El ayer frente al hoy

Los que nacimos antes del 50, éramos unos privilegiados, pues nacimos antes que el celular y hablábamos personalmente con la gente en las reuniones. No hacíamos el solitarios mirando hacia abajo, el televisor no existía en nuestro país a fines de la década.

Vi un partido de fútbol en Buenos Aires, en el edificio de la compañía Philips, en transmisión totalmente nevada por las interferencias y descargas y nos enterábamos de los goles, cuando el locutor gritaba, y era promocionando la venta de equipos; no existía la penicilina y la gonorrea y blenorragia la curaban con un irrigador que inundaba la vejiga con líquido con un potente desinfectante.

Y mientras salía el líquido le metían como un paragüitas chico que se abría al salir, abriéndose unos alambres finitos que raspaban la infección la zona infectada (léase orificio de salida del miembro que sangraba para que curara, lo vi hacer siendo un muchacho a un conocido propietario de una empresa de transportes y me acuerdo como su fuera ahora, impresionado por una lección inesperada de lo que debía cuidarme por tal riesgo; no existía la vacuna anti poliomielitis del Dr. Salk, en plena epidemia, la gente no iba a las playas por miedo al contagio y el comienzo de las clases una vez fue a principios de mayo, siendo un niño los pasaba fenómeno en la playa por ser casi el único y la duración de las vacaciones; las comidas eran naturales y en las casas donde no se cocinaba traían la vianda de una señora del barrio, que mandaba el chiquilín con un armazón de aluminio que calzaba los platos del mismo metal; los aviones eran impulsados por hélices y del puerto de Montevideo salía un hidroavión cuatrimotor, que al despegar de las tranquilas aguas de la bahía le pasaba cerquita a los barcos que estaban en la misma, cuando volvía de Buenos Aires, acuatizaba pareciendo que se hundía, levantaba olas de agua; las fotocopias no existían salvo que se hicieran en una fotografía con máquina especial y papel sensible; los plásticos eran excepcionales y los teléfonos eran de baquelita y servían exclusivamente para hablar, las fotografías se sacaban con una máquina a tal efecto; los videos no existían, si existían máquinas filmadoras sobre una cinta de celuloide que se usaba una vez y se mandaba a revelar; los lentes venía invariablemente en un armazón, los lentes de contacto ni de nombre, los cierres de cremallera y de velcro, tal vez en otra parte del mundo los primeros, pero los segundos en los abrojos para inspirar a su creador que todavía no había aparecido, la bragueta se cerraba con botones, al igual que el chaleco, y un amigo que tenía la costumbre de abrochar y desabrochar los botones del chaleco y un día, en visita de novio en sofá, le apareció el eventual futuro suegro a saludarlo y él había abrochado un botón del chaleco con el ojal de la bragueta, cuando se fue a levantar para darle la mano al hombre que por tal hecho no llegó a ser su padre político quedó doblado sin poderse enderezar y explicar claramente el porqué de tal situación, no siendo muy valedero en aquel entonces el argumento de que son cosas que pasan; no existía la píldora anticonceptiva y menos la del día después, ni el diu, ni pensar en un mata espermatozoides interno o algo similar.

Somos previos a los satélites de comunicaciones y al radar y las conversaciones venían por cables de cobre, ya sea por sobre o bajo la tierra o bajo el agua y en el interior era con alambre catorce; el fiado era acorde con la propia cara del cliente, con el dinero del comerciante y estando rigurosamente al día, con una libreta que llevaba el cliente y una lista que llevaba el carnicero, almacenero o similares y las únicas tarjetas que existían eran las de visitas, para responder un duelo, o las que acompañaban un regalo y ni pensar que algún día pudieran existir las tarjetas de crédito, ni empresas que dieran fiado, y lo más parecido era el monte piedad del Banco República donde la gente llevaba cosas de valor y les daban un porcentaje del valor de tasación y el que no pagaba en tiempo y forma, le remataban el bien dejado en prenda; el antepasado del procesador de textos era la máquina de escribir con varios papeles carbónicos que daban hasta para seis copias, si el papel era fino y el dactilógrafo pegaba fuerte; las operaciones aritméticas elementales en las máquinas de sumar que eran a tracción a sangre, con teclado decimal o las más modernas con teclado para los diez números más una tecla para sumar y otra para restar; no existían las computadoras, los misiles y el bolígrafo, que era un invento de un argentino Biro, que se vendió en Montevideo en 1954, a la Parker, y cuando venció el plazo de los royalties, empezaron las baratas, con el nombre popular de birome.

