MÚSICA

Eric Clapton: No es momento de concesiones

El tiempo pasa, pero hay figuras que se resisten a dejarse empujar hacia la salida.

Eric Clapton es una de ellas. Y no lo hace con nostalgia ni con resignación, sino con una mezcla de orgullo, disciplina y una incomodidad evidente frente a quienes ya empezaron a escribir su despedida.

Al término del tercer mes del año, es el momento en que el “mano lenta” cumple años. El creador de «Layla» nace en Inglaterra (Ripley) el 30 de marzo de 1945. En 2016 se le diagnosticó neuropatía periférica, una enfermedad que afecta la movilidad de piernas, brazos y perdida de sensibilidad en las manos. El músico británico, hace un titánico esfuerzo para que la enfermedad no reduzca su técnica para tocar la guitarra en sus presentaciones.

¿Retirarme? Yo aún estoy aprendiendo

En una entrevista reciente, la pregunta apareció como suelen aparecer estas cosas: envuelta en elogios, pero cargada de intención. Algunos periodistas —sobre todo en Estados Unidos— sugieren que tal vez ya es momento de retirarse “mientras todavía suene bien”. La frase, aunque disfrazada de respeto, deja un sabor agrio. Como si el arte tuviera fecha de vencimiento. Como si la experiencia fuera un defecto.

Su respuesta no fue un estallido, pero sí una declaración firme. Dijo que su voz ha mejorado, no por milagro ni por indulgencia del tiempo, sino por trabajo. Recordó una escena casi íntima con Stevie Wonder en los años 70: un encuentro en un hotel, una pregunta sincera —“¿cómo cantas así?”— y una respuesta tan simple como reveladora: “Respiras”.

Detrás de esa anécdota hay algo más profundo. Eric Clapton no habla como una leyenda que se apoya en su pasado, sino como alguien que todavía está aprendiendo. Ejercicios de respiración, conciencia del diafragma, caminatas, disciplina. Nada glamoroso. Nada automático. Todo construido.

Hoy se necesita más esfuerzo y ser mejor artista

Y ahí aparece la grieta: mientras algunos lo empujan hacia el retiro, él insiste en el esfuerzo. En mejorar. En no “avergonzarse”, como él mismo dijo alguna vez. Esa palabra pesa. No es miedo al público, sino a traicionarse a sí mismo.

Sin embargo, el desgaste es real. Ya en 2014 había dejado entrever el cansancio: viajar se volvió “insoportable”, moverse por aeropuertos una experiencia hostil, el ritmo de las giras una carga difícil de sostener. No hay romanticismo en esa parte del oficio. Solo cuerpo, tiempo y límites.

Pero incluso ahí, en ese reconocimiento honesto del paso de los años, hay una resistencia silenciosa. Porque retirarse, para Clapton, no parece una decisión artística, sino una concesión física. Y mientras el cuerpo aguante —aunque sea con esfuerzo—, la música sigue siendo un territorio al que no está dispuesto a renunciar.

Hoy, con 81 años, seguirá de gira si su físico lo permite. Piensa en Europa, luego Sudamérica, después Norteamérica. Un calendario que contradice cualquier idea de despedida inmediata.

Quizás lo más incómodo de todo esto no sea la edad de Eric Clapton, sino nuestra necesidad de ponerle un final. De ordenar la historia. De decidir cuándo alguien “debería” irse.

Pero el problema es ese: el arte no siempre obedece. Y mucho menos cuando todavía hay alguien dispuesto a respirar hondo… y seguir tocando.

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