Ormuz bajo disputa: ¿Quién tiene el control?
Irán y Estados Unidos se atribuyen el control de una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta.
La disputa por el estrecho de Ormuz volvió a convertirse en uno de los principales focos de tensión en Oriente Medio. Mientras Washington asegura tener el control de esta estratégica vía marítima, Teherán sostiene exactamente lo contrario y reivindica su capacidad para gestionar el paso.
El enfrentamiento verbal refleja algo más profundo que una simple contradicción entre gobiernos: el estrecho se ha convertido en un escenario de presión militar, económica y geopolítica, con consecuencias políticas y económicas, las cuales podrían extenderse mucho más allá de la región.
Dos versiones sobre un mismo estrecho
Por una parte, el jueves 13 de agosto, Hosein Taeb (jefe de la fuerza paramilitar Basij), afirmó en la televisión estatal iraní que el estrecho de Ormuz permanece bajo control de la República Islámica. Según el funcionario, Irán continúa sus operaciones con seguridad y mantiene la capacidad de gestionar la estratégica vía marítima.
La declaración respondió directamente a Donald Trump, quien había asegurado que Estados Unidos ejerce un «control total» sobre el estrecho.
Por otra parte, el presidente estadounidense sostuvo que las fuerzas de su país mantienen bajo dominio la ruta y defendió el bloqueo naval aplicado contra Irán. En su plataforma Truth Social, Trump calificó ese dispositivo como un «muro de acero» y afirmó que Teherán no tiene capacidad para revertir la situación.
La contradicción entre ambas declaraciones revela hasta qué punto Ormuz se ha convertido también en un instrumento de propaganda y demostración de poder. Para Washington, admitir el control iraní significaría reconocer una importante limitación estratégica. Para Teherán, aceptar la versión estadounidense implicaría ceder simbólicamente uno de sus principales mecanismos de presión.
El precio de una disputa global
El estrecho de Ormuz es una arteria fundamental para el comercio energético internacional. Cualquier interrupción prolongada puede afectar el suministro de petróleo y provocar aumentos de precios, alteraciones en los mercados y nuevas presiones sobre economías dependientes de los hidrocarburos.
Según el escenario planteado en el conflicto iniciado el 28 de febrero con los bombardeos estadounidenses e israelíes contra Irán, el bloqueo de facto impuesto sobre el estrecho ya provocó fuertes repercusiones económicas y una marcada volatilidad en el precio del petróleo.
Más allá de quién consiga imponer su versión sobre el «control total», la realidad es que Ormuz se ha transformado en una pieza central de la confrontación entre Irán y Estados Unidos. Y cuando una ruta estratégica para la economía mundial queda atrapada en una disputa militar, el problema deja de ser exclusivamente regional.
El verdadero riesgo no está solamente en quién controla el estrecho, sino en cuánto tiempo puede mantenerse cerrada o restringida una vía de la que depende buena parte del equilibrio energético mundial.