Somos anteriores a las medias-can can o panty medias, a los lava vajillas, a los microondas que fueron descubiertos, no inventados, por un hombre que estaba trabajando con una especie de rayo láser o ultravioleta, y sin querer apunto hacia un saco suyo que estaba en el perchero y en el bolsillo tenía maíces, los cuales se transformaron instantáneamente en pop; ni los secarropas, las bolsas eran de agua caliente y no eléctricas, los acondicionadores de temperatura eran sistemas centrales y no individuales y funcionaban a agua o a resistencia eléctrica o a calderas de leña o gas oil, la ropa había que lavarla y plancharla, y las camisas sintéticas fueron unas alemanas marca Porex, que te las ponías y en un ratito despedías un olor a segundo tiempo, que no había antisudoral que lo tapara; la caminata espacial del hombre era ciencia ficción y sería en un futuro la real.

El concubinato era concubinato, muy mal visto familiar y socialmente, primero nos casábamos y después íbamos a vivir juntos, se estilaba casarse con seres del otro sexo y los maricones se denominaban maricones y no gay y nuestros negros eran totalmente uruguayos y no eran africano-descendientes, y las llamadas eran amateurs y se rajaban las manos dándole al piano, al chico y al pino, sin recibir otra remuneración que el aplauso de la hinchada, que los seguía cerca de atrás, y se hacían en cualquier momento que un par de tamborileros templaban las lonjas y con el borocó chas chas aparecían los demás y las bailarinas, vestidas como tales o no y con pocas plumas, porque eso es de scola do samba .

En nuestro tiempo las amuebladas eran casas con los muebles instalados en sus lugares y los muebles eran muebles o mataderos y no hoteles de alta rotatividad, las conejas eran animalitos que les regalaban a los niños y tenían abundantes crias y terminaban en la olla y no chicas de Play-Boy que hicieron rico a Donald Trum y Donald era el pato colérico de los cartoons de Disney; los vaqueros eran pantalones azules, y no se les decía blue-jeans, nacidos como ropa de trabajo, los primeros fabricados, para salir del paso por un señor de la colectividad de apellido Levi Strauss, en mérito a que se clavó con la lona para hacer unas carpas y no fajas endodérmicas para forrar traseros de todos los colores.

Tener relaciones era mantener trato con amigos, conocidos o parientes lejanos, hasta con primos, sin llevárselos a la cama para satisfacer el sexo; hacer dieta o ayuno era cosa de enfermos o de fakires o católicos en la semana de turismo según don Pepe Batlle o Semana Santa según la iglesia católica o Santa Semana Criolla de Turismo, en una interpretación amplia y muy uruguaya, gauchos mediante en la rural del Prado.

Somos anteriores a los esposos “gerentes de familia o niñeros de la casa que adolecen de empleo” con esposas que traen el pan al hogar; a los derechos de las minorías gays, afro-descendientes, de género de las mujeres en general y de las esposas en particular, de los menores delincuentes (colibríes); los presos no eran llevados a trabajar a Artigas en forma remunerada por el Ministerio del Interior, como se rumorea, se valoraban según la aptitud intelectual o laboral de cada uno, y los presos se mantenían muy lejos de las fronteras y las terapias de familia se arreglaba mano a mano con un par de castañazos propinados por el jefe o jefa de familia y no era violencia doméstica y en el caso de los hijos de familia se arreglaba sicológicamente mostrándole al menor que mandaban los padres y para confirmar las razones expuestas se le sacudía el polvo a la ropa puesta, con unas palmadas o tirando hacia arriba del pelo cortito de las patillas, para que tuviera modales con las personas mayores, ascendientes y descendientes fueran del grado que fueran y con prohibición de contestarle mal a la maestra o no hacer los deberes en tiempo y forma.

La radio era de uso exclusivo de los mayores para escuchar los informativos y de las amas de casa para escuchar las comedias de la tarde y nochecita, con María Isolina Núñez, que cerraba la audición diciendo “señoras y señores, hasta mañana si Dios quiere”, en la Carve con la española refugiada del Paco Franco, Josefina Díaz y un gran elenco, la cual llegó a hacer una obra con la Comedia Nacional que había fundado en el 1947 don Justino Zavala Muniz, que con la obra en 1953 “Los hijos de Eduardo” de Sauvageon.

En dicha empresa también había otras comedias con Violeta Ortiz y Juan Casanova y “un gran elenco”, y en la CX 30 Radio Nacional daban obras telúricas de autoría del primer actor y director Mario Rivero y de Armas, recuerdo bien siendo niño como hacían el galope del caballo, golpeando las palmas en la parte delantera del muslo, o el ruido de cerrar una puerta lo hacían con una tapa de madera que golpeaban oportunamente sobre un marco.
Todo eso fue sustituido por latas de Argentina, o Turcas o Brasileñas dobladas quien sabe donde y en el terreno de la Televisión.

