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Biblioteca, mueble obsoleto

21. marzo 2013 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ

Hace más de un año, cuando me sometieron a una severa operación, mi sobrino, me regaló un libro electrónico.

quema_280x210Lo usé poco y nada, no tanto por su contenido, sino por la falta de costumbre, claro que en la medida que lo fui revisando, fui encontrando más cosas que eran de mi gusto, porque en 5.000 libros, uno tiene necesariamente que ir encontrando, sus temas.
Estos días un amigo me hizo llegar cinco libros, que los abrí en mi IPad y ahí quedaron archivados, porque este nuevo chiche también tiene biblioteca , entre multitud de otras cosas.

Ayer me entregaron otro libro electrónico también con 5.000 libros más.
Amigos, me voy a ir de turismo, con más de 10.000 libros, algo así como la Biblioteca de Alejandría o algo más, a mi entera disposición y a la hora que se me cante sin molestar a nadie con la luz prendida.

El tamaño de la letra lo elijo yo.
La última porta libros me costó unos dos pesos por libro, sin gran consumo de energía eléctrica y sin tener que cortar árboles para hacer pasta de papel.

Eso sí, he perdido el placer de sentir el olor a tinta del libro nuevo, pero también he perdido el desagrado del el mal olor a humedad, de los libros viejos que uno compra en la feria como usados.
No firmo mis libros porque en la feria de Tristán Narvaja he encontrado libros con la firma de insignes profesores cuyos deudos los mandaron a una venta prácticamente al kilogramo.
En mi casa ganaré ocho metros de pared, desde el piso al techo, por doce estantes, cuando la ciencia pase al idioma de la informática todos los libros.

De biblioteca pasaré a usar esas dos paredes como pinacoteca, porque la parte de audio está en el living, así como los televisores grandes, como el home theatersystem.
No va a pasar mucho tiempo, sin que venga un aparatito que se adapte a la computadora y copie los libros que uno quiere y les dé formato libro y a otra cosa.

Hoy tengo programas que hacen esa tarea pero llevan su tiempo.
El tema idioma está por solucionarse a la brevedad, digo a la brevedad, sin saber nada del fondo del asunto sino, que es una presunción basada en la velocidad como vienen las cosas en estos temas que puede llegar a ser un disparate.

En mi PC tengo un escaneador, que lo paso y luego hago la traducción del y para el idioma que se me cante.
Del francés y el italiano, al español, no hay problema, hay que corregir muy poca cosa.
El que me complica más la vida y es uno de los cuales hay más material es el inglés, porque la versión que sale, parece como hacían hablar a los pieles rojas en las películas de cowboys, de antes.

Como viene la ciencia en esta materia, dentro de muy poco llegaremos, porque no nos podemos olvidar que la traducción se puede hacer a medias entre la máquina y un hispano o un anglo parlante, que lea la traducción de la máquina y le dé el toque que necesita para hacerlo más accesible, o si se quiere más potable.
Tengo una Tablet, que como soy muy madrugador, la leo a las 4 o 5 de la mañana, no molesto a nadie porque tampoco tengo que prender luces, ni sonido si no quiero o no debo.

Los artículos que me interesan los paso al PC y cuando siento los informativos radiales o veo los televisivos, tengo para mí que estoy repasando lo que ya sé, me complica un poco es el decirle por qué lo sé a la gente que no está al tanto de esto, puede sonar un poco a pedantería.
A veces se me presenta el problema de que cuando comento adelantando una noticia, me preguntan donde la sentiste, y porfío en que la leí, hasta que la misma se confirma por la impresión de una página del PC.

A la gente le preocupa más la fuente que la noticia en sí.
En el mundo de las comunicaciones vamos a toda velocidad.
Hay un programa, el Facebook, que si uno está bien conectado recibe las noticias antes que todos los demás medios, sin perjuicio de prestar otras funciones importantísimas como ser publicidad por ejemplo, como que se conozcan personas.
Descubrí un montón de parientes en Argentina, Chile y Perú por este medio.
En la Tablet hay un programa que baja las portadas de los periódicos más importantes del mundo, claro que la cabecita de uno se va entreverando y llega un momento en que el vértigo del mundo en que vivimos, nos lleva de tiro.

No somos nosotros los que ordenamos las máquinas, sino que vamos dependiendo de ellas cada vez más y me atrevo a decir, hasta cierto punto, por suerte.
Eso sí, después que nos acostumbramos, que nunca nos falten.
Los celulares caros, son baratos, de acuerdo con todo lo que nos brindan, agenta, linterna, máquina de calcular, teléfono, cámara, radio, una gran enciclopedia, un diccionario, mapas carreteros y el sistema de radar satelital, etc.etc..

