Anomalía: La NASA advierte debilidades en el núcleo de la Tierra
Con más frecuencia se producen dramáticos fenómenos que generan riesgos tanto para el ecosistema, como para la vida misma de nuestro planeta.
La Anomalía del Atlántico Sur se debilita y se divide en dos zonas, un fenómeno que preocupa sobre todo por sus efectos en satélites, tecnología espacial y otros graves fenómenos atmosféricos.
Ciencia: paralizada en la etapa diagnóstico
La Tierra tiene un escudo invisible que la protege de partículas cargadas procedentes del Sol y del espacio. Pero ese escudo no presenta la misma intensidad en todo el planeta. Sobre Sudamérica y el Atlántico Sur existe una extensa región especialmente débil conocida como Anomalía del Atlántico Sur, un fenómeno que la NASA y la Agencia Espacial Europea llevan años estudiando.
Aunque algunos titulares hablan de una nueva “alerta urgente”, no existe evidencia de una amenaza inmediata para quienes viven en la superficie. Sin embargo, aquello que urge resolver son los cientos de kilómetros sobre nuestras cabezas, donde orbitan satélites, estaciones espaciales y buena parte de la infraestructura tecnológica moderna.
Un amenazante fenómeno que se está dividiendo y recreando
Los datos de la misión Swarm de la ESA mostraron que la anomalía no solo representa problemas, sino que también comienza a desarrollar un segundo núcleo de intensidad magnética mínima al suroeste de África. Esa evolución indica que la región puede estar dividiéndose en dos zonas y complica el trabajo de los científicos que intentan modelar su comportamiento.
Entre 1970 y 2020, la intensidad mínima del campo magnético en esta región descendió aproximadamente de 24.000 a 22.000 nanoteslas, mientras el área afectada crecía y se desplazaba hacia el oeste. La NASA también señala que las observaciones entre 2015 y 2020 confirmaron la formación de dos células de mínima intensidad.
El origen del fenómeno está relacionado con la compleja dinámica del núcleo externo terrestre, donde el movimiento del hierro líquido genera el campo magnético. Los científicos siguen investigando qué procesos profundos explican exactamente la evolución de esta anomalía. Sin embargo, hasta hoy, no existe un plan claro para revertir las causas ni los efectos de la “anomalía”.
El peligro está en órbita
La mayor preocupación no está en las personas ni en los sistemas GPS utilizados desde la superficie, sino en las naves espaciales. Cuando un satélite atraviesa la Anomalía del Atlántico Sur, las partículas energéticas pueden penetrar hasta alturas orbitales relativamente bajas y provocar errores, afectar componentes electrónicos o interferir con la recopilación de datos.
Por eso, muchas misiones espaciales incorporan protocolos para proteger sus instrumentos cuando atraviesan la región. NASA utiliza observaciones, modelos geomagnéticos y datos de distintas misiones para anticipar las condiciones y reducir el riesgo operativo.
Para los habitantes de Sudamérica, la situación es muy diferente: no existe actualmente una amenaza directa para la vida cotidiana en la superficie. La NASA considera que los cambios observados siguen dentro de la variabilidad natural del campo magnético terrestre. Tampoco hay indicios de que la anomalía signifique una inversión inminente de los polos.
La verdadera advertencia, por tanto, no es que la Tierra esté perdiendo repentinamente su protección magnética. Es que el planeta continúa mostrando cambios que todavía no comprendemos por completo. Y cuanto más dependemos de satélites, comunicaciones y sistemas espaciales, más importante resulta vigilar esa silenciosa región sobre el Atlántico Sur.

