¿Se cierne la tormenta, o saldrá el sol?

CON REFERENCIA A LA ELECCIÓN DE TRUMP EN ESTADOS UNIDOS LUGAR DONDE NACIÓ LA DEMOCRACIA MODERNA EN 1764, DE LA MANO DE GRANDES HOMBRES COMO JEFFERSON, BENJAMIN FRANKLIN, ADAMS Y MUCHOS OTROS DONDE LA MISMA FUE ABONADA Y REGADA CON LA SANGRE DE OTROS GRANDES, EN MAGNICIDIOS COMO EL DE ABRAHAM LINCOLN, JOHN F. KENNEDY Y ROBERT KENNEDY Y DE GRANDES DEFENSORES DE LOS DERECHOS HUMANOS COMO EL DR MARTÍN LUTHER KING Y UN NO TAN PACIFISTA MALCOLM X, NOS HACE PENSAR, QUE ESOS MÁS DE 200 MILLONES DE HABITANTES, NO PUEDEN ESTÁN TAN PERO TAN EQUIVOCADOS. COMO DIJO EL PAISANO ES MOMENTO DE DESENSILLAR Y ESPERAR QUE ACLARE VIENDO QUIENES INTEGRARÁN EL GABINETE Y LAS MEDIDAS PRIMERAS DE GOBIERNO. TRUMP NO ES ESTADOS UNIDOS, NI SIQUIERA ES EL PODER QUE MANDA, EN ESE PAIS TAN GRANDE Y PODEROSO, SIMPLEMENTE ES UN PRESIDENTE MÁS. QUE LA HISTORIA ILUMINE A LOS CONDUCTORES DE DICHA NACIÓN.

El presidente electo de Estados Unidos ha tenido palabras fuertes en contra del gobierno venezolano, y contra todo el que estuviera cerca suyo o lejos y ha asegurado que hay que “solidarizarse con los oprimidos por el socialismo” en el país.

Hace dos mil años el alarde más orgulloso era “civis romanus sum”.
Dijo John F. Kennedy: “Hoy, en el mundo de la libertad, el alarde más orgulloso es “Ich bin ein Berliner”. ¡Agradezco a mi intérprete la traducción de mi alemán! Hay mucha gente en el mundo que realmente no comprende, o dice que no comprende, cuál es la gran diferencia entre el mundo libre y el mundo Comunista. Dejad que vengan a Berlín. Hay algunos que dicen que el Comunismo es el movimiento del futuro. Dejad que vengan a Berlín. Y hay algunos pocos que dicen que es verdad que el Comunismo es un sistema maligno pero que permite nuestro progreso económico. Lasst sie nach Berlin kommen Dejad que vengan a Berlín”.

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, ha asegurado en sus menciones a Venezuela que el país “ha sido llevado a la ruina” por el gobierno de corte socialista que dirige al país desde 1999.
John F. Kennedy dijo: “Entonces, compatriotas, no pregunten qué puede hacer su país por ustedes, pregunten qué pueden hacer ustedes por su país.
Conciudadanos del mundo, no pregunten qué puede hacer Estados Unidos por ustedes, sino qué podemos hacer juntos por la libertad del ser humano.

Por último, sean ustedes ciudadanos de Estados Unidos o del mundo, exijan de nosotros los mismos altos estándares de fortaleza y sacrificio que exigimos de ustedes.los venezolanos “son un gran pueblo”.
El 29 de julio, Trump dijo durante la convención Republicana en Cleveland, que si Hillary era electa como presidente, “elegirá a jueces de izquierda para integrar la Corte Suprema de Justicia y Estados Unidos se convertirá en Venezuela”.
“Venezuela es un país rico en recursos, vibrante y bello, lleno de gente trabajadora e increíble. Pero Venezuela ha sido llevada a la ruina por los socialistas”, dijo el 17 de septiembre en un mitín que realizó en Miami para atraer al voto latino. “El próximo presidente de Estados Unidos debe solidarizarse con toda la gente oprimida en nuestro hemisferio y yo defenderé a los venezolanos oprimidos que desean ser libres”.
El 13 de agosto, en una entrevista que brindó al Miami Herald, Trump dijo que “sus líderes [los de Venezuela], no son muy amistosos con nuestros líderes; pero claro, nuestros líderes tampoco se llevan muy bien con muchas personas”. En esa misma nota, elogió a Chávez al decir que “tomó en cuenta a mucha gente ignorada”.

