Algo un poco en serio

Me encanta hablar en solfa y a veces la emboco y otras no, porque el sentido del humor de unos no es igual que el de otros, todo lo cual haría un mundo nada divertido, porque todos tocaríamos la misma música.

Estaba leyendo un libro que heredé de una novia (como se les decía en aquellos tiempos) de un hermano mío, fallecido hace muchos años, allá por los noventa y poco, que me llevaba una tropa de años, porque yo soy el descuido de la vejez o la quinta nena que no tuvieron y buscaban los viejos y por eso mi viejo vituperó a la partera, Aída, cuando le dijo, abriendo la puerta del dormitorio “varón Mario” y el viejo le dijo “por qué no te vas a la….” y trascartón la Chicha, la perra, marca Oxibithué fino, la mordió porque sintió mi llanto post palmada, de ahí debe venir mi afinidad con el elemento perruno.

Claro que el viejo la vituperó mal a la partera, si ella no tenía convenio con la cigüeña, pero no se sabía lo de las XX y las YY y que el sexo lo determinaba el hombre.

Volviendo al libro de humor muy buena encuadernación, según la tapa 1964-1965 y en la contratapa la firma de la hoy finada novia, que estuvo en ese menester, de novia, no de leer el libro, 30 años y mi brother no se casó, con la letra que no había terminado el divorcio de la anterior, la cual al día de la fecha sigue siendo viuda de mi hermano y la única cuñada que tengo.

Está mi sobrino que no me deja mentir, empezó la cosa por los años 60 y terminó con la muerte de él.

Tan es así que mi sobrino se llevaba mucho mejor con la novia de mi hermano que con la madre que lo trajo al mundo.

El velatorio de mi vieja fue también complicado, porque mi hermano en ese entonces tenía cuatro novias, si señor no hay error cuatro eran y mi sobrino no me deja mentir, eso fue por el año 84, si, del siglo pasado, aclaremos porque muchos de los nacidos en este siglo ya leen.

Estábamos los tres hermanos y mi sobrino era chico, pero bien entrenado y las conversábamos en lo de Forestier, por separado, para evitar que se juntaran, se relincharan y la cosa se pusiera espesa, pero como no se conocían entre ellas no había problema visual, pero un par de mujeres hablando pueden empezar con el estado del tiempo o podían arrancar con las recetas en la época en que las mujeres cocinaban en la casa y no en la rotisería del supermercado y terminar hablando del galán y nuestro apellido no se presta para homonimias, ni nada que se le parezca, y de ahí a tener una bronca en el velorio de nuestra santa madre, no era lo que las normas elementales de conducta civilizada estilaban.

Tuve un compañero de estudios, que tenía como “amigas” a dos compañeras de facultad, bah seamos claros, tenía amores con las dos, si señor, con las dos al mismo tiempo, pero como dios no quiere cosas chanchas y evita errores o confusiones, las dos tenían el nombre de pila igual, bah de pila no sé, digo el de los documentos, porque el de pila viene a ser el de la pila bautismal y no sé si eran bautizadas o no.

Tuvo un hijo ilegítimo con una, y a los 15 días, otro hijo ilegítimo con la otra, pongo hijo ilegítimo, porque el término natural es anacrónico, todos son naturales, no conozco ningún hijo artificial, como lo fue la oveja Dolly, nacida de la clonación de células no reproductoras, si se lo que es el alquiler de vientres, la inseminación artificial, pero los hijos son todos naturales, legítimos e ilegítimos.

Pero este individuo, como lo definió una profesora de facultad, muy gráficamente, debía emanar olor a padrillo y las mujeres al olfatear el aire entraban en celo, y tenía total razón la querida profesora María Celia, Chelita para nosotros, la que ya no está más de este lado de la superficie, pero ello no le quita nuestro recuerdo como una gran docente, una excelente profesional y era una crack en el trato profesor-alumno, porque además era maestra de escuela y dominaba la pedagogía que le falta a muchos profesores universitarios.

Pero volvió a emanar olor a macho cerril y vuelta otra vez, se dio la no casualidad, sino la causalidad y volvió a tener familia una de las compañeras y a los 15 días parió la otra.

Pero como era muy conservador a las dos primeras nenas les puso María X (esta letra cumple la doble función de incognita e inicial), a ambas, no a una sola, a las dos les puso los mismos nombres, con 15 días de diferencia.
Pero como era consecuente con sus rutinas a los varones les puso el mismo nombre, si señor, pero no recuerdo el nombre de ellos, como recuerdo el de las niñas.

Tal vez lo de los nombres de las mujeres lo hiciera para no confundirse en una noche de amor y errarle con el nombre, pero si se llamaban igual, no habría problema salvo que metiera un nombre de una tercera y ahí se podría armar flor de lío, aunque él tenía bien dominada la situación.

Con los gurises también, cosa que si no querían tomar la sopa no les erraba con el nombre y si pifiaban un penal jugando al fútbol, podría gritarle todo lo que quisiera sin errarle al nombre del destinatario.

Pensar que Ud. amigo que está leyendo esto piensa, y perdón la duda y la palabra que voy a poner, que es una joda mía, no señor no voy a jugar con el velorio de mi vieja, ni con las aptitudes de mi querido compañero, sino que todo es una joda del propio padrillo y coincidencias de las respectivas damas en las ovulaciones y todo lo que Ud. quiera y piense, porque en definitiva las que coincidían eran ellas en los gustos del hombre y en los períodos genésicos y agenésicos.

