MODAS

Olympia rompe el protocolo

La princesa griega convirtió la Semana de la Moda de París en otro escenario para exhibir una imagen alejada de la tradición royal.

La princesa Olympia de Grecia volvió a demostrar que la moda es mucho más que una cuestión de vestuario. Durante la Semana de la Moda de París, la integrante de la familia real griega se convirtió nuevamente en una de las figuras más observadas, no tanto por su condición de princesa como por una imagen cuidadosamente construida alrededor de la audacia, el lujo y las tendencias contemporáneas.

El sábado 3 de octubre, Olympia, de 30 años, asistió a la gala BoF 500 de The Business of Fashion, encuentro que reúne a algunas de las personalidades más influyentes de la industria. Para la ocasión eligió un ajustado vestido negro, con la espalda descubierta y una pronunciada abertura lateral que reforzó visualmente la longitud de sus piernas. Los tacones negros y su melena rubia platinada completaron una propuesta deliberadamente sofisticada y provocadora.

Una princesa fuera del molde

Olympia ha convertido los escotes pronunciados, las minifaldas y las siluetas ceñidas en parte de su lenguaje personal. En lugar de recurrir a la estética más conservadora que suele acompañar a las figuras de la realeza, apuesta por una imagen próxima a la de una celebridad de la moda.

Esa transformación no parece casual. Cada aparición pública funciona también como una declaración de identidad. La princesa entiende que, en una industria donde la imagen es parte del mensaje, vestirse diferente puede ser una forma de ocupar un espacio propio.

Durante esta misma Semana de la Moda, Olympia asistió al desfile de Isabel Marant para la colección Womenswear Spring/Summer 2027. Allí llevó un minivestido color marfil, decorado con bordados florales verdes y naranjas, acompañado por su característica melena rubia platinada y un maquillaje discreto, con labios rojos como único acento.

Pero París no fue su único escenario reciente. En septiembre, la hija del príncipe heredero Pavlos participó en New York Fashion Week y desfiló para Conner Ives con un vestido lila de espalda descubierta. Ya no era simplemente una invitada observando las tendencias desde el front row: esta vez formaba parte del espectáculo.

Del linaje al lujo

La relación de Olympia con la moda comenzó mucho antes de sus apariciones en las grandes pasarelas. En una entrevista con Harper’s Bazaar, recordó que a los 10 años su abuela le prestó un pequeño bolso Louis Vuitton para asistir a una cena familiar. Aquella experiencia, aparentemente trivial, terminó convirtiéndose en una temprana fascinación por los accesorios de lujo.

La propia princesa reconoce hoy su pasión por los bolsos y admite, con cierta ironía, que ni siquiera sabe cuántos posee.

Su historia resume también una transformación más amplia de la realeza contemporánea. Los títulos y los apellidos todavía generan atención, pero ya no garantizan protagonismo. En el universo de las redes sociales y las grandes marcas, las figuras reales compiten por visibilidad con modelos, actrices, influencers y diseñadores.

Olympia parece haber entendido esa nueva lógica. Su desafío ya no consiste solamente en representar a una familia real, sino en construir una identidad reconocible por sí misma. Y en París, entre flashes, vestidos de alta costura y primeras filas, esa princesa parece decidida a hacerlo sin pedir permiso al viejo protocolo.

Diego Revuelta

Crítico de cine

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