Sobre ignorantes en general

Por Lorenzo Olivera
Carta de una Profesora de un instituto público de España con acertadísima y lapidaria frase final. Yo no soy víctima de la Ley Nacional de Educación.

Tengo 60 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política.
En jardín (así se llamaba entonces lo que hoy es «educación infantil», mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente:
la A de «araña», la E de «elefante», la I de «iglesia» la O de «ojo» y la U de «uña».
No con ese complejo infantil con que nos educaron a los orientales con aquel “ojo” “ala” “pala y de haí que el ex Presidente Mujica nos haya calificado como poco laburadores en varios ámbitos, tanto nacionales como internacionales, aunque yo a él el único empleo que le conocí fue de Presidente de la República.
Luego en el liceo, estudiábamos Historia de Universal, Naciontal, Francés, Inglés, Literatura y Filosofía y alguna otra materia por el estilo.
Leímos El Quijote de la Mancha y el Lazarillo de Tormes; las «Coplas a la Muerte de su Padre» de Jorge Manrique, y altunos autores nacionales como Rodó, Vaz Ferreira, la Ilíada, la Odiesa, etc….

Pero, aprendimos a hablar y a escribir con cierta corrección, suprimiendo el vos y el diptongo y la tilde en querés en lugar de queréis, etc..
Aprendimos a entendernos con nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura.
Y.. vamos con la Gramática.
En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales.
El participio activo del verbo atacar es «atacante»;
el de salir es «saliente»; el de cantar es «cantante» y el de existir, «existente».
¿Cuál es el del verbo ser? Es «ente», que significa «el que tiene identidad», en definitiva «el que es».

Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación «ente».
Así, al que preside, se le llama «presidente» y nunca «presidenta», independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción, a pesar de la Sra. Fernández de Kirchner que le gusta ser presidenta.

De manera análoga, se dice «capilla ardiente», no «ardienta»; se dice «estudiante», no «estudianta»; se dice «independiente» y no «independienta»; «paciente», no “pacienta»; «dirigente», no dirigenta»; «residente», no «residenta”.
Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son «periodistos»), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española?
Creo que por las dos razones.
Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hace más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).
Les propongo que pasen el mensaje a vuestros amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no «ignorantas semovientas», aunque ocupen carteras ministeriales).

Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto.

Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!

Porque no es lo mismo tener «UN CARGO PÚBLICO»
que ser «UNA CARGA PÚBLICA».
Pero estamos con una epidemia de género, si de géneros, tanto en el habla como en las actividades de la vida.
El otro día un anciano de 88 años mató a su esposa de 87 años y salieron en la prensa con el tema de la violencia doméstica.
No fue un caso de “demencia senil”, sino de violencia doméstica, en un afán de torcer las cosas, el viejo estaba chocho y mató a la mujer como podría haber colgádose él de una rama de un árbol o matado a su propio perro que tal vez eso sería un caso más claro de violencia doméstica, porque el perro es un animal domesticado.
Ni una menos
El título de este artículo se muestra incorrectamente debido a limitaciones técnicas.

Ni una menos fue una multitudinaria marcha de protesta en contra de la violencia contra las mujeres que se dio en varias ciudades de Argentina, Chile y Uruguay el 3 de junio de 2015.
En 1995, Susana Chávez Castillo escribió un poema con la frase «Ni una muerta más» para protestar por los feminicidios en Ciudad Juárez. La poetisa terminó asesinada en 2011 por su lucha de los derechos de las mujeres.
Un grupo de periodistas militantes tomó esa expresión y la convirtió en «Ni una menos», es decir, ni una mujer menos víctima del feminicidio, para utilizarla como convocatoria para la movilización.

Debido a la situación alarmante que generaban los femicidios en la Argentina, un grupo de mujeres comunicadoras difundieron por Twitter la idea de reunirse frente al Congreso de la Nación.
A pesar de que el tema fue iniciado por un grupo de feministas y publicitado en revistas feministas, fue apoyado por todo tipo de personas indistintamente de su género.
Al comienzo se trataba de un evento feminista, pero el tema rápidamente se viralizó y tomó trascendencia internacional.
La convocatoria se realizó principalmente a través de las redes sociales. Numerosas figuras públicas se adhirieron, incluyendo jugadores de fútbol, actores, artistas, periodistas, deportistas, dirigentes políticos, ONGs, sindicatos, famosos y personajes mediáticos.
El objetivo fue visibilizar la grave problemática de la violencia hacia las mujeres, en especial el asesinato y el feminicidio.

