Recordando a George Harrison en el mes de su nacimiento
Señalamos los grandes hits compuestos por la primera guitarra del ex-beatles que sellaron su reconocimiento creativo en la música para la famosa banda británica.
Revisitar la obra de George Harrison es volver a escuchar la voz más introspectiva de The Beatles.
La primera guitarra del cuarteto británico dejó una gran huella en la música para las futuras generaciones de la música rock.
Aunque durante años pareció quedar a la sombra del liderazgo compositivo de Lennon y McCartney, creció en densidad y belleza hasta colocarse a la par de ambos. Recordarlo hoy implica también reivindicar esa herencia: una sensibilidad musical que maduró disco tras disco y que terminó por regalar algunas de las páginas más luminosas de la historia del rock.
Compitiendo con hegemonía artística de John Lennon y Paul McCartney
Su camino no comenzó con certezas. En los primeros años ni siquiera sus compañeros o el productor George Martin confiaban plenamente en sus condiciones como compositor. Sin embargo, la enfermedad durante una gira lo llevó a escribir Don’t Bother Me, su gran debut como compositor. Y partir de allí, la banda aporta un carácter distinto en sus letras y melodías: menos romanticismo ingenuo y más introspección áspera. Desde entonces, Harrison peleó su espacio en álbumes dominados por la dupla Lennon–McCartney, aportando piezas cada vez más personales.
A mediados de los sesenta su crecimiento se volvió evidente. Canciones como I Need You o Think For Yourself mostraron una sensibilidad melódica en expansión y una curiosidad sonora que se transformaría en marca registrada. Harrison introdujo innovaciones técnicas y exploró influencias que iban desde el folk rock hasta la música india, abriendo puertas que redefinieron el sonido del grupo. Su fascinación por el sitar y su aprendizaje junto a Ravi Shankar no solo ampliaron el universo beatle: ayudaron a que el rock occidental mirara hacia Oriente.
Mayor profundidad y nuevos sonidos
En discos como Revolver o Sgt. Pepper’s, su voz compositiva alcanzó profundidad filosófica y espiritual. Obras como Within You Without You o Love You To consolidaron una identidad que combinaba contemplación, experimentación y una búsqueda trascendente. Paralelamente, el Harrison crítico también emergía en piezas como Taxman, donde la ironía política demostraba que su pluma podía ser tan filosa como reflexiva.
Con el White Album, su creatividad explotó sin restricciones. Allí convivieron su sensibilidad melancólica (Long, Long, Long), su sátira social (Piggies) y su obra maestra emocional (While My Guitar Gently Weeps), reforzada por la colaboración de Eric Clapton. Para entonces ya no cabían dudas: Harrison era un compositor de peso propio dentro del grupo.
En los últimos años de The Beatles, su talento alcanzó reconocimiento definitivo. Logró colarse en la historia grande con himnos como Something, su primer número uno, admirado incluso por Frank Sinatra, y con la luminosa Here Comes The Sun, quizá su legado más universal. Ambas canciones simbolizan la culminación de una evolución silenciosa: del guitarrista relegado al creador imprescindible.
Revisar sus composiciones —sin incluir los covers que interpretó en los comienzos— es celebrar un recorrido artístico que desbordó los márgenes que alguna vez le impusieron. George Harrison aportó espiritualidad, exploración sonora y una mirada emocional única al corazón de los Beatles.
Recordarlo en el mes de su nacimiento no es un ejercicio nostálgico: es un acto de justicia musical. Porque detrás del brillo compartido del cuarteto, su guitarra y sus canciones siguen resonando como una luz propia, persistente, imposible de eclipsar.


Fue un gran talento y todo lo hacía sonar bien pero con poco carisma los Beatles serían muy poco sin él pero él también hubiera hecho poco sin los Beatles. Muy bien en recordarlo.