16 julio 2024
MUNDO

La excepción no confirma la regla I

Sin embargo, aquí entra en juego otro factor decisivo: el sesgo en la apreciación del fenómeno.

Solemos prestar más atención y recordar con mayor relevancia los casos anecdóticos que los rutinarios.

No resulta extraño escuchar que “el ómnibus siempre se estropea“, cuando en realidad tal circunstancia solamente ocurre de forma esporádica.

Además, en muchas ocasiones no lo afirmamos de forma figurada, sino que realmente tenemos la impresión de que la frecuencia de nuestra desgracia es mayor que la real.

Es como aquello de que siempre nos pegamos en el dedo lastimado.
La verdad es que nos pegamos en todos y cada uno de los dedos pero no nos damos cuenta, eso sí nos damos cuenta del dedo lastimado porque efectivamente nos duele y nos lo hace notar y nos enteramos del golpe.

El ómnibus tarda frecuentemente, no seños, nos enteramos que tardó las veces que llegamos tarde al empleo y tuvimos que marcar el reloj tarde o pedirle disculpas por nuestra tardanza a nuestro amigo o cliente que nos estaba esperando.

Siempre llueve cuando tenemos que salir para o del empleo, no señor llueve en cualquier momento, pero lo notamos cuando nos pegó una mojadura de padre y señor nuestro.

Establecemos principios con bases erradas, tomamos lo excepcional como general.

Lo más curioso es que todo este lío viene de un error de traducción: el origen de la expresión a la que nos referimos se encuentra en un principio jurídico medieval que reza “exceptioprobatregulam in casibus non exceptis” o “exceptioconfirmatregulam in casibus non exceptis“, que viene a significar “la excepción confirma la regla en los casos no exceptuados”.
Con esto se pretende señalar que al indicar una excepción se está dando por supuesto que en el resto de ocasiones ocurre lo contrario.

Podemos entenderlo mejor sirviéndonos de un sencillo ejemplo: si en un museo observamos un cartel que dice “entrada libre los miércoles”, entendemos que durante el resto de la semana es necesario abonar la entrada. Así, el verbo probattiene el significado de probar la existencia de la regla, no de confirmar su validez universal.

Este aspecto es muy importante en ciencia, dado que una hipótesis se descarta en cuanto encontramos un único caso que la contradiga, todo lo contrario que en la errónea aplicación del refrán.

Así pues, el enunciado “todas las golondrinas son negras” se vería refutado por el descubrimiento de una única golondrina blanca.

Ni siquiera se suele emplear el significado de la frase latina original, por ser demasiado inexacta: “en la Patagonia todas las golondrinas son blancas” no implica que en el resto del planeta no existan golondrinas de este color.

Posible, plausible y la tetera de Russell

Hace poco conversaba con un conocido sobre la vida después de la muerte. Argumentaba que, al ser incapaz de saber si existe algo después de la vida, no me atrevo a confiar en la realidad de un más allá.

Por otro lado, no tengo prueba alguna de que no exista la trascendencia a la muerte, pero tampoco tengo ninguna de que pueda existir un paraíso post-infarto.

Prefiero -le dije- disfrutar y trabajar por mejorar esta vida, que es la única de la que estoy seguro de su existencia.

«Tu problema es que eres un incrédulo», me contestó.

«Tu mismo has dicho que no hay pruebas de que todo se acabe con la muerte, por lo tanto, es posible que sí haya una vida más allá.

¿Qué daño hace creer en ella?»
Mi respuestafue tajante: «porque no sirve para nada, de igual forma que no sirve para nada creer que el espíritu de ElvisPrestley está orbitando Beta Carinae, o sea la segunda estrella más brillante de la constelación Carina, salvo para idiotizarte y destrozar tu vida».

Dado que le faltaba poco para montar en cólera y acusarme de quemar a Galileo, le aclaré un poco más mi postura intentando suavizar el tono.
En mi vida me pasaron dos cosas que me marcaron las pautas, me dicen muchos y repiten otros.

Tuve un accidente automovilístico carretero y salí despedido del asiento trasero y caí a unos 30 o 30 metros, en el campo, no me enteré de todo lo que volé y si me quedó muy claro el golpe en las costillas cuando aterricé sobre un camellón en el campo que me dejó sin aire en los pulmones.

Me levanté como pude, volví al lugar del desastre y me llevaron al hospital donde tuve el toupet de discutir con los médicos que no había perdido el conocimiento, hasta que uno de ellos mientras me zurcía la frente me dijo y “no se acuerda cuando me dijo, ‘salí a hacer un mandado cinco minutos y mire en que lío estoy metido?” el hecho había transcurrido a 400 kmts. de mi casa y a los tres días de haber salido (en pocas palabras yo estaba hablando pavadas sobre lo que había vivido sin enterarme)

A propósito de accidentes y con mi experiencia, asistí perplejo a un tipo que contaba que en “La curva de la muerte” de la rambla del Buceo, él salió disparado del automóvil y me contaba como vio que venía volando por el aire, y esquivó el cordón de la vereda y unos arbustos hasta que cayó al suelo.

Le dije cortito y al pie, no sea mentiroso, cuando uno sale despedido de un vehículo a velocidad, no ve nada, simplemente si está vivo, ve a partir del momento que se da el golpe contra lo que sea, lo demás transcurre a una velocidad que no podemos registrar los hechos, siempre y cuando no hayamos perdido el conocimiento momentáneamente y sin darnos cuenta.

Otro hecho es de esos que cuentan cuando vuelven de la muerte y naran que vieron un túnel y una luz blanca al fondo del mismo.

