado) y los artículos reeditados por ARCA de la colección de artículos del memorioso historiados salteño J. M. Fernández Saldaña que son un deleite para el espíritu y la información.
    Con el corazón disfruté la tarea del Prof. Dr. Carlos Maggi, un imponederable en todo lo suyo.
    Tuve apoyo en Wikimedia Commons, Wikiquote y Wikisource.
    Le debo disculpas al escritor Nelson Caula por no haber leído sus libros, pero sus libros que me los regaló mi hija para mi cumpleaños el 27 de setiembre pasado, me llegaron con posterioridad a la publicación del artículo el 18 de setiembre, pero la lectura de los mismos me resulta ardua, como tampoco lo hice con el gran profesor e historiador Gerardo Caetano y la profesora Ribeiro, pero ya había leído mucho aunque mucho siempre es poco, pero llega un momento en que hay que largar el artículo porque caemos en la paranoia y es lo que nos acontece con una materia como lo es la historia, no viví hace 250 años atrás y pinté al Artigas que me quedó en la retina, un tanto distinto al que nos vinculaba el Hermano Damasceno, porque Artigas fue un hombre para su época, odiado por los masones argentinos Sarmiento, Belgrano, Rivadavia, conforme odiaban todo lo que fuera una persona con chiripá, y nuestro Artigas fue un libertario de chiripá, mujeriego y bailarín, a los 14 años o antes era un hombrecito que rumbeó para el monte y la toldería y como los charrúas no tenían nada contra el adulterio vivió la vida conforme era, sin los tabúes de la Iglesia.
    La sabiduría política para las instrucciones del año XIII, son harina de otro costal que he escrito el artículo sobre los personajes implicados pero me lo reservo hasta su oportuna publicación.
    Eso si a Artigas lo publiqué lejos de toda política partidaria y por eso tal vez algunos puntos no toqué.

  4. Darío Klein bien anotó algo así como que su artículo estaba basado en el primer tomo de Artigas ñemoñaré. Y efectivamente fue un refrito muy sintético de mi obra, lo que confirma lo del 90% que me pertenece, aunque en el caso de él fue casi el 100%. Saludos: Nelson Caula.

  5. Muy bueno el artículo, xo tengo una duda q paso con la q dicen fue la primera esposa de José Gervasio Artigas, la señora María Tadea Gadea Paredes, cuantos hijos tuvo con ella??? y realmente contrajeron nupcias?? , espero me puedan colaborar con esta duda …gracias

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