MÚSICA

Piero, mucho más que Mi viejo

El cantautor argentino convirtió la canción popular en un espacio para hablar de amor, memoria, injusticias y esperanza.

La muerte de Piero, a los 81 años, cierra una etapa de la canción popular latinoamericana. El cantautor argentino murió este miércoles en Buenos Aires, después de más de seis décadas de una trayectoria en la que consiguió algo que pocos artistas alcanzan: convertir canciones aparentemente sencillas en parte de la memoria colectiva.

Coplas de mi país – 1993

Para buena parte del público, su nombre estará inevitablemente asociado a Mi viejo. Pero reducir a Piero a aquella canción sería dejar afuera una historia artística mucho más amplia. Su obra transitó el amor, la infancia, la identidad, las desigualdades sociales, el exilio y la búsqueda de paz.

Nacido como Piero Antonio Franco De Benedictis el 19 de abril de 1945 en Galípoli, Italia, llegó a Argentina cuando apenas tenía tres años. Vivió primero en Banfield y luego en Allen, Río Negro, donde comenzó su relación con la música. Incluso pasó por un seminario con la intención de convertirse en sacerdote, aunque finalmente eligió otro camino.

En 1964 debutó como cantante en televisión. Cuatro años después conoció al compositor José Tcherkaski, encuentro que resultaría determinante para su carrera.

Una canción que se volvió memoria

En 1969 apareció Mi viejo, escrita por Piero y Tcherkaski. La canción dedicada al padre se transformó rápidamente en un clásico y terminó superando las fronteras argentinas. Según la Fundación Konex, llegó a contar con más de 500 versiones.

El tema fue incorporado en 2007 al Salón de la Fama del Latin Grammy, confirmando una dimensión que ya excedía largamente su éxito comercial.

Pero Piero no quedó atrapado en aquella canción. Llegando, llegaste, Juan Boliche, Pedro Nadie, Coplas de mi país y Para el pueblo lo que es del pueblo ampliaron un repertorio que fue cambiando junto con la sociedad.

Y allí apareció otra faceta fundamental del artista.

La voz después del exilio

Durante los años 70, sus canciones adquirieron una marcada dimensión social. Para el pueblo lo que es del pueblo y Que se vayan ellos lo acercaron a una generación que encontraba en la música una forma de expresar aquello que no siempre podía decirse de otro modo.

El golpe militar de 1976 modificó su vida y lo llevó al exilio en España. Regresó a Argentina en 1981 y continuó su carrera con trabajos como Calor humano.

Colombia también se convirtió en un territorio fundamental. Allí desarrolló proyectos artísticos y sociales, obtuvo la nacionalidad en 1996 y creó la Fundación Buenas Ondas, dedicada a iniciativas vinculadas con la infancia.

Con más de 25 discos y miles de presentaciones, recibió el Premio Konex al Mérito en 1985 y, en 2016, el Premio a la Excelencia Musical de la Academia Latina de la Grabación.

Hasta sus últimos años permaneció ligado a la música. En abril presentó en Colombia La sinfonía inconclusa en la mar, dirigida al público infantil.

Piero se va, pero queda una pregunta que su obra ayudó a mantener vigente: ¿qué sentido tiene cantar si las canciones no consiguen acompañar la vida de quienes las escuchan? Mi viejo respondió desde la memoria familiar. Otras canciones lo hicieron desde la protesta, el exilio y la esperanza. Tal vez allí esté la verdadera dimensión de su legado: no haber sido solamente la voz de una canción inolvidable, sino haber convertido la canción en una forma de recordar que la música también puede tomar posición frente a su tiempo.

Un comentario en «Piero, mucho más que Mi viejo»

  • Murió un buen intérprete popular y a parte Piero parecía una buen tipo. Una pena.

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