Buen enterradero

Por Lorenzo Olivera
Cuando chiquilín sin saber mucho de qué se trataba me sorprendieron algunos homicidios que me enteraba por El Diario de la noche, que era medio pamentero, como lo era el matutino la Tribuna Popular, para las noticias y metía muchas fotografías y para uno que no levantaba mucho del suelo las imágenes tremendistas llamaban más la atención que los textos, que podíamos leer en forma deletreada y con un margen de entendimiento de un cincuenta por ciento.

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En definitiva todo este artículo se basa en información recibida por los medios de antes, de ahora, nacionales, extrajeros, internet y algún boca oído.

El caso Cukurs, un nazi alemán que mataron en Punta del Este y lo metieron en un baúl y lo encontraron al tiempo agusanado y apestando la tierra bastante más de lo que hizo en vida.
Este famoso caso debe haber sido una de las primeras intervenciones conocidas del Mossad, que lo ubicaron en Brasil, lo tentaron con un negocio en nuestro principal balneario y lo liquidaron cobrándose en su persona a uno de los asesinos organizadores del holocausto en épocas del Tercer Reich.

El segundo del Mossad fue Adolf Eichmann que era vivía en la calle Garibaldi, donde fue descubierto por un judío alemán ciego, por los dichos de su pequeña hija que jugaba con la hija del Sr. Klement (nombre falso de Eichmnn en Argentina).

Al Mossad le costaba creer que un ciego hubiera descubierto al escurridizo Eichmann, pero cuando confirmaron la cosa organizaron la Operación Garibaldi, nombre puesto por la calle donde vivía el asesino, pero simbólicamente Garibaldi equivale a libertad para la gente bien, y para Eichmann le significó justicia.
El Mossad no se lo pudo llevar legalmente, pero se lo llevó clandestinamente para Israel, donde lo juzgaron conforme a derecho, oportunidad que no tuvieron los judíos de la operación final, lo condenaron y ejecutaron.
Después o a fines de la II Guerra los submarinos alemanes trajeron muchos lingotes de oro y otros bienes y otros personajes del mal al Atlántico sur y muchos se salvaron de pagar en Nurenberg por los crímenes cometidos.
Pero también tuvimos al Dr. Mengele famoso por sus experimentos con seres humanos, aunque para él y sus superiores no lo fueran por ser de la etnia judía.

Parece que hasta se casó en Nueva Helvecia, pero si bien usó a nuestro país, también su zona de ocultamiento estuvo en Argentina, Paraguay y vaya uno a saber cuántos países más como enterraderos.
Nos discuten el nacimiento de Carlos Gardel, pero lo de Mengele es como la culpa nadie la quiere.
También tuvimos en nuestra tierra otros personajes no menos repugnantes que los relacionados.
“América del Sur es casi por definición una región cómoda para la actuación de organizaciones terroristas”, dijo la otra semana al diario argentino La Nación Shabtai Shavit, exjefe del Mossad (servicio secreto exterior israelí).
Cuando algún miembro de los servicios de Inteligencia de países con intereses en Uruguay (básicamente el Mossad y su similar estadounidense, la CIA) lanzan un alerta, se le atribuyen intencionalidades aviesas, lo que parece lógico cuando se trata de servicios cuya tarea muchas veces se basa en la mentira o las apariencias.
El peligro no es tal, se piensa, quieren hacerlo mayor para que la Policía local esté atenta y lista para asumir riesgos en un país donde parece que nunca pasa nada.
“Se equivocan los que piensan que en Uruguay nunca pasa nada”, dijo en su momento el viceministro del Interior luego de que la Policía desarticulara en Montevideo un brazo del cartel de Sinaloa, la mayor organización de narcotráfico del mundo.
Es un hecho que este perdido rincón vive en una nube donde lo que pasa en el resto del mundo parecen imágenes de otro planeta y que vive bajo la premisa de que las cosas le pasan a otros.

“En Uruguay nunca pasará nada a escala mundial”, escribió el estadounidense Mailer en una novela de espionaje.
Esa sensación no la tienen solo los uruguayos, sino también muchos prófugos trotamundos que buscan un lugar discreto, donde no los moleste nadie y no los corra por la cabeza que podrían estar y, si están, están inactivos, desactivados y nadie imagina que harán nada malo.
En la década de 1990 nos desayunamos que dónde habíamos cenado muchas veces algunos de los amables cocineros del restaurante vasco La Trainera estaban siendo buscados en España por pertenecer a la banda terrorista ETA. Su extradición, la marcha del Filtro que se opuso a esa medida del gobierno y la brutal represión callejera que terminó con un muerto forma parte de las páginas negras del Uruguay reciente.

En la que tuvieron activa participación contra la llevada a España muchos integrantes del actual gobierno y un operativo muy bien montado por el gobierno de entonces para cumplir con los acuerdos internacionales.
En esa misma década, pero con mucho menos repercusión, se supo que la Compañía de Contrainformación del Ejército le estaba dando protección en Uruguay a varios carapintadas argentinos que estaban requeridos en la vecina orilla.
Uno de ellos, un experto en tanques llamado Pedro Coni estuvo enterrado en un apartamento del céntrico barrio Cordón que era propiedad de la propia Inteligencia Militar.
Un grupo de oficiales que quería hacer caer al comandante en jefe Guillermo de Nava, filtraron la información, pero no tuvieron la suerte esperada.
La misma Inteligencia militar cometería un tremendo error en 1992 cuando le dio protección al chileno Eugenio Berríos, un científico especializado en gases y venedos para el mal al servicio del dictador Augusto Pinochet.