Y tan era así el hombre que una vez pensó que otro compañero le estaba trillando una de las damas y lo agarró a las trompadas en un bar, que casi le hace un desparramo total de sándwiches al bolichero.

Un compañero dijo, meditando, como quien piensa en voz alta, pero si este estuviera lejos de los centros poblados con seguridad tendría una tribu de gurisitos con su mismo ADN.

Lo que es la cuestión de amores, tan es así que una vuelta en un hotel del interior en que estábamos todos, pusieron a las dos damas en la misma pieza y a una prima del padrillo, que cuando vio las que le habían tocado de compañeras de pieza, quería cambiarse para no ser una trinchera en la primera guerra mundial, y hete aquí que las mujeres se hablaban entre sí y se preguntaban cómo está tu María X y la otra le respondía que muy bien y le preguntaba por la otra María X, ante lo cual la prima, en vez de ser la tercera en discordia estaba algo así como en familia con las compañeras del primo.

A qué venía todo esto, ah… al libro de humor que rescaté de mi biblioteca de la novia de mi hermano, que lo heredé por abandono y veo las humoradas de los 64 y 65 y son para leérselas a mis nietos chiquitos, porque no hacen reír ni a un gurí de teta, y esto de la vida real si no fuera tan cierto sería para morirse de risa y decir que imaginación tiene este escritor.

Aunque les voy a contar que empecé a escribir este artículo un poco malhumorado, paradójicamente estoy escribiendo sobre humor con malhumor y no estoy jugando con las palabras, pero en el número anterior el compañero Lorenzo Olivera, se mandó un sesudo e importante trabajo sobre el bicho ese que transmite entre otros el aedes aegipti y a nadie se le ocurrió preguntar o comentar nada sobre el tema.

A nadie le corrió por la cabeza que estamos en una zona donde en cualquier momento, con las comunicaciones actuales cae un apestado de otro país con el dengue, o el zika o la otra cascarria y anunciaron que también se puede transmitir sexualmente esa peste nueva por la que los gurises nacen microcéfalos.

Nadie se planteó si conviene fumigar, o dormir con mosquitero, nada y yo estaba estudiando que en la China de Mao Tse Tung como se escribía antes, Mao Sedong como se escribe ahora, el líder del pueblo chino para que las cosechas de cereales rindieran más resolvió que todo el pueblo chino, al unísono batiendo palmas o lo que tuvieran a mano e hiciera ruido, espantaran durante más de 10 o 15 minutos a los gorriones, los que caerían muertos por fallarles el corazón por tal esfuerzo.
Asimismo los campesinos se encargarían de romper los huevos en los nidos y los polluelos morirían de hambre por haber muerto sus padres.

Todo perfectamente calculado y casi extinguieron la totalidad de los gorriones y muy contentos por su existo, se les enfriaron los pies, cuando al poco tiempo empezaron las plagas de langosta a hacer pasto de sus bocas las cosechas enteras.

Lógicamente habían casi exterminado el enemigo natural de la langosta y otros insectos depredadores de las cosechas y se pasaron muchos pero muchos años hasta que los chinos contaran nuevamente con su aliado anti plagas naturales.

Acá han ofertado fumigar para terminar con el aedes aegipti y otros insectos, pero los que proponen eso lo que pretenden vender es agrotóxicos y horas de avión, cuando los mosquitos se pueden combatir con sus enemigos naturales que son los peces criollos en los tajamares y en los estanques caseros con algunas castañetas o las clásicas madrecitas terminarían con el tema o un chorro de aceite o kerosene en el agua, mataría por asfixia a las larvas de mosquitos y no matarían a los enemigos naturales de los mosquitos que con los gorriones y otros pájaros.

Espero que alguien piense y no cometan el error de Mao.

De quien aprendí mucho de esto fue del Ing. Agr. César del Castillo Lussich y veterano sabio en lo suyo y en la vida también.

Recuerdo dos cosas de él en la dictadura, cuando las elecciones en Estados Unidos embanderó su casa en el Arboretum de Lussich, y a todo el que le preguntara le decía que como acá no se podía votar nada, el votaba de ojito a Carter en los EE.UU.

Y la otra fue cuando murió Mao, que se presentó al diario El Día con un aviso necrológico que palabras más palabras menos participaba la muerte de uno de los más grandes estadistas del siglo XX.

No se lo quisieron publicar porque estaban todavía machucados con el aquellas líneas que le habían intercalado en avisos económicos que decía “Milicos P…. se venden barato” y había otro referente a la venta de “La Vadora” que coincidía con el apellido de un prohombre de la dictadura.

Fue al diario El País y por amistad y algún parentesco lejano con Cochile Scheck (así lo llamaba él a don Carlos Scheck) logró que le publicaran el aviso de marras, claro que la situación de El País era menos comprometida que la de El Día, pero el querido Ingeniero del Castillo se salió con la suya.

Los mandamás de la dictadura estuvieron reunidos unas cuantas veces para resolver si lo guardaban al profesor de Forestación o si no lo guardaban.

Al final se hicieron los distraídos porque iba a ser más el ruido que las nueces que podrían cosechar.

Amigos esperemos que el aedes siga picando a gente sana y no tener una peste desconocida en este estupendo país y espero que todo sea para bien…

Un comentario en «Algo un poco en serio»

  • el 5 febrero 2016 a las 11:25
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    jajajajajaja me causo gracia lo de querer publicar en plena dictadura “Milicos P…. se venden barato” en el diario el día que no existe mas. Esas public se parecen a las que se hace hoy con los memes en las redes sociales..

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