Se reclamó que ya no haya más víctimas de violencia de género y se pidió que las instituciones brinden los instrumentos necesarios para garantizarlo.
Ni una menos, multitudinaria marcha contra la violencia de género en Buenos Aires
Hubo masivas marchas en más de cien ciudades a la misma hora.
En Buenos Aires se trató de una convocatoria multitudinaria frente al Congreso de la Nación con más de 300.000 personas, hombres, mujeres y niños.
Pero figuras jurídicas tenemos al uxorcidio, que es la muerte de la esposa por el marido y feminicidio, es muerte de una mujer, que se está buscando con tanta determinación idiomática en el derecho penal.
El feminicidio entra en la esfera de la violencia contra la mujer, pero también toma otras formas. Aunque existen otros casos como una mala o falta de atención médica durante el embarazo o el parto que pueden acarrear la muerte de la madre.
En algunos países como China e India, las estadísticas muestran un ratio de hombre a mujer de 120 hombres por cada 100 mujeres.

Sumado al aborto selectivo, el femicidio también toma la forma de infanticidio, y la violencia en contra de la mujer en algún estado de su vida.
Diana Russell utilizó el término femicide por primera vez en 1976 ante el Tribunal Internacional sobre los Crímenes contra la Mujer en Bruselas, para definir las formas de violencia extrema contra la mujer.
La misma Russell, junto con Jane Caputi, redefine este concepto en 1990 como “el asesinato de mujeres por hombres motivado por el odio, desprecio, placer o sentido de posesión hacia las mujeres”.
Un gran aporte de Russell y Caputi fue visibilizar que los motivos por los que históricamente se han asesinado personas debido a su raza, nacionalidad, religión, origen étnico u orientación sexual, son los mismos por los que se asesina a las mujeres y de este modo enmarcan el femicide como un crimen de odio.

Según el Observatorio Ciudadano Nacional sobre Feminicidio de México, el feminicidio se refiere al asesinato de mujeres por parte de hombres que las matan por el hecho de ser mujeres.
Los Feminicidios son asesinatos motivados por la misoginia, porque implican el desprecio y el odio hacia las mujeres; y por el sexismo, porque los varones que las asesinan sienten que son superiores a las mujeres y que tienen derecho de terminar con sus vidas; o por la suposición de propiedad sobre las mujeres.
El feminicidio comprende toda una progresión de actos violentos que van desde el maltrato emocional y psicológico, los golpes, los insultos, la tortura, la violación, la prostitución, el acoso sexual, el abuso infantil, el infanticidio de niñas, las mutilaciones genitales, la violencia doméstica y toda política que derive en la muerte de las mujeres, tolerada por el Estado.
El feminicidio, parte del bagaje teórico feminista, procede tanto de las autoras Diana Russell y Jill Radford en su obra Femicide. The politics of woman killing como por Mary Anne Warren en 1985 en su libro Gendercide: The Implications of Sex Selection. Ambos conceptos fueron castellanizados por la política feminista mexicana Marcela Lagarde como «feminicidio», siendo adoptado este término, tras un largo debate, frente al término «genericidio».3 4
Diferencias entre el homicidio y el feminicidio.