También me pasó a mí, estaba mal medicado y estaba tomando dos drogas, que en mi caso, eran incompatibles.

Me empezaba a sentir medio raro y me producía un síncope, que me daba cuenta que algo me había pasado cuando volvía a tener conocimiento.
El síncope era completo se me relajaban los esfínteres y perdía la orina y materia, para un retorno vergonzante a la vida.

Me dieron cuatro síncopes en quince días y el señor de la luz al final del túnel no se me apareció para nada.

Es una vulgar leyenda o mentira repetida y los que volvemos de la muerte a la vida, no estuvimos muertos, sino simplemente nos borramos u poquito de lo que nos rodea.

De la muerte no se retorna.

Hay infinidad de cosas que pueden ser posibles, pero no tantas que puedan llegar a ser plausibles.

La diferencia es importante.

Según la Real Academia de la Lengua, «posible» es todo aquello que puede ser o suceder.

Con nuestros conocimientos actuales, prácticamente cualquier cosa que se nos ocurra es posible, siempre que no viole las leyes de la física.

Aún así, podríamos especular con la existencia de zonas desconocidas de nuestro universo o de otros universos paralelos donde las leyes físicas que conocemos no operen de la misma forma.

Resulta pues posible la existencia de civilizaciones extraterrestres formadas por hongos inteligentes a millones de años luz de nosotros, canales energéticos indetectables y manipulables por oscuros iniciados en un arte sanatorio milenario, diseñadores inteligentes que programaron las condiciones idóneas para que surgiera y evolucionara la vida, o todo un universo inobservable de espíritus energéticos hacia donde se dirige nuestra consciencia trasmutada después de morir ¿por qué no?

Cualquier cosa sobre la que no podamos demostrar inequívocamente su inexistencia es posible.

Sin necesidad de salir de nuestra propia realidad, sería posible la existencia del monstruo del Lago Ness, de Godzilla y hasta de Supermán.

Que jamás los hayamos visto y que no haya ni una sola prueba de ellos no demuestra su inexistencia.

Sin embargo, a nadie se le ocurriría enseñar Nessiología, Godzillología o Antropología de Kriptón en una universidad, gastar millones en blindar la costa asiática ante posibles ataques del lagarto gigante o dedicar subvenciones millonarias a fabricar kriptonita por si acaso el superhombre de la capa roja invierte repentinamente sus valores morales.

Y no lo hacemos por mera utilidad.

Posiblemente obtendremos mayor beneficio si protegemos el sudeste asiático frente a terremotos, maremotos y tifones que frente a Godzilla.

Cabe esperar que salvemos más vidas investigando remedios contra el SIDA o contra el cáncer que sintetizando kriptonita.

Se trata de una simple cuestión de probabilidad.

No todo lo posible es igual de probable o, dicho de otra forma, no todo lo posible es atendible.

Volviendo a la RAE, plausible significa «atendible, admisible, recomendable» (además de merecedor de aplausos, que es su primera acepción).

Obviamente, no todas las posibilidades son igual de admisibles o dignas de atención y en un sistema donde los recursos son limitados, las prioridades deben tomarse precisamente en función de estas consideraciones probabilísticas.

A esto me refiero exactamente cuándo afirmo que creer en el más allá no sirve para nada.

No puedo trabajar con la idea del más allá, por posible que sea.

No tengo herramientas para avanzar en el conocimiento, ni para sacar partido de su existencia, ni para diseñar hipótesis que pueda contrastar.

Si dedico mi vida a buscar espíritus, tengo muchísimas papeletas para no haber avanzado un ápice cuando llegue el momento de besar la tierra.

Es más, por la experiencia histórica que tenemos, todo lo que haga servirá de poco a las generaciones futuras. No obstante, cada uno puede dedicar su vida a lo que más le plazca, por inútil que pueda ser, como rascarme el ombligo, discutir el sexo de los ángeles o la cuadratura del círculo.

Otra cosa que ya representa un completo absurdo es creer ciegamente en ello por el simple hecho de que sea posible.

Puedo respetar el que alguien crea hablar todas las noches con el espíritu de Elvis (aunque no le confiaría a mis hijos durante unas vacaciones), pero lo que no estoy dispuesto a tolerar es que me llamen fundamentalista, dogmático y «mente cerrada» por no creer a pies juntillas tan poco fundamentada afirmación.

Es más, estoy en mi derecho de expresar que tal creencia es una mera invención sin base alguna.

CONTINUARA EN EL PROXIMO NUMERO

4 comentarios en «La excepción no confirma la regla I»

  • Esta bueno.
    Totalmente de acuerdo en todo el bus siempre llega tarde y no te deja marcar en hora pero hay gente que dice que habla con el mas alla y algo debe a ver ma s verdadero que lo de la kriptonita de superman.

  • Dicen que no sabemos utilizar toda la capacidad de la mente y los que la utilizan mas usan un 30%, entonces todo es posible hasta traer los espíritus del mas alla, charlar con seres extraterrestres o con Elvis Presley helen-mau! y lo de la kriptonita de superman es un comic, es sagrado eso dejamelo para mi mente de mono actual…TA!!!!

  • Usan un 29% del cerebro ocupado en el futbol y un 1% para todo lo demas…andaaa

  • Creer o reventar dice el dicho popular y no hay que creer en brujas pero que las hay…las hay! y no estoy tan de acuerdo con ese 29% de futbol de ellos…hay un 14% de juegos de compu y un 15% de futbol y el 1% si para todo lo demas un desgaste barabaro.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *