MÚSICA

Buitres: presente y futuro

La banda volvió a demostrar por qué sigue siendo una referencia del rock uruguayo, entre clásicos, canciones recuperadas y temas de su nuevo disco.

Pasadas las 21:00 del sábado 5, frente a un público que respondió con entusiasmo desde el primer minuto, Buitres volvió a confirmar que más de 35 años de trayectoria no significan vivir de los recuerdos. En Sitio, en el Parque Roosevelt, la banda comandada por el tridente Parodi-Peluffo-Rambao ofreció un recital de más de dos horas y cerca de 30 canciones, equilibrando memoria, presente y futuro.

Imágenes: cortesía de Gabriel Bocage

La diferencia estuvo precisamente allí: en una banda con semejante recorrido, el desafío no es solamente interpretar sus clásicos, sino evitar que el pasado se convierta en una prisión. Y Buitres consiguió hacerlo con un repertorio que recuperó canciones que llevaban años fuera de los escenarios y que, además, incorporó tres composiciones de Nido de Espinas, su reciente trabajo discográfico.

Un repertorio que respira

Después de una introducción de espíritu bluesero, “Te llevo en el sentimiento” abrió una noche que rápidamente tomó temperatura con “Condenado el corazón” y “No te puedo matar”. La energía se mantuvo con “Perdiendo el trabajo” y “El diablo”, ambas de Mientras (2001), primeras señales de que el setlist – repertorio programado – podría tener algunas sorpresas.

Tras la ya tradicional dupla formada por “Ojos” y “El tercer deseo”, aparecieron dos auténticos rescates: “Se ha perdido una mujer”, de Rantifusa (1998), y “13 palabras”, de El amor te ha hecho idiota (1996). No fueron simples concesiones a la nostalgia. Su recuperación permitió ampliar el recorrido por una discografía enorme y, al mismo tiempo, oxigenar un repertorio que inevitablemente tiene canciones que se han convertido en infaltables.

Antes de la pausa, “Avril”, interpretada por Parodi, cerró la primera parte.

La segunda mitad comenzó mirando hacia adelante. “Gata de Gorgos”, “Los conjuros” y “La imagen” fueron las tres canciones elegidas de Nido de Espinas para presentarse ante un público masivo. La respuesta fue positiva y dejó una señal importante: las nuevas composiciones pueden convivir con naturalidad con una historia construida durante décadas.

Y si hay algo que Buitres conoce bien es cómo cerrar un concierto. “La oportunidad”, “A cartas vistas”, “Carretera perdida”, “Soy del montón”, “Ojos rojos” y “Buitres” llevaron el recital hacia un final que parecía inevitable.

Cuando los clásicos todavía dicen algo

Los bises todavía guardaban cuatro canciones. “La primera vez”, “Cadillac solitario” y “Besos” extendieron la celebración hasta llegar nuevamente al pasado, esta vez con “Frío oscuro”, un clásico de Los Estómagos que puso punto final a la noche.

El detalle no es menor. Buitres no reniega de su historia ni necesita hacerlo. Los Estómagos forman parte de su ADN, pero la banda ha conseguido algo más complejo: convertir esa herencia en una identidad propia que continúa evolucionando.

También merece destaque la evolución de la propuesta escénica. Los visuales han adquirido un protagonismo creciente y la iluminación aporta una dimensión que años atrás no tenía el espectáculo. Ya no se trata únicamente de cuatro músicos sobre un escenario tocando canciones conocidas: existe una búsqueda de construir un show integral, donde sonido, imagen y puesta en escena acompañen el repertorio.

El rendimiento de la banda y su conexión con el público, a esta altura, casi no necesitan presentación. Pero precisamente por eso resulta significativo que todavía puedan generar expectativa.

El recital de Sitio, sumado a las escuchas inmersivas realizadas en el Planetario, funciona como anticipo de una presentación de Nido de Espinas que todavía no tiene fecha anunciada. Y allí aparece lo más interesante de este presente: Buitres no parece conformarse con celebrar lo que fue.

A más de tres décadas de haber comenzado el camino, la banda vuelve a elevar su propia vara. Recupera canciones, incorpora otras nuevas y sigue llenando escenarios. En una carrera donde la nostalgia podría ser suficiente, elegir el riesgo de seguir mirando hacia adelante es, quizás, la mejor manera de permanecer vigente.

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