La denominada familiarmente “cantora”, mueble de madera con forma de capilla, si uno tocaba alguna parte metálica como un tornillo pateaba, pero no calentaba una cocina, como las versiones más modernas de baquelita, un antepasado no muy remoto del plástico; los discos eran redondos de ahí su nombre y el pasadiscos era otra institución doméstica monopolizada por los teenagers o por los viejos con algún tango y milonga, preferentemente La Cumparsita y La Puñalada de Pintín Castellanos, el que quedó rengo por tirarse al agua en el puerto desde un guinche de la ANP, los discos eran de pasta y rotaban a 78 revoluciones por minuto y los modernos eran plásticoas de larga duración (LP) y a 33 y 45 r.p.m.; no existían, los procesadores de textos, cuyo antepasado de entonces era la máquina de escribir, que para tener más de una copia, había que utilizar papel carbónico, y dependiendo de la polenta del dactilógrafo podían ser hasta seis, de lectura un tanto borrosa las últimas, ni computadoras cuyo antecedente remoto fue el ábaco con que después jugamos cuando niños, un alambre con bolillas agujereadas y que los chinos o los japoneses los utilizaban hasta para multiplicar a luna velocidad de vértigo, solamente lo vi en películas, acá vi las sumadoras Remington a tracción a sangre y con teclado decimal, o sea 10 filas de 10 numeros casa una, correspondiendo las dos últimas a los centésimos; no existían los marcapasos ni los corazones artificiales, y los varones no se torturaban haciéndose agujerear todo el cuerpo para ponerse pedazos de metal que van desde un cusifaco con una tuerca del lado de atrás, pudiendo ser beneficiaros los fosas nasales, los labios, la lengua, etc (gran imaginación para hacerse agujerear la humana naturaleza) y las damas hasta partes externas de los órganos sexuales y de las glándulas mamarias usando aritos y cualquier otra porquería.

La lisa era un pescado y cara lisa un imberbe, la trucha también era un pescado o la cara fea de una persona y así no se llamaba a nada berreta o falsificado.
Nunca me compraron bicicleta porque mi hermano en aquel entonces no llevaba casco ni otros enseres antigolpes y tuvo el toupet de pasar por arriba de una piedra y rodar y quebrarse la clavícula y cuando mi viejo llegó y se recalentó, tiró las bicicletas de media carrera (nunca conocí una de carrera entera) al medio de la calle y como no las atropelló ningún auto, agarró a mi otro hermano y marcharon ambas bicicletas al Remate Taibo y yo me arrastré toda la vida como un gusano y el viejo nunca gastó los quince pesos que costaba una bicicleta usada y si me compraba autitos alemanes marcha Schuco que costaban diecisiete cada uno y los adquiría de a dos.
Había uno que giraba, volcaba y se volvía a enderezar y al llegar al borde de la mesa no caía al piso sino que doblaba para el costado.

Puedo seguir en el país donde no le sacaban la libreta a los mamados, ni les prohibía manejar, claro que a 40 kmts por hora andaban los Fangio y los Supicci Sedes; y andábamos en patines y en bicicleta sin casco, y los automóviles sin cinturón de seguridad, ni air bug; te servían en los restaurantes un aperitivo previa comida, con preparación con mayonesa y manteca a rolete; se fumaba abierto en cualquier lado, menos en los cines y teatros; no existían los semáforos y los varitas tocaban el pito para indicar el cambio de posición y la luz roja estaba en la puerta cancel de los prostíbulos, conocidos vulgarmente como quilombos, palabra que significa lugar donde se reúnen los esclavos libres, y se disfrutaba de muchas otras cosas peligrosas, que son pecado y engordan siendo perjudiciales para la salud.

La marihuana era casera y la merca se le llamaba así porque era legítima producida por el laboratorio alemán Merk, y no en el sótano dela vuelta de casa.
Francamente no sé cómo llegamos vivos a pesar de todas las imprudencias y carencias en que vivíamos.
No se moleste amigo, que termino aquí por razones de espacio, pero volveré a tocar música similar en el próximo número, para recordar que bien vivíamos antes con muchos menos bienes y pocas prohibiciones.

Que todo sea para bien.

2 comentarios en “El ayer frente al hoy

  • el 15 diciembre 2017 a las 10:41
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    Hay lugares en el mundo donde la gente vive sin luz y sin ninguna clase de servicios basico como en la prehistoria y no creo que vivan mejores que nosotros yo por las dudas a los lugares donde no hay conexiones de internet ni voy.

  • el 15 diciembre 2017 a las 15:42
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    Cada cual tiene sus prioridades, prefiero una hermosa dama, a hacer solitarios o chatear por Internet, en la computadora no conoces a nadie. O crees que lo que te venden es amistad. Estás más solo que Robinson Crusoe, el hombre por lo menos tenía a Viernes. Pero todo son opciones.

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