Placeres uruguayizados

Políticos a contrapelo en vez de hacer algo positivo por su pueblo, con la excusa de estarlo haciendo, le han decretado la guerra a ciertos productos por provenir del imperio de los rubios del norte como diría don Luis Alberto de Herrera.

Los latinoamericanos entraron en la manija, que no es la hija de man, pero los chinos que no son ningunos tontos y son el único país comunista que va para adelante y si no es la primer potencia mundial le anda raspando, la aceptaron, estoy escribiendo sobre la Coca Cola, como podría hacerlo de la Pepsi Cola, las hamburguesas de Mc. Donald y ciertas marcas de cigarrillos.

Quédensen tranquilos que no voy a entrar con Je suis Charlie, ni con el fiscal argentino que dice Cristina F. que ella no lo suicidó, ni el riñón de Lanata, ni con el D.T. manya que habla como vasco y que supo cantar el himno peruano en el Centenario.

Señores de la censura, no estoy pasando ningún aviso, simplemente estoy tratando el tema vida y costumbres y cómo evolucionan.

Los países aliados estaban desesperados y querían a los americanos a su lado, con su dinero y su ayuda para combatir a Hitler y sus fuerzas alemanas.

Con el bombardeo de Japón sobre las islas norteamericanas de Pearl Harbor en 1941, no sólo ayudó a que Estados Unidos entrara a la II Guerra Mundial y con ello saliera de la depresión iniciada en 1929 mediante la reactivación de la economía basada en el crecimiento de la industria militar, sino que fue el momento clave para que la transnacional Coca-Cola llegara hasta los rincones más insospechados, hasta el soldado más retirado en cualquier frente de guerra.

El presidente de la Compañía Coca-Cola, Robert Woodruff, “El Jefe”, decide lanzar entonces una campaña patriótica y comercial para la marca: “Procuraremos que todos los hombres de uniforme reciban una botella de Coca-Cola dondequiera que estén y cualquiera que sea el coste para nuestra compañía”.

De esta forma Coca-Cola pone en marcha el plan más ambicioso con el fin de construir plantas embotelladoras que abastecieran al ejército de los Estados Unidos.

Entre los militares, el personal de la empresa era conocido como los “Coroneles de Coca-Cola”, ya que usaban ropa militar y tenían rango militar de acuerdo a su categoría dentro de la empresa.

Así, Coca-Cola desplazó a su personal por todos los frentes de batalla.
Desde Nueva Guinea al Mediterráneo, la compañía siguió a los soldados norteamericanos a través de todos los continentes, excepto la Antártida, suministrándoles más de 10.000.000 de botellas e instalando 64 fábricas.

Los gastos de montaje iban por cuenta del gobierno.

Coca-Cola desplegó un contingente de 248 hombres por todo el mundo.

Los técnicos que instalaban las fábricas tras las líneas de avanzada eran considerados tan imprescindibles como los mecánicos que reparaban los carros de combate o los aviones.

En 1941, un inspector de Sanidad del Ejército rogó a sus superiores que enviaran Coca-Cola para sus soldados, ya que consideraba la falta de la bebida como la mayor calamidad que sufría la tropa.

Parece exagerado, pero no.

Tampoco un francés vive fuera sin su vino, un mexicano sin su tequila, un indígena chiapaneco sin su posh, un uruguayo sin su mate, un boliviano sin su chicha, un ruso sin su vodka o un escocés sin su whisky.

Así, un soldado americano sin su coca cola.

De hecho, entre las cartas de los soldados norteamericanos en el frente de guerra se narran cosas increíbles.

Por ejemplo: “…Hoy es un día especial.

Todos recibimos en la compañía una botella de Coca-Cola.

Esto puede no parecer demasiado importante, pero si hubieras visto a todos esos individuos que han estado más de veinte meses navegando apretar contra su pecho la botella, correr hacia su tienda de campaña… y quedarse mirándola… no sabían que hacer.

Nadie había bebido su Coca-Cola todavía, porque después de que lo hicieran todo habría acabado, todo habría pasado (…)”. (Soldado Dave Edwards, en una carta a su hermano. Italia, 1944).

Otro escribió: “… Si alguien nos preguntara por qué combatimos, creo que la mitad de nosotros contestarían: por el derecho de comprar Coca-Cola en paz.” (Soldado Tim Dorsey, en carta dirigida a la compañía. Francia, Julio 1944.

En el mismo año, otra carta decía “… pensaréis que vuestro hijo ha tenido la cabeza demasiado tiempo al sol, pero hace dos días caminamos 16 km. para comprar un cajón de Coca-Cola y luego lo cargamos otros 16 km. para regresar a la compañía.

Jamás podríais imaginar lo bien que sabía…” (Soldado Allan Davidson, a sus padres. Normandía, 1944.

Sin embargo, para algunos historiadores de la marca, el verdadero adicto a Coca-Cola era Ike Eisenhower, que además de llegar a ser presidente de su país, también fue presidente de una planta embotelladora de Coca-Cola.

