El Chiche

Por COMOUSTÉ
El que no se adapta al cambio perece, de la máquina de escribir a la computadora, del chasque, el cartero al mail. Todo cambia y si no vea. En 1998, Kodak tenía 170,000 empleados y vendía el 85% de todas las fotos en papel del mundo.

En muy pocos años, su modelo de negocio desapareció llevándolo a la quiebra.
Lo que le pasó a Kodak le pasará a muchas industrias en los próximos 10 años – y muchas personas no se dan cuenta. ¿Ud. pensaba en 1998 que 3 años más tarde no volvería a tomar fotografías en papel?
Antaño se llega a hogaño, si se empieza como quien estuviera hablando de la edad de piedra, y bien puede ser los años 75 u 80, había empresas que tenían corredores o sea individuos que vendían bienes o servicios por las oficinas y en este caso máquinas de escribir y de calcular.
Pero a los muchachos debemos explicarles que la máquina de escribir era como un keyboard, con teclas que conectaban con unas palancas que levantaban unos tipos (piezas con la forma de la letra invertida, no patas para arriba, sino la p era igual a la d y la o era igual para todos lados y todo metido en una caja metálica más o menos abierta.

Primitiva máquina de escribir.
A dedazo limpio, con mucha energía, eso que denominé tipo, se levantaba con una serie de resortes y pegaba contra una papel que estaba apoyado en un rodillo de goma dura y dejaba impresa la letra como lo estoy haciendo yo ahora.
Por eso escribir a máquina se le llamaba tipear, no era meter pechera, compadrear, sino acción y efecto de escribir con los tipos de la máquina y no con los tipos del barrio.
Para aprender a lidiar con ese artefacto se hacía un curso de un mes y medio a una vida entera, dependiendo de la habilidad del alumno, en una academia, que podía ser la Pitman, otras que se llamaban Continental o algo similar.
Cuando pasé de Cuarto año escolar a Quinto, mi vieja me premió mandándome a la Academia Pitman de 18 entre Yi y Cuareim, donde la que enseñaba era una señora o señorita Baccino, que un día estaba con el clásico asdfñlkj, asdfñlkj, de piernas cruzadas y me pasó un café de la gran siete, porque si para escribir a máquina me cruzaba de piernas, en mi casa andaría por arriba de los muebles, blah blah blah, a mi edad quedé arrugado como sobaco de tortuga y en un mes estaba pronto, escribía al tacto y sin mirar el teclado, ni el papel, sino el texto a copiar, pero la odiaba por el verano que me había hecho pasar con los otros que estaban tratando de aprender a escribir.
De ahí en más, no iba a la academia, sino que me iba a jugar al futbolito a un lugar que estaba al lado del café El Halcón, al lado de la Jefatura de Policía, y también aprendí a jugar al futbolito, medio pata dura, con los jugadores de plomo, pero eran menos prepotentes que la profesora de dactilografía.

Cuando di un concurso para mi primer y único empleo, la prueba de máquina la pasé como trompada y jugando carreras con un veterano le gané escribiendo 94 palabras por minuto y el veterano 92.
Cuando se escribía a máquina si se querían sacar varias copias, se utilizaba un papel llamado carbónico, que podía ser negro o copiativo, este último violeta.
El copiativo siempre tomaba desprevenido al nuevo en la oficina y alguien muy seriamente le pedía que fuera a lavar los carbónicos y al rato aparecía el infeliz todo violeta, las manos, si tuvo mucha suerte la ropa no, la pileta del baño o de la cocina, un desastre.
Las oficinas para las máquinas tomaban un service que las venía a limpiar y aceitar una vez por mes y un par de veces, o más, por día, había que pasarle un cepillito por los tipos para sacar los pedazos de cinta que era la que copiaba la forma de la letra al papel.
Entre el cisco de la goma de borrar (cisco, es la goma desmenuzada), y las gomas de tinta, redondas y finitas con una chapa en el medio, u otras con forma de lápiz que en lugar de grafo tenían goma de borrar y se les sacaba punta con una maquinita además de goma tenían algo de arena, al igual que el papel que también tenía arena y sigue teniendo y el polvo de la fibra de madera o de trapo que integran el cuerpo del papel.

