El ya fue

El amor tiene esas cosas, sus cositas y siempre fui un enamorado, pero del amor en general y de acuerdo a las distintas vicisitudes, hoy era una, mañana era con otra, en un balneario que tenía cuatro bajadas a la playa, llegué al extremo de tener que ir a otro balneario vecino, porque no había padres para insultarme, claro que era muy muchacho cuando eso, pero jugaba a las cartas con los viejos, tomaba grappa con ellos y se encariñaban los hombres, y no tenían que aguantar tanto a la mujer ni a las hijas, pero cambiaba el viento y rumbeaba para otro lado y los viejos padres eso no lo entendían bien.

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Mi vieja decía que el “nene” le había salido enamoradizo y con cinco hijos varones era machista la vieja.
Estaba en su derecho y se daban casos como los siguientes.
Ante un desengaño, ruptura o abandono amoroso, es inevitable pasar por fases de tristeza, desesperación, impotencia… pero no demasiado porque se transforma en patológico.
Los sueños, las ilusiones, se rompen para una parte u otra de la pareja y suele empezar un calvario, cuya duración depende de cada afectado, que pasa por distintas fases:
Fase de súplica.

La primera reacción puede ser llorar e implorar su amor.
No se pierde la dignidad por decirle a alguien que le ama, pero sí se hace cuando le están diciendo que no le quieren a usted y sigue insistiendo como si no tuviera valor, como si en su vida no fuera a tener otra oportunidad de encontrar a alguien que le merezca.
Algo así como que el mundo se terminara.
Muchas se metieron de monjas de clausura, otros se dedicaron a la jauja o a la cacerías desembozada de otras ninfas.

Fase de razonamiento

En ella, la persona despechada, que no entiende cómo todo funcionaba bien hasta determinado momento y de repente todo estalla y en mi rayos destroza la ilusión por doquier, se desmigaja, intenta a través de razonamientos hacer ver a la otra parte que se ha equivocado, que no va a encontrar a nadie igual, que todo vale la pena por el tiempo invertido y que hay posibilidad de corregir lo que no funcionó.
Este estado es el que por lo general es una vulgar mentira y se vuelve cíclico, ante otras eventuales figuras del ballet amatorio.
Fase de locura, en la que se pasa del amor al odio.
Se verbaliza que no se quiere saber nada del otro, pero contradictoriamente se buscan mensajes, llamadas o algún indicio de que su ex puede haber recapacitado y volver.
Este momento es el más normal y lo que se está buscando son excusas para auto explicarse los por qué’s.

Es muy válida la frase de Cervantes de Saavedra en la introducción del Quijote, “segundas partes nunca fueron buenas”.
Fase de adaptación.
Poco a poco, la vida se va ordenando, las aguas vuelven a sus cauces, porque son dos, que podrían ser más, uno de cada uno más uno de la pareja.
Como todo proceso de pérdida, uno empieza a encajar en esta nueva etapa de su vida.
Pero por qué de pérdida, porque si pasó porque tenía que pasar, es lo mejor antes que después.
Más vale un final con color que un dolor sin final (no recuerdo quien lo dijo, me parece que fue Bécquer, pero no apuesto nada).
Empieza a normalizar su rutina, duerme mejor, trabaja como siempre, se relaciona con sus amigos, su ex deja de ser el protagonista de todas las conversaciones y comienza a tener ilusión.

O sea que ya se vuelve a ver el mundo con otros ojos, que hay nuevos horizontes por conocer, aquel otro no era tan guarango y aquella otra no era tan fea, si tal vez un poco, pero muy simpática.
Fase de indiferencia.
Ya se está preparado para vivir sin la presencia del ex, no lo recuerda, y por fin ha pasado a un segundo plano.

Esto no significa que si se lo encuentra por la calle no le dé un vuelco el corazón o vuelva a despertar los buenos y malos recuerdos, pero por la general vive ajeno a su ruptura.
Todo aquello ya fue, ya pasó.
También se suele decir en voz alta, somos personas adultas, educadas, sabemos manejar la situación con altura. (después de esta frase por lo general se da lo contrario, carterazos, insultos, y demás)

Ya no hay desamor, sino un periodo en el que usted se abre y se siente seguro.
Fase transversal.

Se vive a lo largo de todo el proceso de pérdida y desamor.
Y los protagonistas de ella son su apoyo social, aquellos que no le dejan ni a sol ni a sombra para animarle.
Son los buenos amigos, esa parte de la familia que siempre está para todo, aquellos que desean siempre su felicidad.
Escúchelos, tienen una visión distinta de lo que ha ocurrido y ahora le dirán todo lo que pensaban de forma sincera, opiniones que igual llevaban tiempo callando por respeto a su relación y sus decisiones.
Déjese arrastrar por ellos.

Normalmente vivimos instalados en la velocidad, pero cuando uno se ve inmerso en una ruptura amorosa, parece que todo se ralentiza, que no pasan las horas.
Se deja de vivir el presente porque es donde se convive con la tristeza y nos dedicamos a contemplar el pasado como si se pudiera alterar.
Existen personas que le dan vueltas y vueltas, fantasean con la posibilidad de regresar en el tiempo y lo verbalizan.
Pero no es posible volver y se puede asegurar que tras unos meses, superado el infierno, a lo mejor la pérdida se ve con otros ojos, incluso se llega a atisbar su parte positiva.
No viva la separación de forma irracional, como si el mundo se acabase después de esa persona amada.
La emoción dominante en estos momentos es tan intensa que se piensa que es la única verdad que existe.

