El hombre que ayuda a los estudiantes a hacer trampa

Por COMOUSTÉ
En nuestro país copiar o pegar el cambiazo en un examen es visto como una viveza.
Recuerdo hace muchísimos años una película inglesa, que en la calle, en un carricoche, tipo los Mateos que hay en Buenos Aires, iba un señor muy atildado acorde a la flema inglesa y subía con el vehículo en movimiento otro individuo, vestido de casual wear y conversaban un rato y no le preguntaba absolutamente nada y le daba el título de médico y sabemos bien que en los países anglosajones ese tipo de viveza criolla es muy mal visto.

En la Facultad de Derecho iban los propios profesores a imprimir ellos los casos en el mimeógrafo porque había un empleado infiel, que vendía los exámenes, claro que siempre había alguno atento a las hojas de descarte en la papelera del mimeógrafo, que podían tener parte o todo el texto del examen.

Hoy con la fotocopia debe ser menos fácil pescar las hojas mal impresas y además los profesores mal que bien tienen una computadora y una impresora en el estudio y vienen con las hojas ya impresas.
Para los que iban a examen sustitutivo, que consistía en dos casos completos de lo dado en todo el año, los amigos de los que rendían el examen, formaban un equipo que esperaban en el patio a que llegara al baño el que estaba dando el examen y dejaba la letra de caso atrás de una de las cisternas y volvía al salón.
Los compañeros retiraban de la cisterna el caso y se lo llevaban para la biblioteca, o para el café de la esquina y ahí el equipo a full redactaba todo el caso e inclusive consultaban a otros que sabían más, hecho lo dejaban de vuelta atrás de la cisterna y el examinando habida cuenta del tiempo transcurrido iba al baño y se juntaba con la solución de su problema.
Había casos y casos, algunos temas eran escribir diez carillas con palabras que no cambiaban para nada menos los nombres de las personas del caso.

Memorizar todo era una prueba tonta y olvidarse de una palabrita le podía costar el examen, pero había profesores, inteligentes, que no ponían casos para papagayos sino que eran casos de laboratorio que con toda la biblioteca de la facultad y varios profesores, se podría armar una gran discusión para resolverlos. Con esos casos se demostraba que se sabía.
Había profesores piernas, buenos, que nos daban la solución del caso, pero eran un peligro porque eran muy limitados y hacerles caso podía costar el caso.
Había otros casos de estudiantes, en que el adjunto le decía al catedrático mire profesor que fulano está copiando y el catedrático, en aquella época en que todos se conocían, le contestaba, déjelo que copie todo lo que quiera que pierde igual, porque no sabe ni lo que está copiando.
Pero en otros lares del mundo hay otras industrias.

Marek Jezek vive en el Reino Unido y escribe ensayos académicos para estudiantes de universidad a cambio de dinero.

Marek Jezek (pseudónimo) escribe ensayos por encargo para los estudiantes en el Reino Unido.

Marek Jezek es el pseudónimo que utiliza ahora, pero ha habido muchos otros.
Es brillante, trabaja duro y le encanta aprender: le apasiona el reto intelectual de empezar un nuevo tema. Y ha habido muchos.
“Filosofía, psicología, enfermería, educación, física, criminología, ética, gestión”, enumera.
Las notas que obtiene son altas y la lista de universidades a las que ha enviado sus trabajos es larga.

Se supone que una disertación o ensayo académico es la culminación de años de estudio, una pieza de investigación original y de escritura en la que el estudiante muestra su entendimiento y conocimiento sobre un tema.
Pero esto, claro, no es así si alguien como Jezek lo ha escrito por ti.
Es un escritor a sueldo, una pluma en alquiler, en un sector que parece estar creciendo rápidamente.
Las empresas de escritura comercial de disertaciones son cada vez más claras en sus llamados a los estudiantes.
En la red de metro de Londres, el mes pasado, una empresa colocó anuncios en estaciones cercanas a universidades.
“¿Necesitas ayuda con un ensayo?”, preguntaba el anuncio que afirmaba que más de 10.000 estudiantes habían confiado en esa empresa.
Miles de dólares
Las universidades parecen estar teniendo problemas para ponerse al día con el asunto.
La principal preocupación es que es muy difícil, si no imposible, detectar los ensayos por encargo que no han sido plagiados.
Casi todas las universidades usan un software antiplagio llamado Turnitin, que contrasta el ensayo con fuentes publicadas, buscando frases copiadas.
Pero este programa no avisa si se trata de un ensayo original producido por un escritor profesional.

Venganza
Marek Jezek cobra alrededor de unos US$3.500 por escribir una disertación. Dice que su razón para hacer este trabajo es especial: la venganza.
Jezek tiene una maestría y un doctorado de una prestigiosa universidad británica y dice que ha solicitado más de 300 puestos como profesor o investigador, pero no ha logrado ninguno.
Cree ser una víctima de discriminación racial.
Es originario de la República Democrática del Congo y cree que hay más académicos negros con orígenes africanos que no logran encontrar trabajo en universidades británicas.
“De alguna forma, es una retribución emocional por algo malo que me han hecho”, cuenta.
“Para mí es una forma de satisfacerme a mí mismo y de satisfacer mi ego, porque siento que me están rechazando de manera injusta”, agrega.
“Obtengo satisfacción emocional cuando un estudiante me llama y me dice que obtuvo un 70% o un 80% por algo que yo escribí”.