Escritura con tipos sucios
Esa pasteta había que sacarla unas cuantas veces por día, porque si no el jefe protestaba que las cartas salían con la o y todas las letras que tenían un redondel totalmente relleno y las letras finas como la i o la l parecían un cuadrado porque se redondeaba todo el tipo.
El jefe antes de firmar, por lo general, revisaba lo escrito, porque los jefes de entonces eran jefes de verdad y con una birome (bolígrafo) roja marcaban lo que estaba mal y había que hacerlo todo bien de vuelta y con la birome roja no podíamos borrar y remendar.
En las oficinas había máquinas nuevas y viejas totalmente viejas que eran el tal armatoste de hierro, americanas las Remington, las Underwood, las Smith Corona, las Royal, y las europeas ya eran más livianas y menos duraderas como las Hermes, no así las alemanas Adler, que también eran pesadas y empezaron a aparecer las japonesas, que eran en aquel entonces muy fuleras.

El Chiche vendía las máquinas y ganaba su comisión, en el sentido sano de la palabra, era un porcentaje de las ventas que le pagaba como incentivo la empresa, más el sueldo mensual.
Y otros insumos de las máquinas como las cintas impresoras, matrices para el mimeógrafo, tinta para el mimeógrafo.

Todo eso empezó a morir rápidamente por los años 90, apareció la Xerox en materia de fotocopias.
La IBM tenía una tecla que retrocedía la bolita tipeadora y con una cinta especial borraba la letra o la palabra mal escriba y se volvía a escribir arriba y no se notaba nada.
Las máquinas aparte del service, tenían empresas que además de la limpieza y lubricado de las mismas, cuando se rompía algo, las reparaban.
El Chiche vivía de eso y ganaban bien, porque las máquinas se compraban casi para toda la vida, bah… todo se compra siempre para casi toda la vida, pero el concepto era de vida útil, porque hoy la garantía de las cosas es cada vez más efímera.
Al aparecer los procesadores de textos y las computadoras, la reparación se hacía en un taller de electrónica y no de mecánica, y el que no se adaptó a los nuevos tiempos, pasó a la historia.
El Pelado, que se hizo en la misma empresa que el Chiche pero en la reparación, se independizó y siguió reparando máquinas. Mientras existieron máquinas a tracción a sangre en las oficinas.
Idéntica suerte corrieron las máquinas de calcular.

El Chiche que era filatelista, o sea coleccionaba estampillas de correo y cuando mermó la venta de las máquinas, alquiló un local en una galería céntrica y se defendía vendiendo estampillas a los coleccionistas.
Yo también juntaba estampillas (no digo coleccionaba porque ese es un ritual muy profundo) y mi viejo decía que yo coleccionaba salivas extranjeras, no olvidar que no eran autopegantes sino que se les pasaba la lengua o una esponja mojada para que pegaran.
La forma de adquirir las estampillas era tener un amigo en cada una de las oficinas en que había vendido máquinas y de la correspondencia que llegaba le recortaba del sobre el espacio de papel con las estampillas pegadas.
Se podían obtener así muchos miles de ejemplares mensualmente y con tener cuidado de ponerlas en un lebrillo con agua, tratando de evitar que hubiera papeles que destiñeran, de un día para el otro se habían separado las estampillas del papel y se ponían a secar sobre otras hojas de papel y en un par de días se separaban las estampillas que tenían todos los piquitos del corte (enteras) y se ensobraban por cientos para la venta si eran de bajo costo o se apartaban al menudeo, las de mayor costo.

First day cover
También se vendían en las casas de filatelia, estampillas sin usar, sobres first day of isue, first day covers (sobres primer día), que en los países del primer mundo se imprimía un sobre con la descripción de la nueva estampilla y se la pegaba y se la hacía pasar con la oficina postal que tenía un matasellos alusivo el evento.
Los países africanos sacaban series conmemorativas con animales exóticos, o mariposas multicolores y era una industria formidable, porque se imprimía el sello con un valor facial que nunca iba a tener porque se les marcaba una cantidad que nunca se iba a pagar salvo por el coleccionista y esa estampilla nunca viajaría a ningún lado del mundo que no fuera a donde estaban los filatelistas que pagaban bien.
Muchos países pequeños europeos como Andorra, Lietchetenstein, vivían gran parte por la venta de estampillas, que se emitían para su venta a valor facial a los coleccionistas, porque no había una población que justificara tal necesidad.
En España difícilmente saliera una estampilla sin la cara del generalísimo Francisco Franco, hasta que murió y apareció el Rey.