La forma de evaluar, de interpretar y de plantear la ruptura va a ser la clave para luchar y seguir adelante dignamente.
Acepte la pérdida, deje de hacer reproches, de buscar culpables, de sentirse un miserable…la vida sigue.
Salvo que se sea feliz en la relación de pareja, nadie tiene la obligación de permanecer al lado de alguien a quien no valora ni ama.
Usted es libre de estar solo o buscar con quién sentirse vivo.
Su pareja también.
Raras veces se rompe el amor de mutuo acuerdo.
“Es tan corto el amor y tan largo el olvido…”
20 Poemas de amor y una canción desesperada el gran Pablo Neruda
De ahora en más tierra resbalosa pisar con cuidado hasta que venga mi advertencia indicando realidad.

Si se encuentra en esta situación o conoce a alguien que lo esté, aquí tiene unos consejos que le ayudarán a tener más autonomía y a contemplar el mundo desde otro punto de vista.
Reinterprete.
Realmente no es la ruptura lo que no le deja vivir, sino el resultado de la evaluación que hace de ella.
Creer que la situación es catastrófica e insalvable es solo un estilo negativo de afrontar las cosas.
Pero si cree que realmente la situación es así, seguramente ocurrirá así. Empiece a focalizar la atención en lo que todavía le hace sentir bien.
Salir adelante o no, depende de usted; si usted no se salva, nadie lo hará.
Lo que piense, lo que haga y lo que siente se influyen mutuamente.
Hay que aceptar que se va a pasar una mala racha y que todo volverá a su sitio.

Aproveche las emociones.
Es necesario aprender a tolerar la frustración y las otras emociones negativas, porque con ellas se madura.

Durante días cambiará su intensidad y variedad porque se trata de un proceso de duelo por la persona perdida.
No tienen más protagonismo del que se les quiera dar.
Es bueno aliviar esos sentimientos a través del ejercicio físico, expresándolos por escrito o a través de la pintura, la música…
Hable y escuche.

Hablar con sus amigos de lo que le ocurre es importante, pero hágalo si puede con varios, para no torpedear siempre al mismo, también cuénteles otras cosas de su vida, pregúnteles por ellos y no convierta las conversaciones y los ratos con amigos y familiares en un mono tema: “su ex”.

No es la única persona con problemas, ni su problema es el más grave, solo se dará cuenta si escucha a los demás.
Es el momento de implicarse en causas y proyectos solidarios.
Su dolor pierde valor cuando convive y es empático con el de otros.
Actúe sobre su comportamiento.
Atrévase a conocer a gente nueva, visite ambientes que siempre le hubiese gustado frecuentar.
No espere a estar bien para hacer cosas.
Esta regla funciona al revés: tiene que hacer cosas para poder llegar a estar bien.

Cuídese y mímese.
Vigile su aspecto, alimentación, higiene y salud.
Dedique más tiempo a esto y menos a pensar.
Sobre todo al principio, dese caprichos que le hagan sentir mejor y que habitualmente no se concede.

Rodéese de gente que le quiere.
El apoyo social es importantísimo en estas circunstancias.
No caiga en la trampa de buscar la soledad constantemente, no le ayudará a distanciarse del pasado.
El pasado sirve para aprender.
Si está arrepentido de algo, es mejor buscar su propio perdón que seguir intentando que le perdone el otro, porque si ya no le ama, da igual que haga muchos méritos por demostrar lo que vale: sencillamente no le atraen porque ya no le quiere.
Guarde esos valores para personas que puedan apreciarlos y derroche su energía en otras actividades.
Tampoco parece buena idea de cara a superar una ruptura pensar que “podemos ser amigos”.
Si eso es posible, ya llegará solo; por el momento, la distancia es lo más sano en la mayoría de los casos.
Los consejos de tierra resbalosa lo podrán dejar sin amigos, será el pesado al que nadie querrá escuchar, será el hazmerreir de todos.
Ahora volvemos a la tierra firme, el mundo real.
Desde Neruda en adelante todo es patológico.
Si necesita todo eso Ud. no se quiere nada, no tiene claros sus valores y precisa de una claque de gente que lo atienda y lo ayude.
No se consiga urgente un o una suplente porque un clavo no se saca con otro clavo, sino que por el contrario se remacha.
La vida es hermosísima y está llena de seres por suerte no iguales al anterior, sino mejores, o peores pero menos aburridos o muchísimo más divertidos.
Conocí un caso extremo de un muy querido amigo y lo escribo con un nudo en la garganta.
A los 18 años tenía novia y todo para casarse, inclusive flor de pintún y con una carrera universitaria casi terminada.

La chica lo plantó.
De ahí en más el no encaró la vida en serio, sino todas las muchachas eras bienes de consumo, utilitarios y descartables.
Vivía con su madre y una tía, ambas viejas.
Le conocí una tropa de mujeres hermosas pero las usaba y las dejaba.
Pasaron los años para él y para sus dos muletas, su madre y su tía y primero una y después la otra murieron.
El cayó en una depresión brutal que termino como terminan todos los que las padecen en forma grave y sin apoyo.
Se tiró de un séptimo piso.
De los cientos de compañeras que desperdició y despreció, una, así fuera una prostituta de la calle, le hubiera dado una vida como la que él no llevó.
Hay temas que van en el cuero de cada uno y los psiquiatras y demás escritores payan de lo que no saben, hablan de generalidades.

Perdonen que mi historia fue truculenta, pero es veraz en un cien por ciento.
Que todo sea para bien…

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Un comentario en «El ya fue»

  • el 31 enero 2020 a las 10:39
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    Esta comprobado que es como funciona parte de los suicidios en los hombres son porque las mujeres lo rajan pero las mujeres no se suicidan por eso porque prefieren vengarse y te hacen la vida insoportable , ellas te complican cuando te dejan y te complican si vos las dejas

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