Abuelo permisivo

Sobre cómo debemos ser con nuestros nietos, hay muchos teóricos, muchos sicólogos y muchos directores de orquesta que nunca vieron un instrumento, en una palabra son como los curas que nos dicen cómo debemos tratar a nuestra mujer y ellos nunca convivieron con una, salvo cuando niños la madre o una hermana.

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Sobre el cura vamos a no profundizar, ni siquiera entrar, porque podemos tener un lío de órdago con alguna solterona fanática de la curia.

El que lo dude que saque una película española “La lengua de las mariposas” en la que los de la madre patria demuestran que saben bien del tema en carne propia.

Me acuerdo de mi vieja, hija de gallegos, que cuando nosotros éramos chicos, era dura y nos hacía caminar derechitos, claro atendía la casa, lavaba la ropa con la tabla acanalada sobre el latón de latón, no un lebrillo de plástico, no existía la Enxuta, ni por las tapas, pero también planchaba, cocinaba, nos controlaba los deberes, era la época de desayuno, almuerzo, merienda y cena y el lavado de platos y cubiertos se lo jugaban al ajedrez mis hermanos mayores.

Como le sobraban energías a bocha tenía cuarenta y cinco canarios, un cardenal hembra que le cantaba al alpiste, una cotorra que se autodenominaba Pepy y diariamente subía la escalera de hierro de escalones filosos por el desgaste, hasta el altillo y del altillo a la azotea con una de mano, llevando un balde de latón, claro está porque no existían los de plástico, para regar las latas de aceite de dos litros que abiertas de arriba por el viejo con un cortafierros y un martillo, funcionaban como macetas y tenía sus plantas y sus claveles, todos ellos al lado del pretil.

También había un jaulón donde engordaba alguna gallina, que difunteaba el lechero y terminaba en la olla.

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