Un camino parecido al que siguió el presidente mexicano, Vicente Fox.

En 1941 Coca-Cola crea su refresco Sprite.

Un año después, cuando la guerra se agudiza, la Coca-Cola se deja de importar en Alemania.

Pero Coca-Cola no dejó de aumentar sus ganancias.

En 1943 se vendieron más de 3 millones de cajas, aunque la mayoría de las veces se utilizaba para endulzar tés, ya que el azúcar estaba rigurosamente racionado.

Otro sabor Made in Usa el tabaco en los soldados en la Segunda Guerra Mundial.

Los comandantes de las fuerzas y los empresarios no se hacían ningún problema con el cáncer, porque para tener una idea clara, en el desembarco de Normandía el día D del 4 de junio se calculaba que un 50 % iba a morir en la maniobra del desembarco.

Iban a morir contentos con su cigarrillo entre sus ropas o en sus labios.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados norteamericanos fueron grandes fumadores.

¿Quién podría culparlos?

El stress

Las grandes estrellas de Hollywood fumaban.

El propio presidente fumaba.

Los héroes que combatían al enemigo al otro lado del charco fumaban.

Nadie sabía muy bien los riesgos derivados de inhalar el alquitrán y el dióxido de carbono de esa cautivadora picadura liada meticulosamente en papel de fumar y presentada en paquetes atractivos y cómodos.

El negocio del tabaco iba viento en popa.

Mucha gente creía que no solo era algo bueno para las grandes tabaqueras y para sus inversores, sino que también era positivo para la economía estadounidense en general.

Un anuncio de Phillip Morris de 1943 mostraba una colilla encendida con entusiasmo.

“America está fumando más que antes”, rezaba.

Ese año, Phillip Morris y sus felices competidores liaron y vendieron un número récord de 290 mil millones de cigarrillos.

El 30 % de esos cigarrillos acabaron lejos del territorio continental, colgando de los labios de los soldados más jóvenes recién alistados al ejército de los EE.UU.

Ahora bien, el 70 % restante de la producción se quedó en casa, en las bocas de americanos estresados y agobiados ante la cruda perspectiva de la guerra moderna.

La American TobaccoCompany cosechó uno de sus mayores éxitos gracia a su marca Lucky Strike.

Debido a la escasez en tiempos de guerra del tinte verde que usaban para sus paquetes (contenía cobre), los directivos de la compañía decidieron cambiar la presentación de la cajilla, adoptando el clásico rojo sobre blanco que todos conocemos.

Aprovecharon la escasez para responder a una queja recurrente de las mujeres: las antiguas cajetillas combinaban mal con sus coloridas prendas.

La American TobaccoCompany aprovechó también el hecho de que los uniformes del Ejército fueran averdosados.

Se lanzó esta ingeniosa campaña publicitaria tras iniciarse el teatro de operaciones norafricano.

Parece ser que esta campaña de marketing fue todo un éxito: las ventas aumentaron un 38 % en 1942.

Los cigarrillos formaban incluso parte de las raciones militares, junto a otros bienes más indispensables como la carne, las verduras o las patatas.

Las marcas más importantes de cigarrillos lograron hacerse un hueco en todo el mundo, tanto que incluso llegaron a escasear en casa.

A menudo era misión imposible encontrarse un paquete de Cherterfield, Camel, o PallMall.

Los norteamericanos que no estaban en el frente se tenían que conformar con marcas olvidadas, eso sí tenían la inmensa suerte de encontrar unos pitillos que llevarse a la boca.

Archie P.McDonald, un historiador de Texas, recuerda cuando se formaban colas eternas fuera de los comercios durante el par de días a la semana en los que disponían de algo de tabaco.

En diciembre de 1944, se veían carteles de “No hay tabaco” tras los escaparates de todos los establecimientos.

Los cigarrillos llegaron a escasear tanto en algunos lugares que muchos fumadores se vieron obligados a dejar su adicción de manera forzosa.

Otros prefirieron ser fumadores empedernidos y llegar a pagar hasta cuatro veces el precio de un paquete normal en el mercado negro.

El alcance de las consecuencias de fumar cigarrillos no se llegaría a conocer hasta transcurridos unos cuantos años tras el regreso de todos los soldados que se habían enganchado a la nicotina en la Segunda Guerra Mundial.

Muchos, medio en serio medio en broma, amenazaban con denunciar al gobierno, por haberles incitado al vicio.

Lo cierto es que entre 1940 y 1945, los años de la Segunda Guerra Mundial, el consumo de tabaco aumentó en un astronómico 75 %, con una media de consumo anual que rozó la friolera de 3.500 cigarrillos por persona.

Esta cifra sí que no era para tomársela a risa…

Volviendo a la Coca Cola nos preguntamos:

¿Cuál es el sabor el capitalismo?

Si habría alguna manera de degustarlo, quizás la experiencia más cercana sea el azucarado sabor que queda en nuestra boca, luego de probar la efervescente gaseosa color caramelo.

