Hace seis años, y parece ayer

Por COMOUSTÉ
Conocí al Sabalero por un amigo común mi peluquero Jorge y por un gurí, ya no tan gurí que terminó de criarse muy cerca mío y ahora devenido en padre de familia en Nueva Helvecia, que sin tener parentesco por sangre lo tenemos de alma y que me ha regalado a una gurisa IRENE que me dice «Abuelo negro» y ella también me atrapó, siendo una adolescente tiene muy buena pluma y algún día cuando yo no esté, me seguirá con su estilo propio, pero con nuestras almas gemelas.
Y vayamos a lo nuestro.

Una mañana por la primavera del 2010 recibí una puñalada por un locutor de informativo que anunciaba la muerte del Sabalero, José Carbajal y les pido disculpas a mis compañeros y en especial a Lorenzo Olivera por robarle el personaje, aunque el Sabalero no es de nadie, sino que es de todos los uruguayos, al que no le guste que no lo escuche y quien no comparta sus ideas, que no las comparta y a otra cosa.

Pero el Sabalero es el Sabalero y deja una huella que va a ser muy difícil de borrar, ni siquiera con el tiempo ni otras voces, porque podrán cantar exactamente igual o mejor, pero la personalidad de Carbajal es exclusiva de él y es lo único que se lleva de esta tierra.

Un muchacho, para mí chiquilín, porque lo tuve siempre en la vuelta desde chico y ahora echó alas y vuela, alto y lejos, me regaló un disco que se llama “Entre Putas y Ladrones / El viejo”, que en estos momentos lo estoy escuchando, como en aquel en que me lo dio y lo pusimos en el equipo.

Estábamos sentados a la mesa y entró a correr “El viejo” y en determinado momento Miguelito, que así se llamaba y se llama el obsequiante, se levantó y se fue del lugar donde estábamos escuchando la canción – poema, con los ojos llenos de lágrimas, me dijo “perdoná, pero este hijo de puta, siempre me hace llorar con esta canción” y se fue a llorar solo.

Les pido disculpas por mi léxico pero gracias a Miguelito, aunque no tengo padre desde hace más de cincuenta años, lo perdí siendo muchacho, cada vez que escucho “El viejo”, se me hace un nudo en la garganta y me quiebro, como si fuera un gurí chico.
Qué poeta, decidor, cantor, tal vez ni lo uno ni lo otro, sino todo entreverado a la vez, creado por la vida en Puerto Sauce, entre la arenera, las trochas angostas de las máquinas decoville, el pito de Campomar y Soulás que lograban que las calles se llenaban de bicicletas, por la mañana y por la tardecita, con los trabajadores y los pescadores artesanales de los sábalos.

Poeta creado por la vida, por el campo, por la calle, por las circunstancias y no por el aula magistral, ni los cafés en el Sorocabana, sino por haber vivido y por haber lustrado los mostradores de tantos boliches, escuchando a Juan Pueblo, a Juan Campesino y a Juan Textil y grabándolos en el sensible disco duro de su cerebro y saber hacerlos decir las cosas tan bien y en el momento oportuno.

Gracias Sabalero por removerme todo lo que llevo adentro, como sólo vos sabés hacerlo, a pesar de no ser oriundo de Juan Lacaze.
A Miguelito haberme hecho conocer al Sabalero por el disco, se lo deberé toda mi vida y a Jorge el peluquero, por haber conocido al otro Sabalero, el de carne y hueso, también.

El Sabalero era un bohemio, criado en la calle de pueblo chico, el que pudo homenajear con sus versos y sus canciones.
Política aparte, como creo que muchos desubicados lo insultan después de muerto o le hacen monumentos.

Admiro al Sr. José Carbajal por el legado poético, que sin los adornos de la formación académica mínima, le supo cantar a su padre mejor que Manrique, porque cuando lo siento me cruje el corazón, claro que ese soy yo y no todos tienen por qué sentir lo mismo por los versos o por su padre.

El Sabalero, como muchos de estos criollos de corazón abierto, le hizo entrar lo nuestro, a los nuestros, en forma lisa y llana, por medio de sus versos y canciones.
Era un hombre de la noche y en la noche hay que pasar el cerno, para separar el grano de la paja, lo útil de lo inútil, lo bueno de lo malo, no para no juntarse con lo malo, porque a la largo es bueno, por la experiencia que nos deja.

El otro amigo, el peluquero Jorge, que en épocas remotas estaba establecido como “Jorge y Angelo” en la Galería del Notariado y por las cosas de la vida terminó estableciéndose en la bajada de Punta Gorda, para el lado del club Náutico, sobre la rambla, cerca de donde vivía el Sabalero en aquella época y donde se había criado en épocas anteriores Miguelito.

Jorge también bandidote y de la noche, un día le cae un parroquiano, lo empieza a atender y le pregunta como quiere el corte. Como música de fondo estaban pasando algo del Sabalero y el cliente le pregunta a Jorge, ¿quién es el cantor?, ¿qué tal le parece? y el peluquero le contestó la justa, como no podía ser otra.

Bueno, dijo el parroquiano, ese que canta soy yo.
De ahí en más y con sus interrupciones por los viajes, gastaron en yunta muchos mostradores, eso si sin pretensiones, si eran de madera o de zinc.

El peluquero y el cantor guitarrero, aves del mismo plumaje volaron juntas.
Jorge recibía las quejas de la holandesa, la mujer del Sabalero, porque cuando salían juntos, se perdían en la noche de los tiempos dos o tres días.
La holandesa reprochaba al Sabalero con su español uruguayo, aprendido por las circunstancias: “Ud. me dedica muchas canciones y dice que me quiere mucho, pero desaparece de la casa”.

El Sabalero era así y muchas cosas de él que no sabemos, pero si no fuera así, no sería el Sabalero.
Una vuelta quedé medio preocupado porque leí un reportaje al Sabalero en Búsqueda o Galería y entre líneas y a través de la tinta impresa pude oler que algo no andaba bien.

José Carbajal – “la Muerte” – en vivo

Un comentario en “Hace seis años, y parece ayer

  • el 7 julio 2016 a las 23:39
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    Un tipo triste el Sabalero. Era el alma del uruguayo promedio mas tirando para el bohemio, dominguero, en rueda de amigos, del asado , de las cartas, del vino, etc etc. Da mucha nostalgia recordarlo.

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