Los pueblos no se equivocan hoy en día. Son sus gobernantes o los políticos los que no saben interpretarlos, e incluso, la victoria de Trump pone en evidencia el papel de los medios de comunicación, sus sesgos, su tendenciosidad, la cruda manipulación emocional con intencionalidad económica, pero sobre todo, evidencian el menosprecio a las mayorías.
Estoy seguro que Bernie Sanders hubiese cuando menos hecho un mejor desempeño que Hillary Clinton. Esto lo digo por el hecho de que estudios de opinión en plena campaña demócrata, cuando coreaban candidato por candidato de sus primarias con Trump, el único que demostraba tener la capacidad de ganarle a Trump era Sanders, sin duda el mejor candidato, aunque partiendo del principio inicialmente planteado. Quizás a Sanders le faltó algo más de realismo político para ganarle a Hillary y “los pueblos no se equivocan”.

No me gustará Trump, pero sí debo reconocerle que logró una conexión con ese pueblo estadounidense que Hollywood no refleja porque no comprende ese pueblo profundo, invisibilizado, del que no se habla, pero se refleja en las urnas electorales, el que no responde a los intereses financieros de un sector que representaba Hillary, y que seguramente tampoco responde al sector que representa Trump, pero él no los involucró en eso, porque al final se basó en el constructor de frankensteins más tecnificada del mundo, el marketing político, herencia de la escuela de las ciencias políticas norteamericana.

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Al final, desde mi perspectiva daba igual quien ganara en cuanto al curso de la historia de los gobiernos de los Estados Unidos de América, ya que seguirá siendo el mismo sistema, sólo que con un timonel irruptivo. Sin embargo, no dejó de sorprenderme cómo los pueblos, incluso el más alienado por los medios de comunicación puede resistir y reaccionar, demostrando que existen poderosos reflejos de rebeldía ante los fenómenos de control de masas inducidos por el poder económico en combinación con los intereses de los medios.
Trump no cambiará el sistema, lo profundizará, pero ha sido producto de una reacción del pueblo estadounidense en el marco del despertar de los indignados en el mundo, que andan enviando mensaje al sistema, y ha llegado al imperio. Lo que aún no existe es una conducción política que logre darle una verdadera interpretación a estos cambios, entre otras cosas porque los sistemas electorales en el mundo cada vez más son insuficientes para poder expresar lo que la gente realmente quiere: El Brexit, el 6D en Venezuela, el “No” en Colombia, y de seguro los próximos fenómenos electorales en el mundo deberán ser descifrados, antes de que la gente se agote de exigir que sean interpretados adecuadamente.

Ich bin ein Berliner (trad. del alemán: “Soy berlinés” o “Soy ciudadano de Berlín”) es una famosa cita realizada por el presidente de Estados Unidos John F. Kennedy el 26 de junio de 1963 en Berlín Occidental en el balcón del edificio del ‘Rathaus Schöneberg’ con motivo del decimoquinto aniversario del bloqueo de Berlín impuesto por la Unión Soviética con el consecuente levantamiento del muro de Berlín (13 de agosto de 1961), indicando la solidaridad hacia los habitantes de Berlín.

Esto viene al caso por lo que sigue.
A 27 años de la caída del Muro de Berlín, vence el hombre que quiere construir uno nuevo

Entre el 9 y 10 de noviembre cayó el Muro de Berlín. Con este, se despolomó el “telón de acero”, uno de los puntos más oscuros en la línea que comprende la historia escrita. 27 años más tarde, todavía se habla de edificar nuevos muros.
En la madrugada del 9 de noviembre, aniversario de la caída del muro de Berlín, triunfó el hombre que quiere levantar el muro más grande y sólido del mundo: Donald Trump.
El presidente electo de Estados Unidos prometió erigir un “impenetrable, físico, alto, poderoso, hermoso muro sureño” entre México y EEUU. Esa frontera mide 3.100 kilómetros, más o menos el mismo tamaño de la ironía que supone que en este aniversario, la victoria se la llevara -y por bastante- el magnate cuyo discurso busca dividir y discriminar.
La noche en que Berlín volvió a ser una -esa de 1989-, los alemanes que fueron forzados a estar separados durante 28 años vivieron el desplome del paredón como uno de los pocos capítulos felices de su historia, desde 1914. Hoy el sueño de una nación alemana, sin diferencias entre sus ciudadanos, se continúa construyendo, mientras que en Norteamérica aparece la sombra de una nueva pared.
Trump comenzó su campaña definiendo a los inmigrantes mexicanos como “violadores”. Cuando notó que él mismo encarnaba el resentimiento de los votantes blancos estadounidenses, la concluyó con comentarios antisemitas sobre “los protocolos de los ancianos de Zion”.
Los ocho años de Barack Obama parecían gritarle al mundo que Estados Unidos era un país plural, donde el sueño americano era posible. Sin embargo, y a la vista de los resultados, el racismo y la misoginia esperaban sigilosos para hacerse visibles el día de las elecciones, a los adversarios demócratas del empresario. Fue Internet la cueva preferida, donde los artículos argumentados tenían igual o menor peso que los de la extrema derecha (exagerados y sin respaldo bibliográfico). Esto fue un punto explotado por el publicista y director de campaña de Trump, Steve Bannon.
Republicanos de pura cepa como el expresidente George W. Bush y el ex candidato a la presidencia, Mitt Romney, no apoyaron al candidato de la casa, pero eso no desalentó al ex ancla del reality show The Aprentice. Al contrario, sumó más seguidores. En consecuencia, no ganó el partido del elefante. El triunfo es solo de Trump.
Los días que vienen estarán repletos de análisis sobre el respeto a la decisión de la “sabia mayoría”. Se olvidarán las declaraciones del nuevo habitante de la Casa Blanca, que bien podrían calar en un discurso nazi o en el de los fascistas italianos. Pasarán por alto su retórica demagoga. E ignorarán el hecho de que en el tercer debate presidencial, Trump no se comprometió a aceptar los resultados de las elecciones si perdía porque los comicios -que ya se metió en su amplio bolsillo- estaban “amañados”.

35 millones de mexicanos viven en Estados Unidos. Representan 63% de la comunidad hispana, entre otras razones porque son vecinos. ¿Esa cercanía se romperá por un muro que costará, según Trump, 12 mil millones de dólares? Ingenieros especializados e investigadores en la materia aseguraron a la BBC que los costos son, por mucho, más altos. “Construiré una gran muralla, y nadie construye muros mejor que yo, créanme, y lo construiré de forma barata”, aseguró el entonces candidato en uno de los eventos de campaña.
El dinero que se emplearía en esa obra se pudiese invertir en asimilar a los inmigrantes que llegan a EEUU en búsqueda de una mejor vida, creyendo que son bienvenidos. Aunque en realidad no lo son, si tomamos en cuenta la predilección del pueblo norteamericano.

Lo que parecía ser una campaña temporal de “branding” terminó coronando a un misógino y racista. La elección de Donald Trump como primer mandatario de Estados Unidos será reseñada en los libros de historia de la misma forma que la construcción del Muro de Berlín: como un capítulo oscuro. Sería demasiado esperar que los americanos entiendan que un muro deja heridas más profundas que las del terreno que atraviesa.
Sin duda la memoria de los estadounidenses dura menos que un capítulo de las Kardashians.

2 comentarios en «¿Se cierne la tormenta, o saldrá el sol?»

  • el 11 noviembre 2016 a las 10:05
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    ja ja ja nadie daba un peso por Trump el loco vino de atras y se los llevo a todos puestos,
    hay que ver lo que hace ahora a mexico le toca hacer un muro con plata de los mexicanos va aprohibir la entrada de extranjeros y revisar todos los negocios que hizo los E.U creo que por eso lo votaron tanto.

  • el 11 noviembre 2016 a las 18:43
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    Los mexicanos y demás latinos con derecho a voto, no se consideran latinos sino que se consideran TAN norteamericanos como los demás. Por el contrario no quieren que entren más latinos porque los pueden perjudicar a los que ya son ciudadanos. TRUMP es el Presidente, pero los que mandan son los que están atrás.
    No nos comparemos con ellos acá vota un elevado porcentaje y allá se votan electores y no a los propios candidatos.

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