El universo bajo el hielo
Francis Halzen recibió el Nobel de Física por hacer posible la detección de neutrinos cósmicos de altísima energía.
La Academia Sueca de Ciencias distinguió al físico belga Francis Halzen por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y al descubrimiento de neutrinos de alta energía procedentes de fenómenos astrofísicos. El reconocimiento premia décadas de trabajo destinadas a detectar unas de las partículas más escurridizas del universo.
A sus 82 años, Halzen, profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, fue reconocido por una investigación que obligó a mirar hacia un lugar tan remoto como inesperado: las profundidades heladas de la Antártida.
Un detector bajo el hielo
“Este Premio Nobel tiene que ver con un cubo de hielo gigante situado en el Polo Sur de nuestro planeta”, explicó Eva Olsson, integrante del Comité Nobel, al presentar el galardón.
La descripción parece casi fantástica, pero responde a una necesidad científica concreta. Los neutrinos cósmicos de energías extremadamente altas son extraordinariamente difíciles de detectar. Interactúan muy poco con la materia y pueden atravesarla casi sin dejar rastro.
De hecho, billones de neutrinos atraviesan nuestro cuerpo cada segundo sin que podamos percibirlos. La mayoría procede del Sol y de otros procesos cósmicos, pero algunos poseen una energía tan elevada que pueden revelar información sobre los fenómenos más violentos del universo.
Para capturarlos, los científicos necesitaban un detector gigantesco. IceCube convirtió aproximadamente un kilómetro cúbico del hielo antártico en un observatorio capaz de registrar las diminutas señales producidas cuando un neutrino finalmente interactúa con la materia.
Escuchar lo que llega del cosmos
La importancia de IceCube va mucho más allá de haber encontrado partículas casi invisibles. Los neutrinos pueden viajar enormes distancias prácticamente sin desviarse, llevando consigo información sobre los lugares y acontecimientos que los originaron.
Su detección abrió así una nueva forma de observar el universo. Allí donde la luz puede ser absorbida, desviada o bloqueada, los neutrinos ofrecen otra ventana hacia el cosmos.
El trabajo de Halzen y de los científicos que hicieron posible IceCube demuestra que algunas de las grandes preguntas de la física pueden esconderse en señales diminutas. Para encontrarlas fue necesario convertir un territorio remoto y congelado en uno de los instrumentos científicos más singulares de la Tierra.
Bajo kilómetros de hielo, lejos de los telescopios tradicionales, la humanidad comenzó a escuchar partículas que atraviesan nuestro planeta casi sin detenerse. Y en ese silencio helado apareció una nueva manera de mirar el universo.