Isabel Claudia Martínez Álvarez sistematizó las diferencias entre el homicidio y el feminicidio.
Homicidio:
• Existe un bien jurídico tutelado, la vida.
• Es instantáneo, es decir, son excepcionales las acciones fuera de tiempo a la comisión del delito.
• El sujeto pasivo no requiere una calidad específica del sujeto activo o pasivo.
• En los casos específicos como homicidio calificado se tiene que hacer un análisis de las calificativas, por lo general, alevosía, premeditación y ventaja, las cuales contienen elementos subjetivos que quedan a la interpretación del operador jurídico que las interpretará.
• En el caso del homicidio se parte de la premisa de que éste puede ser doloso o culposo, es decir, se parte de la voluntad del sujeto activo para acreditar la conducta.
Feminicidio:
• Existen diversos bienes jurídicos tutelados: la vida, la dignidad, la integridad, entre otros.
• El delito se configura una vez que se priva de la vida a una mujer y se actualiza una de las hipótesis que se puede generar antes o después de la privación de la vida de una mujer.
• El sujeto pasivo tiene como calidad específica el hecho de ser mujer.
Para la acreditación de la hipótesis que acredita el delito no se requiere de medios comisivos, pues las razones de género no son medios comisivos.
• Se requiere la realización de una o varias conductas, la última conducta puede ser la privación de la vida o viceversa.
• Es un delito que en sí mismo es doloso, esto es por las conductas realizadas y por los bienes jurídicos tutelados diversos.
Diferencias entre el femicidio y el feminicidio en Argentina
Marcela Lagarde definió el acto de asesinar a una mujer, sólo por el hecho de su pertenencia al sexo femenino, como «feminicidio», pero intentando dar a este concepto un significado político para denunciar la inactividad, con claro incumplimiento de las convenciones internacionales, de los Estados, en una lucha eficaz, contundente, sería e inflexible contra estos brutales crímenes y sus autores, y , así, eligió la voz feminicidio para denominar al conjunto de hechos que contienen los crímenes y las desapariciones de mujeres cuando concurra, el silencio, la omisión, la negligencia, la inactividad de las autoridades encargadas de prevenir y erradicar estos crímenes.
Hay feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas en la comunidad, en el hogar, ni en el lugar de trabajo, en la vía pública o en lugares de ocio.
En la misma línea, pero ampliando aún más el concepto al incluir bajo tal terminología no sólo la muerte dolosa sino otros actos de violencia previa, Julia Monárrez dice que «El feminicidio comprende toda una progresión de actos violentos que van desde el maltrato emocional, psicológico, los golpes, los insultos, la tortura, la violación, la prostitución, el acoso sexual, el abuso infantil, el infanticidio de niñas, las mutilaciones genitales, la violencia doméstica y toda política que derive en la muerte de las mujeres, tolerada por el Estado».
Teniendo en cuenta lo anterior, es evidente que estamos ante términos complementarios siendo el Femicidio, el homicidio o asesinato de la mujer por el simple hecho de pertenecer al sexo femenino y Feminicidio, el conjunto de femicidios, en una situación de absoluta o patente inactividad de los Estados para la persecución y evitación de tales crímenes.
A este último concepto se están refiriendo las diferentes Organizaciones internacionales cuando al definir la violencia de género se refieren a la violencia tolerada o perpetrada por el Estado y sus agentes.

El feminicidio es el más grave y condenable acto de violencia contra las mujeres, que no solo implica un acto de barbarie, sino uno de los síntomas más claros de una sociedad históricamente desigual.
Una de las posibles explicaciones señalan que el feminicidio no solo se circunscribe al acto homicida, sino a un contexto más complejo que incluye la trama social, política, cultural y económica que lo propicia, Monárrez (2009); apuntando a las relaciones de poder de una sociedad masculinizada, que mediante estructura, propaganda, ritos, tradiciones y acciones cotidianas, confirman el sometimiento de las mujeres.
La afirmación de la virilidad mediante la sexualidad vinculada al poder, al control, la dominación y el sometimiento, da pie también al castigo y la humillación.
En nuestro país se dio hace unos días que una ciudadana uruguaya, adoptó la religión del islam y contrajo aparentemente nupcias con uno de los ex habitantes del penal de Guantánamo, pero acá no hay un imán para que contraigan matrimonio de acuerdo a la ley islámica y denunció el obispo de Maldonado que había un mero concubinato.
La igualdad de la mujer y el hombre en el islamismo es muy distinta a la del cristianismo, del judaísmo y de los laicos en nuestro país.

Esperemos que no haya que lamentarse de nada especial en tal sentido y que en vez de tanta distinción entre los géneros de las víctimas, se erradique de una vez por todas, la violencia en nuestra sociedad.

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