CIENCIAPORTADA

La trampa de la captura de pantalla del celular

Una imagen de pantalla puede parecer una prueba irrefutable, pero la inteligencia artificial facilita falsificaciones cada vez más convincentes.

Las capturas de pantalla se convirtieron en una herramienta cotidiana para demostrar pagos, reservas, conversaciones y operaciones digitales. Sin embargo, aquello que parece una evidencia objetiva puede ser apenas una imagen cuidadosamente manipulada. La expansión de la inteligencia artificial generativa y de las herramientas de edición redujo todavía más la dificultad para fabricar pruebas digitales convincentes.

Desde ESET (Empresa experta en ciberseguridad y anti-virus), advierten que una captura solo muestra lo que apareció en una pantalla, pero no demuestra quién la generó ni confirma que detrás de esa imagen exista realmente una operación. Puede estar recortada, editada o creada desde cero. Por eso, confiar exclusivamente en ella puede abrir la puerta a fraudes financieros, robo de cuentas y conflictos comerciales.

Una imagen no demuestra nada

Uno de los escenarios más frecuentes aparece en los marketplaces. Un supuesto comprador envía una captura que muestra una transferencia bancaria exitosa y el vendedor, confiando en la imagen, entrega el producto. El dinero nunca llega.

La misma estrategia puede utilizarse para exigir pagos adicionales, simular reembolsos o fabricar reservas de vuelos y hoteles. En las estafas sentimentales, incluso pueden aparecer falsas facturas médicas, visas o pasajes destinados a convencer a la víctima de enviar dinero.

Las criptomonedas tampoco escapan. En grupos de inversión, los delincuentes pueden exhibir capturas con supuestas ganancias extraordinarias para generar confianza y atraer nuevos participantes. Algo similar ocurre en sitios fraudulentos de comercio electrónico, donde las falsas reseñas funcionan como una fachada de legitimidad.

Otro riesgo especialmente delicado aparece cuando alguien solicita una captura de un código de recuperación de contraseña. Compartir esa imagen puede entregar al atacante la información necesaria para tomar el control de una cuenta.

La única prueba es verificar

Para las empresas, el problema puede ser todavía más costoso. Una captura falsa puede provocar reembolsos indebidos, reemplazos de productos, contracargos o investigaciones internas. También puede utilizarse para simular autorizaciones de directivos o justificar pagos urgentes y filtraciones de información sensible.

La recomendación es sencilla, aunque exige cambiar hábitos: una captura debe ser un indicio, nunca la confirmación definitiva.

Los pagos deben verificarse directamente en la cuenta bancaria o plataforma correspondiente. Las reservas, facturas y devoluciones deben confirmarse con la organización que supuestamente las emitió. En disputas, conviene recurrir a números de operación, correos originales, registros de sistemas y otras fuentes verificables.

Las empresas, además, deberían fortalecer sus mecanismos internos y conectar sus procesos con las fuentes originales mediante sistemas automatizados o API cuando sea posible. Capacitar al personal también resulta fundamental para evitar decisiones irreversibles basadas en una simple imagen.

La advertencia de ESET apunta a un problema que irá en aumento: cuanto más realista sea una falsificación, menos valor tendrá la apariencia como garantía de autenticidad. Una captura puede mostrar dónde comenzar a investigar. La verdadera prueba debe estar en el sistema que generó la información y que el estafador no puede controlar.

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