Acá se editaron miles de millones de los “Artiguitas” siempre iguales en Waterlow & Sons, sin ningún valor agregado como estampilla conmemorativa, pura y exclusivamente para pagar el porte de una carta.
También se imprimieron en la Imprenta Nacional.
Hubo casos, no necesariamente acá en que al momento de la impresión de las estampillas, con varias tintas, se sacaba por los operarios un montón de hojas impresas con una tinta y se le ponía invertidas para la otra tinta y en el mercado filatélico se cotizaban más caras por ser rarezas, claro que ese mercado decayó sensiblemente cuando las rarezas no fueron tan raras, sino bastante comunes.
Y bueno, en la vida nada es definitivo, los procesadores de textos se tragaron los espacios de las máquinas de escribir, y sus suministros, y los que las reparaban y limpiaban.
No sobrevivieron ni los formatos de papel, ni el papel florete, ni cinta, ni papel carbónico, hasta las máquinas de sumar y sus cintas de imprimir y sus rollos fueron historia antigua.

Pero el mail (correo en inglés) se tragó al correo físico, al cartero, a las estampillas, a los que imprimían estampillas y a los que las coleccionaban, hasta había clubes de coleccionistas, sin contar las casas que vendían artículos filatélicos, que iban desde una brusela, a hojas con guías para poner las estampillas y con una hoja trasparente que las protegía en el álbum, lupas para leer las filigranas, y papeles para contar el punteado de las estampillas porque hasta eso estaba en los catálogos para controlar que fueran originales porque también había falsificaciones.
Hoy con digitar en el keyboard un texto, una imagen o un eBook da dos tres veces la vuelta al mundo en cuestión de segundos.
Pasamos del chasque de mediados del siglo pasado al teclazo, pasamos del telegrama que leían por las radios al interior de madrugada avisando a “Fulano que deje el caballo ensillado en la portera que el patrón viene en el Lucero de las 3 de la mañana” al mail del capataz o el que haga sus veces.
El Chiche se fue avejentando y pasó a comprar papeles o documentos viejos y curiosos en los remates y también avisos procaces que él como “gracia” se lo muestra especialmente a las damas para bronca de los maridos, porque las cosas, con la vejez, no vienen de a una, sino en paquete grande como de liquidación.
Alguna vez hubo que pararle el carro.
Pero con el cambio del mercado comprador y el Chiche cada vez más viejo y con menos vento, empezó a hacer agua a todo trapo..

Vive con una hija o la hija vive con él, miseria compartida, con una mísera jubilación y cada vez menos rebusques.
Empezó a funcionar de perejil en las reuniones y vernisages, sin ser periodista, y con el traje azul marino, con brillo por todos lados casi tan viejo como él, pero como forma no muy digna de aligerar el presupuesto.
Hábil para el escabie de garrón y poco de masticación, sordo por unanimidad, nunca en su vida estuvo para el pico y la pala y menos para las 10 o 12 horas.
Se ha caído unas cuantas veces y dice que se ha tropezado, pero ya se ha deshecho la cara contra el piso e inclusive se le llegó a romper en el golpe la dentadura postiza, que un dentista amigo se la reparó gratis.
Parece que esto de la joie de vivre de cuando se es joven, sano y con pesos en el bolsillo, se ha complicado con viejo, pobre y enfermo.

No sigo más, que todo sea para bien…

2 comentarios sobre “El Chiche

  • el 24 junio 2016 a las 11:28
    Permalink

    El tiempo le pasa para todos de una forma o de otra que tristeza..

  • el 25 junio 2016 a las 02:19
    Permalink

    Que tristeza me da…
    Recuerdo que un poeta escribio algo que me identifica totalmente esto…..
    La vida no vale nada
    si no es para perecer
    porque otros puedan tener
    lo que uno disfruta y ama.

    La vida no vale nada
    si yo me quedo sentado
    después que he visto y soñado
    que en todas partes me llaman.

    La vida no vale nada
    si tengo que posponer
    otro minuto de ser
    y morirme en una cama.

    La vida no vale nada
    si en fin lo que me rodea
    no puedo cambiar cual fuera
    lo que tengo y que me ampara.

    Y por eso para mí
    la vida no vale nada.
    Bss rita.

Deja tu comentario