La hija de Stalin

Svetlana Alilúyeva, la hija de quien fuera por 30 años la principal figura del comunismo en Rusia, habría pedido asilo político a los Estados Unidos tras un viaje a la India.

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SVETLANA AULUI EVA (n. 1926) fue hija de Stalin y con el tiempo comprobó que ésa sería solamente la primera parte de las dificultades familiares que entorpecieron su vida.

El padre juntaba los cariños previsibles con explosiones de mal humor y de intolerancia que también habían sido documentados por muchos de sus contemporáneos.
Su madre Nadezhda Aliluieva había descubierto que era demasiado difícil ser la esposa de Stalin, con lo cual se suicidó en 1932.

Su hermano Vasili ascendió en jerarquía dentro del ejército, aparentemente sin otro mérito propio que el de ser hijo de Stalin. Combatió en la Segunda Guerra Mundial, entró en un período de depresiones, se convirtió en un alcohólico sin remedio y murió joven, presumiblemente tras una cirrosis.

A todo ello habría que agregar que Stalin falleció en 1953, cuando Svetlana tenía 27 años, y que en 1956 se produjo un gran viraje político (tras un célebre discurso de Jruschev), con el resultado de que ser hija de Stalin pasaba a ser un defecto congénito.
En 1967 Svetlana era casada, tenía dos hijos (Iosif e Iekaterina), quería escribir y se sentía muy incómoda en Moscú.

Aprovechó un viaje solitario a Nueva Delhi (India) y allí sorpresivamente pidió asilo a la embajada de Estados Unidos.
Después se supo que su voluntario exilio había contado con el previo apoyo de altos funcionarios norteamericanos.

Tras llegar a Nueva York, como una de las más famosas disidentes soviéticas de la historia, Svetlana comenzó una nueva vida.
Publicó un libro autobiográfico, Veinte cartas a un amigo, con material explosivo sobre la Unión Soviética vista por dentro.
En 1970 se casó con el arquitecto norteamericano William Wesley Peters, con quien tuvo una hija llamada Olga y de quien se divorció en 1973.
Entretanto, los soviéticos la habían pronunciado como “moralmente inestable” y le habían quitado en 1969 la ciudadanía.
La contrapartida fue que Svetlana quemó su pasaporte en una pequeña ceremonia, como parte de sus objeciones a la URSS y a su propio padre (“un monstruo moral y espiritual”).

En 1982 cambió su residencia y pasó a Inglaterra, donde la BBC estaba preparan do una película documental sobre su azarosa vida, y donde la niña Olga fue colocada en un colegio de Cambridge.
En octubre 1984 Svetlana cambió nuevamente de idea.
En Londres tomó repentinamente un avión de Aeroflot y regresó a Moscú con Olga.
Volvió a pedirla ciudadanía soviética y comenzó a proclamar argumentaciones contra Estados Unidos, donde dijo que en realidad no se había sentido libre ni un solo día.
Su nueva etapa en Moscú fue de inmediato una preocupación para su ex-marido Peters, quien dijo afligirse por el destino de su hija Olga, norteamericana de nacimiento, entonces con trece años de edad e ignorante total del idioma ruso.

Las declaraciones de Svetlana en 1984 le mostraban afligida por su familia.
Dijo haber vuelto porque extrañaba a sus hijos mayores, Iosif e Iekaterina, así como a los nietos que no había conocido.

En las circunstancias, el previsible destino de la niña Olga podría ser una inestabilidad emocional similar a la de sus mayores.

En 1984 regresó a la Unión Soviética, donde después de recobrar la ciudadanía se estableció en Tiflis, Georgia.
En 1986 Svetlana regresó a los Estados Unidos, y luego viajó a Bristol, Inglaterra, en los años 1990.
Sus últimos años de vida residió en un hogar de la tercera edad en el condado de Richland, Wisconsin.

Murió el 22 de noviembre de 2011 por un cáncer de colon en el condado de Richland, Wisconsin (EE.UU).
Su muerte fue anunciada el 28 de noviembre de 2011.

Un comentario en «La hija de Stalin»

  • el 18 agosto 2017 a las 17:22
    Enlace permanente

    No es el primer caso en el mundo de familias divididas por la politica o la religion y hay lugares en el mundo donde los individuos prefieren morir antes que escapar.

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