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Me encanta un buen café express

13. agosto 2018 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ
Ayer de mañana me encontré con un dueño de los cafés más antiguos y destacados que iban quedando en Montevideo, a la salida de un gran supermercado con el carrito y algunos artículos.

Le digo “Manolo ya los mozos no te hacen más caso y tienes tú que venirte a hacer las compras” y él me dice con un dejo de melancolía, “Lo vendí porque ya no daba más, ni como negocio, tenía que subir los precios y ahí se fue parte de la vida de mi viejo, la mía y la de mi hijo, compraré otro chico y lo armaré de nuevo en otro barrio”.

Estoy hablando de un café restaurante de los grandes, que arrancaba bien temprano en la mañana y cerraba pasada la medianoche.
“Al café, café, café”, voceaban en el estadio y en las canchas de fútbol o de otros deportes, los vendedores de café, en aquel entonces Sorocabana, hoy ya no existen más, por lo menos en Montevideo, en el interior tal vez quede alguno, con los mismos muebles y butacas pero fuera de aquella gran empresa.
Recuerdo el tacho que tenía una manija larga que lo rodeaba y a veces se enganchaba en la ropa de alguno y le mandaban un chorro abundante de café en la ropa, del lío que se armaba después mejor ni hablamos.

El café además del ritual de su consumo fomenta, el hacer tiempo, amigos, una cita galante, cerrar un negocio y otras costumbres mundanas.
Tiene un fuerte contenido social, por la mañana el ir al café antes de entrar a trabajar arreglaba muchas cosas, claro que eran cafés cafés, no esos lugares multipropósito con olores a frituras varias, fast food que le dicen, los finos culturosos, los de antes un saltimboca y los comunes comidas rápidas.

Un lugar donde haya solamente olor a café express, donde se comparten alegrías y penas con amigos y los conocidos que con el tiempo cambian de categoría y se transforman en amigos.
Las alegrías compartidas se multiplican y las penas compartidas se dividen, eso se lo sentí una vez a un cura y me pareció lógico y eso que fue en una misa de difunto.

En el café un amigo trae a otro y la rueda se va agrandando y al igual que la rueda el sentido de amistad va aumentando en número de personas, aclaremos que no es magia, el que es fulero, va a ser fulero en el café o en el ómnibus o en una fiesta.
Al arrancar para el café uno sabe que el mozo, garçon como le llaman en otros lares, nos arrimará el periódico y con el tiempo, el buen mozo sabrá que diario uno prefiere y provisoriamente mientras se desocupa el preferido traerá otro que no es de nuestro paladar.
Como excepción se puede acompañar el café con un par de pan con grasa, el croissant ya es otra cosa distinta, para el café ese bizcocho (factura que le dicen los argentinos) pequeño, macizo, seco lo acompaña perfectamente bien.
Con el periódico uno sale informado a la batalla cotidiana del trabajo, ahora no se publican ni los avisos fúnebres, aquellos para ir a cumplir con los deudos del finado, claro que los velorios ahora son un par de horas y los llevan al campo de los ñatos a toda velocidad.

Otra especie en vías de extinción es el lustrabotas que puede ser un muchacho chico o un veterano jubilado que hace los pesos necesarios para terminar el mes, en un café que ya cerró por impopular vi al dueño no permitirle entrar a un señor de edad a lustrar zapatos con su cajoncito y su banco.
De apuntar quiniela los viejos ya marcharon también, porque ahora lo hacen con una computadora en línea en locales especializados en cobranzas y esos menesteres o con máquinas portátiles que las he visto en las playas, levantando quiniela en las sombrillas.

En el Montevideo de hace veinte años o más, en cada esquina había por lo menos un café y también por qué no hasta cuatro.
Hoy se puede venir caminando desde la plaza Independencia hasta la plaza de los Treinta y tres y no encontrar más de cinco o seis cafés, claro que los multifuncionales con comidas.
Antes cuando se acostumbraba mandar la vuelta, se arreglaba con poca plata, hoy una vuelta de café express común, no el italiano, para cuatro o cinco personas cuesta un montón de pesos, si los tiene, que el común de la gente los necesita para llegar a fin de mes.

Para convidar una vuelta habría que hacer una operación en la Caja Nacional.
Los Sorocabanas, antros de reunión de intelectuales pelados, si sin un mango, garroneaban un café y filosofaban toda la tarde hasta la noche, cerraron todos, un atentado a la cultura nacional.

El tema fue demasiada filosofía y pocos mangos para el dueño de la empresa.
Café, café, café, la palabra resonó y resuena en mi mente nada más que al oír la campanilla del despertador o la vibración del celular.
Somos muchos los que no podemos arrancar el día sin una buena taza de esta bebida, negra, olorosa, humeante, con esa espuma compacta que ha conseguido posicionarse como la segunda más consumida en el mundo por detrás del agua.
Por supuesto no es mi caso de ahora, pero antes eran dos litros por día, ahora puedo llegar a cuatro express livianos en un rato, una horita, una horita y media.
Le han hecho una histórica mala reputación.

Durante muchos años se ha advertido de que su consumo puede ser perjudicial para nuestra salud.
Eran otros tiempos, hoy las cosas han cambiado.
Estudios recientes presentan un panorama mucho más alentador para los amantes del café.
Cada vez son más las investigaciones que lo dotan de efectos beneficiosos, bueno tampoco la pavada si ahora hasta parece buena la marihuana, según algunos, no todos.

Algunos médicos sugieren que para mejorar nuestra salud debemos centrarnos en otros elementos, como dejar la actividad sedentaria, no fumar o comer más productos integrales.
Claro que es una lucha de titanes tomarse un buen cimbalino sin acompañarlo con un cigarrillo, claro que ahora está prohibido en los lugares públicos.
El último hallazgo, realizado por investigadores del U.K., informan que el café no deshidrata.
Cuatro tazas diarias aportan los mismos líquidos que su equivalente en agua.
Además, su llamado efecto diurético solo se produce cuando se toman dosis altas de cafeína.

Un consumo moderado no tiene consecuencias al respecto.
El café goza de otras cualidades que, además de sabrosa, la convierten en saludable.
Eso, siempre que se tome con moderación y sin demasiados agregados, azúcares, leche, cognac.
Beber café a diario reduce en un 10% las posibilidades de sufrir depresión.
La razón es que la cafeína favorece la liberación de varios neurotransmisores, entre ellos la dopamina y la serotonina, encargadas de regular el estado de ánimo.
No pasa igual con otras bebidas con cafeína.

Los refrescos tienen el efecto contrario.
En mi caso no lo he notado porque también soy adicto a ellos, pero noto en los niños chicos que quedan acelerados a fondo con un poco de bebidas cola.
Al eliminar el riesgo de sufrir depresión, también disminuye las tendencias suicidas.
Beber de dos a cuatro tazas de café al día reduce el riesgo en un 50%, según un estudio de una Escuela de Medicina estadounidense.
Claro, que aquí es importante la moderación: otro estudio realizado en Finlandia añade que beber ocho o nueve tazas al día aumenta el riesgo de suicidio.
La cafeína aumenta la cantidad de ácidos grasos que circulan en el torrente sanguíneo, lo que permite a las personas correr o pedalear más tiempo, ya que sus músculos pueden absorber y quemar esa grasa como combustible y ahorrar carbohidratos para más tarde, explica un deportólogo.

En los controles antidopaje realizados entre 2004 y 2008 se encontraron restos de cafeína en más de dos tercios de los atletas olímpicos analizados.
Según investigadores europeos existe una fórmula para calcular cuál es la dosis perfecta de cafeína para mejorar el rendimiento: así habría que consumir seis miligramos por cada kilo de peso.
Para ello habría que tener en cuenta que una taza cuenta con alrededor de 100 mg.

El café mejora el rendimiento y también la recuperación postdeporte que muchas veces desanima a la hora de practicarlo.
Un equipo de investigadores concluyó que las dosis moderadas de cafeína, aproximadamente equivalente a dos tazas de café, mejora la recuperación del glucógeno muscular y reduce el dolor de músculos hasta en un 48%.
De esta forma los atletas se recuperan más fácilmente y mejoran su rendimiento de cara al siguiente entrenamiento.
No es la solución definitiva para la lucha contra los kilos de más, pero sí es cierto que tiene ciertos beneficios.

El café aporta muy pocas calorías (2 por cada taza), genera sensación de saciedad y tiene un leve efecto lipolítico.
Esto significa que tomar café por la mañana facilita que el organismo consuma grasas acumuladas.
Más beneficioso incluso es el café sin tostar ni glasear ya que modifica la forma en la que el cuerpo procesa los alimentos.
El café tiene una sustancia que evita que el cuerpo absorba todas las calorías que recibe de los carbohidratos y grasas.
Los efectos de la cafeína sobre el cerebro son muy evidentes: mejora el estado de ánimo y también la memoria, el tiempo de reacción y la función cognitiva general.
En concreto, tomar de tres a cuatro tazas al día ayuda a activar y elevar la capacidad de alerta, además de permitir que se mantenga la concentración durante más tiempo.

El café ayuda a memorizar imágenes impulsando la capacidad de recordar los detalles más sutiles, lo que permite distinguir dos escenas muy parecidas.
El café ayuda a mantener la mente aguda durante más años y retarda la aparición de la enfermedad neurodegenerativa.
De hecho, sus consumidores tienen un 60% menos de probabilidades de padecer Alzheimer.

Según un neurocientífico de la Universidad del Sur de Florida, la cafeína “inhibe la producción de beta amiloide”, una proteína que se acumula en el cerebro de personas con esta enfermedad y que, con los años, resulta más difícil metabolizar.
Además, reduce el riesgo de sufrir Parkinson entre un 32 y un 60% debido al papel neuroprotector de la cafeína.
La moderación es clave en los asuntos del corazón.
El café tiene un efecto cardioprotector cuando se consume en pequeñas cantidades.
Así, tomar de dos a cuatro tazas diarias de café disminuye el riesgo de sufrir insuficiencia cardíaca.

El abuso no es tan bueno: cuando la dosis del café aumenta, más de seis tazas, se pierden estas propiedades e incluso aumentan las probabilidades de desarrollar problemas graves de corazón.
Haz lo que predico y no lo que practico
Yo hasta los 60 años tomé religiosamente dos litros de café y cuatro cajas de cigarrillos convidando por día.

Vio amigo, que en la vida no todo son contras… y yo sigo vivo con algunas nanas llevaderas… que todo sea para bien…

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2 comentarios
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  1. Los cafes tipo bar estan cerrando en todos lados fijate que te vas a desayunar al mcdonal y te sirven cafe a cada rato de gratis por eso cerraon tantos bares.

  2. Ya no hay cafeterías y ya no esta el olorcito ni el ruidito de la maquina espres ni tampoco el cafecito con el cenicero con el cigarrillo humeante y los corazanes junto a la lectura del diario por las mañanas para arrancar el día.
    Ahora con las franquicias vienen con wifi para que vayas con tu tablet, te leas las noticias mientras te embuchas algunas donas acompañada de un jugo de paraguas que dicen que es café. Todo en 5 min o menos.

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