La empresa símbolo del capitalismo, integrante de la cultura imperial del “americanway of life” (el modo de vida americano) fue creada en 1886, en sus orígenes se vendía como tónico energizante, con dosis de cocaína hasta 1903. De bebida narcótica se ha trasmutado en el brebaje central de la cultura consumista, expandiéndose por Latinoamérica, Medio Oriente e India, zonas en las cuales ha intentado expropiar el patrimonio cultural de las poblaciones, encontrando muchas veces tenaces resistencias.

Coca-Cola nació en 1886 en Atlanta, Estados Unidos, cuando John S. Pemberton mezcló un jarabe de su autoría con agua carbonatada.

Al comienzo, las plantas estaban ubicadas en el centro de Montevideo pero con el tiempo fueron inauguradas otras en el interior del país.

En 1984 se creó la Planta Carrasco, adoptándose la decisión de centralizar en Montevideo toda la producción.

En el año 2005, The Coca-Cola Company adquirió la totalidad de acciones de Montevideo Refrescos, que dejó de ser una sociedad anónima para llamarse Montevideo Refrescos SRL.

En la actualidad, la empresa cuenta con más de 10 centros de distribución propios en el interior del país y con centros de distribución tercerizados, lo que le permite llegar a cada rincón del Uruguay.

¿Qué caracteriza a la Planta de Coca-Cola en Uruguay?

Su principal característica es que se trata de la única embotelladora de Coca-Cola en el país. Montevideo Refrescos ofrece el portafolio más completo del mercado, con más de 70 opciones tomando en consideración todas las marcas y sus variedades de envases.

La planta de la compañía produce más de 260 millones de litros de refresco al año.

La planta Industrial de Montevideo Refrescos S.R.L. tiene 119.634 metros cuatrados o sea casi 12 hectáreas.

Allí se elaboran y embotellan más de 260:000.000 de litros de bebida al año.

Más del 30% de nuestros productos en Uruguay es cero y bajas calorías.
Montevideo Refrescos S.R.L. emplea a más de 900 personas de forma directa y genera más de 4.900 empleos de manera indirecta e inducida.

La empresa con su capacidad de producción post guerra buscó nuevos mercados y les entró en forma comercial muy agradecida.

Pero mi idea era además de las gráficas de ventas y como entra a los mercados la Coca Cola me acuerdo que siendo niño paraba un camión de Coca Cola en cada cuadra de cada barrio y sus empleados golpeaban puerta por puerta, casa por casa y cambiaban por botellas llenas los envases de su producto gratuitamente.

En la escuela venían y nos regalaban una Coca Cola a todos y cada uno.
Venía un ómnibus y nos llevaba a toda la escuela a la calle Palmar casi Boulevar Artigas, frente a lo que es el Pereira Rossell y nos daban un paseo explicativo de cómo se lavaban las botellas, como se envasaban y nos convidaban con una Coca Cola.

En definitiva le entraron al mercado nuestro como lo hicieron en la Segunda Guerra Mundial, claro que la guerra en algún momento iba a terminar, pero acá si la atacan por el azúcar tiene versiones con edulcorantes, hay un elemento que tiene esta bebida por la cual la atacan y con cierta razón y es el poder adictivo que tiene, claro que el mate también lo tiene.

Con los niños y tengo un caso cercanísimo que los padres a mi nieto de 3 años le decían que a él no le daban porque era una bebida para adultos y el pobre angelito acataba y mentalmente archivaba la versión paterna en el casillero del whisky u otra bebida alcohólica, pero los padres no están presentes en todos los cumpleaños infantiles y el rubiecito de ojos celestes la probó y la adoptó y siempre que puede le entra a la chispa de la vida a pesar de sus padres y por su función estimulante.

Claro que si hablamos de estimulantes, peor fue en la guerra de Vietnam que con una paz que tuvo más de derrota que de paz, el ejército americano devolvió a su patria a soldados drogadictos, a sabiendas que se les daban drogas para que soportaran esa guerra infame y en EE.UU. y gran parte de Latinoamérica, los narcotraficantes de parabienes.

Dejo expresa constancia que fui fumador de cuatro cajillas de cigarrillos diarias y hace 15 años que me alejé del vicio por una obstrucción de carótida izquierda y una operación con aplicación de una prótesis de aorta, que la cuento gracias a mi excelente cirujano uruguayo y de la Coca Cola soy consumidor habitual en su versión light.

Este es un artículo de vidas y costumbres y no un aviso a favor de ninguno de los artículos mencionados y deseo que todo sea para bien…

Un comentario en «Placeres uruguayizados»

  • el 23 enero 2015 a las 11:49
    Enlace permanente

    Ja Ja ja…ahora Cristina F dice que lo mataron al fiscal, porque dice que antes les servia a la oposición pero como se habia demostrado que no eran ciertas las denuncias ya no le servia mas y por eso lo mataron ellos mismos.
    Que lio!

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