Por razones que no se han divulgado, Berríos tal vez pensando que lo iban a exterminar escapó de lo que parecía ser su guarida y pidió ayuda en una seccional policial de Parque del Plata.
Los militares se lo llevaron y hoy figura como muerto en el balneario El Pinar en 1992, en mérito a que allí apareció el cuerpo enterrado en los médanos y que se fue desenterrando por acción de la erosión.
Tres militares uruguayos fueron extraditados a Chile primariamente como testigos y luego fueron encausados secuestro.
Sobre el final de los 90 la CIA alertó a los servicios uruguayos acerca de que una célula terrorista islámica ingresaría a Uruguay.
Se detuvo primero a Hisham Al-Tarabili Aka Bilal y Mahammad Abu Al-Hez quienes había venido a buscar el refugio del tranquilo Uruguay.
Luego cayó el que parecía el líder del grupo, el egipcio El Said Mahamed Ali Mokhles.

Estaba en el Chuy, ciudad fronteriza con una gemela brasileña Chui, en la que existe una fuerte y poderosa colectividad palestina, con un pasaporte falso malayo fabricado en Paraguay, Ciudad del Este, ex Puerto Stroesner.
Fue detenido y extraditado a su país ya que estaba acusado de pertenecer al grupo Al-Gama Al-Islamiya, brazo de Al Qaeada que en 1997 mató a 62 personas, en su mayoría turistas, en el templo de Luxor.
Pero el más resonante caso de un hombre peligroso que haya estado en Uruguay presuntamente pergeñando dolor, fue el de Moshen Rabbani, quien a mediados de los 90 fuera consejero cultural de la embajada de Irán en Montevideo.
De esto sabía bastante el notoriamente asesinado fiscal argentino Alberto Nisman, que murió en forma tal que se presta claramente a la conjetura predicha, antes de presentar su informe sobre el atentado a la AMIA que en 1994 que le costó la vida a 85 personas y cientos de heridos, todos ellos argentinos de origen judío, en Buenos Aires, capital donde reside la población mayor de Latinoamérica de origen o costumbres judías.
Cuando Nisman convocó a un juez y a un agente de inteligencia uruguayos a Buenos Aires les dijo que el presuntamente no cabía para el caso Rabbani. Qué el tenía la certeza y la información que lo respaldaba, que parte del atentado se organizó en una casa en la calle Rivera del barrio Villa Dolores (barrio La Mondiola) de Montevideo.
Las investigaciones en Uruguay demostraron que efectivamente esa casa la había comprado Rabbani.

Hoy la casa está abandonada, el caso en Uruguay se cerró por falta de pruebas para seguir avanzando y Nisman ya no está para recordarnos lo peligroso que podía llegar a ser Rabbani.
Con el paso de los años los que empezaron a llegar a Uruguay fueron otro tipo de extranjeros, igual de peligrosos, al menos en sus países de origen: narcotraficantes de diversa nacionalidad, sobre todo colombianos y mexicanos.
Uno de esos pesados fue Juan Diego Montoya Bernal, alias ‘el Mechas”, perteneciente al cartel de los hermanos Beltrán Leyva.
También estuvo en Uruguay, antes de volar hacia Brasil, el colombiano Alexander Pareja, quien terminó preso gracias a la colaboración que la brigada de Drogas de Uruguay brindó a la Policía de Brasil.
También cayó preso en Montevideo el israelí Yehoram Elal, llamado el rey del éxtasis.

Se fugó luego de sobornar a varios carceleros.
Luego cayó preso en Río de Janeiro.
En los últimos días, como cerrando el círculo del caso AMIA, se supo que el super espía argentino Horacio “Jaime” Stiusso, que parece haber jugado un papel central en la muerte de Nisman, frecuentaba Montevideo y Punta del Este (donde la Inteligencia argentina tiene una base) y usaba a la capital uruguaya como vía de salida hacia otros destinos.
Su último periplo fue entrar a Uruguay por Paysandú y salir del país por Rivera rumbo a Brasil.
El sitio web de la Hispanic American Center for Economic Research (H.A.C.E.R.) una de esas organizaciones no gubernamentales que siempre están bajo la sospecha de ser voceros tapados de la CIA, informó: “Uruguay es un país tranquilo, separado por un río del país con más ciudadanos judíos de América Latina (en alusión a Argentina).
Uruguay ha visto pasar a los que organizaron el atentado a la AMIA y a la embajada de Israel en Buenos Aires.
También ha sido testigo de maletas llenas de dinero K con destino final a Suiza”.
“Los servicios (de Inteligencia) de varios países instalados en la región hace ya largo rato que han puesto sus ojos en este país (y) en ciudadanos iraníes que viajan con pasaportes venezolanos”, añadió en alusión a una información no desmentida según la cual hasta hace unos años pasaban por Montevideo un promedio anual de 10 iraníes con pasaportes falsos venezolanos.

Lo que informa Hacer, como las palabras del ex espía del Mossad, ¿son cortinas de humo para que las autoridades locales no bajen los brazos?
Pueden serlo.

Pero la historia reciente muestra que, efectivamente, no estamos afuera del mundo y que no es un delirio pensar que, contra lo que sostuvo Mailer en su fantástica novela, Uruguay puede llegar a ser un día, tristemente, noticia a nivel mundial.

Un comentario en «Buen enterradero»

  • el 13 marzo 2015 a las 09:01
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    Lo bueno de todo esto es que Alemania se pudo separar de uno de los holocaustos que tuvo la humanidad pasando a ser uno de los paises mas serios y creibles del mundo. Los nazis eran alemanes, pro los alemanes no eran nazis.

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