Con un IPhone o un Samsung, por nombrar dos nomás, alguna persona sin interés en culturizarse puede llegar a atrofiarse con los solitarios, o con la música a full, pero también se pueden escuchar programas de primera categoría o usarlos como dato enciclopédico en una conversación.
Hace diez años los PC eran como los Ford T o A en los años 50, todavía funcionaban y servían, pero aparecieron las Masseratti y los Lamborgini, en esa época.

La persona que manda un mensaje con faltas ortográficas es porque no se respeta a sí misma, se quiere muy poco, porque el puntero del celular le está marcando los errores y con corregirlos no aparece luciendo sus limitaciones.

Muchas veces no dejo que me corrija lo que la máquina interpreta como un error, porque ella computa y no habla y puede padecer el error que trata de evitarme, adosándomelo a mí persona.
Las tildes en un altísimo porcentaje las pone el propio PC o celular.
Veo a la juventud que permanentemente está hablando o mandando mensajes de sus celulares y pienso, qué distinto hubiera sido el mundo si estas maquinitas infernales hubieran salido al mercado diez años antes.

Me iba a trabajar a Algorta, Departamento de Río Negro y mi amigo piloto, apoyaba la antena de una Spica al alambrado y me decía, tengo la mayor antena del país, dado que el efecto alambrado funcionaba como antena y por ese medio y por la radio Rural, nos enterábamos cómo estaba el clima para poder operar con mayor seguridad.
No dependemos solamente de la parte continental argentina para saber cómo estará el tiempo, porque contamos con la información de un satélite brasileño, que nos adelanta lo que pasará con la debida antelación.

Tuvieron que darle color a las distintas alertas para que haya una interpretación más rápida y cabal de la información.
Lo de los colores no es una arbitrariedad, sino que basta sentir el color para tener una sinopsis del resto.
Funciona como las agujas del reloj por sobre los relojes digitales, la imagen de las agujas se retiene mucho más fácil que unos números.

El clima del Atlántico sur lo recibíamos por información radial desde las Georgias del Sur y de las Malvinas.
Recuerdo que cuando recién había accedido a la presidencia el Presidente Luis Alberto Lacalle, que una de sus manos derechas en el Poder Legislativo era el brillante y malogrado Dr. Sturla.
En Balneario La Coronilla, había una cabina de Antel, que cerraba a las 10 de la noche y a otra cosa, si te picaba una crucera había que achatar para el Chuy a conseguir el suero y quien te lo administrara (son ocho horas por lo general entre la picadura y la muerte) el centro de intoxicaciones del Hospital de Clínicas era inaccesible a partir de esa hora, el que se envenenaba tarde no tenía mucha chance.

Un día el Presidente Lacalle tuvo que hablar en forma urgente con el Dr. Sturla y esa anécdota quedó grabada en los viejos que aún viven en el pueblo.
La hija de la señora del almacén de enfrente, gritó de ventana a ventana, calle por medio, “ChéSturla, vení que el Cuqui quiere hablar contigo”.

Parece mentira pero en ese Uruguay nos criamos y vivimos.
Gracias a la Spica que recién nombré, el discutido Benito Nardone, que se hacía el paisano para entrarle a la gente humilde, empezaba al mediodía su audición con el Pericón Nacional, y hablaba para la gente de campo, los cuales en el rancho o en el tractor, podían escuchar un mensaje político dirigido a ellos.
Como vemos la demagogia del haiga no es de ahora.
Para llamar a Montevideo, había con mucha suerte un par de horas, cuando hoy con el celular y si hay alcance, digitamos y ya está y si no hay alcance nos subimos a un cerrito o a una duna y queda solucionado.

La otra semana estaba en Rivera y el celular me tenía calentito, porque los que venden el servicio, saben que estamos en zona de frontera y si hablamos de lado de allá la llamada es internacional y se hablamos del lado de acá es nacional.
Sin complicarse mucho la vida, pueden encontrar a un prófugo por esa inocente tarjetita que tiene adentro del celular.
Pienso si, tal vez, ese tipo de aparato que nos da tanta libertad de movimiento, no está atentando contra nuestra privacidad.

Que todo sea para bien…

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Un comentario
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  1. Nada tiene tanta verdad como este articulo. Pero vivmos en este siglo y lo escrito sobre tinta ya se termina para escribir sobre una pantalla…

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