Es difícil que con una ley se pueda acabar con el problema.
Jezek obtiene encargos gracias al boca a boca entre estudiantes.
Pero también dice que algunas universidades están ayudándole, sin saberlo, al remitirle estudiantes para que los forme en la escritura de ensayos.
“El estudiante te envía un trabajo para que lo evalúes, pero en muchos casos una vez que has enviado los primeros comentarios, el estudiante tira la toalla”.
También cree que el aumento de los costos de la educación superior en el Reino Unido ha tenido un impacto en las actitudes de los estudiantes, haciendo que los títulos universitarios se parezcan más a una transacción financiera.
“Vienen y me dicen que han estado pagando mucho dinero por sus estudios y que no quieren desperdiciarlo”.

Más controles
Las universidades han respondido intentando cambiar la forma en que evalúan a los estudiantes.
Cada vez más se les pide que presenten su trabajo de forma oral o que respondan a preguntas de los profesores.
A veces, solicitan que entreguen también sus notas de estudio y los borradores del trabajo.
Pero las empresas ya han pensado en esto. Por un poco más de dinero, preparan también notas y borradores.
Adam Longcroft, director académico de la Universidad de East Anglia, en la ciudad inglesa de Norwich, dice que es difícil hacer trampa en las presentaciones orales y que éstas son muy exigentes.
“Muchos estudiantes se ponen muy nerviosos. Mucha gente tiene fobia a hablar en público , pero es muy importante que desarrollen esta capacidad”.
Y hay una medida diseñada para eliminar la discriminación que hace todavía más difícil identificar a los estudiantes tramposos.
Muchas universidades tienen una política de anonimato en los trabajos para que los profesores no puedan discriminar, aunque sea inconscientemente, a los alumnos de minorías étnicas a la hora de evaluar.

Pero si un evaluador no sabe quién ha entregado el trabajo, un ensayo excelente entregado por un estudiante mediocre no levantaría sospechas.
Una palabra sospechosa
Aunque a veces se puede encontrar al tramposo con un poco de observación.
La persona encargada de luchar contra el plagio en la Escuela de Negocios inglesa UEA, Sarah Allen, investigó recientemente a un alumno de postgrado que envió un trabajo excelente que llamó la atención simplemente porque contenía una palabra inusual en inglés: “cynosure”.
El Diccionario de Inglés de Oxford la define como una persona o cosa que está en el centro de atención o admiración.
“No sabíamos el significado”, dice Allen. “Tuvimos que buscarlo y estábamos intrigados porque este estudiante conociera la palabra”.
Resultó que el estudiante no dominaba el inglés y cuando le preguntaron por el ensayo, no pudo explicarlo.
“Al final, admitió que había mandado la pregunta a un estudiante de posgrado en Estados Unidos que lo había escrito por él”.
“Dado que todos los trabajos se envían de forma anónima, no tenemos ni idea de qué estudiante lo hace, si es internacional, británico, un estudiante excelente o uno malo”, dice.
“Así que es bastante difícil identificar estos casos sospechosos”.
Los casos sospechosos son examinados por un consejo de la universidad y es probable que el estudiante que haya cometido fraude acabe siendo expulsado.
¿Culpa?

Es el estudiante que ha enviado el trabajo fraudulento el que es culpable del engaño, no la empresa ni el escritor que lo escribió.
¿Se siente culpable Jezek por ayudar a los estudiantes a cometer fraude?
“Siento que la culpa es compartida”, dice. “Pero somos solo una pequeña pieza de toda la maquinaria. Y deja que lo diga de esta forma, no creo tampoco que las universidades estén limpias de culpa”.
Jezek cree que algunas universidades no investigan los casos sospechosos porque no tienen pruebas y tienen miedo del impacto que puede tener sobre su reputación si se revelan muchos casos.
Las universidades niegan que estén perdonando ningún tipo de engaño, y dicen que se toman la cuestión muy en serio.

Hace poco se lanzó una iniciativa en el parlamento británico para prohibir la existencia de estas empresas, pero es un problema muy difícil de eliminar con legislación.
Los ensayos por encargo se producen cada vez más en países como India, China y Australia.
Pero Sarah Allen, de UEA, dice que necesita más atención por parte de las universidades.
“Necesitamos actuar sobre ello con firmeza”, señala.
“Está devaluando la calificaciones de cualquiera que tenga un título. Devalúa el trabajo de la mayoría de estudiantes que se esfuerzan por obtener un título. Y se burla de todo el sistema universitario”.

Espero que todo sea para bien…

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