Todo un personaje

Por COMOUSTÉ
Retomaremos a uno de los personajes del artículo publicado el 28 de agosto de 2014, con el título de “Voluntarios Uruguayos”, el amigo que dirigió el tiro de mortero que casi nos deja, en aquel entonces, sin el futuro Presidente Gestido, el cual fue un destacado Presidente de la República a pesar del poco tiempo que ejerció el cargo, una caballero que siguió viviendo en una casa vieja, humilde pero decorosa en la calle Gabriel A. Pereira y Presidente Gestido, antes Canelones y su señora esposa, doña Elisa, maestra de profesión, salía todas las mañanas a lavar la vereda de su casa.

personaje-242-1_435x326No creo que sea necesario que todas las esposas de Presidentes deban lavar la vereda, ni ser maestras, pero a muchas compañeras de presidente no les vendría mal ese toque de humildad, de servicio o de cultura.

No donaba su sueldo a nadie, porque lo necesitaba para vivir, pero el cargo no le engrosaba sus ingresos mucho, porque el gozaba del retiro bien ganado de un General de la República.
El personaje de este artículo es el que dirigió el tiro, llamémoslo don Juan, era un profesional universitario, con una educación y una cultura al estilo París 1890.
Con un montón de modismos al hablar o cuando se encerraba en sí mismo y pensaba en voz alta y decía: “No deberíamos haber nacido”.
No es una frase hueca, sino que la misma tiene un profundo contenido, que un psicólogo o psiquiatra se haría una panzada con el tema, narrado por uno de sus pacientes.
No nacer es en definitiva no existir en absoluto, con esa frase desarmaba en forma total el “pienso luego existo”.
Tenía una posición económica muy solvente, claro que no la había hecho él, sino que la había heredado y la gastaba sin misericordia, no en b eneficio propio sino por lo general de terceros, pero sola se seguía reproduciendo y eso que tenía una colección de mangueros en la vuelta, que en cuanto se descuidaba lo pechaban o les daba antes para evitar que lo pecharan.

Casado y sin hijos.
Le tenía terror a los inyectables y del dentista mejor no hablemos.
Siendo yo un chiquilín le recomendé a una veterana del barrio, con una mano que daba las inyecciones y uno, ni se enteraba y él cuando venía a que lo inyectara, le decía “Doña María cuando yo sea viejito quiero que me atienda Ud. y no deje que me de las inyecciones cualquiera y cuando muera quiero que Ud. me cierre los ojos.”
Con el dentista era otro drama, el mío era un catedrático de la facultad y un investigador en la materia, a tal extremo, que estuvo ensayando y lo concretó de hacerles una prótesis bucal a las vacas de tambo, para que siguieran pastando y produciendo leche cuando se les gastaban los dientes y por lo tanto ganar dos o tres años más de producción lechera y no empezar,una vez terminado el tiempo útil anterior, con vaquillonas y pocos litros, sino seguir produciendo con vacas hechas y derechas y mandarlas al matadero cuando ya no quedaran más preñadas y no porque se les gastaran los dientes.
Muchos colegas suyos decían que estaba loco por hacerles prótesis dentales a las vacas, claro pensaban en los costos que le cobraban a los humanos y no una producción en serie industrial para semovientes.
Volviendo a don Juan, el odontólogo me decía que él había atendido a enfermos sacados de hospitales psiquiátricos y no tuvo los problemas que le armaba mi personaje.
Veía la máquina, mejor dicho el torno y ya empezaba a temblar y los manotazos y los ayes de dolor, por cierto antes que le tocara la broca una muela, eran quejas anteriores al dolor por las dudas si llegaba a dolerle.
Lo conocí en un viaje a Durazno, él se había sentado en el asiento del fondo del ómnibus, ese que usan el chofer o el guarda, para dormir un rato, antes de pegar la vuelta para la capital.
Estaba disertando sobre la I Guerra Mundial o Gran Guerra o Guerra de las Trincheras, llámenle como quieran, con una erudición total, rodeado de estudiantes y gente joven, no porque les interesara el tema ni para enterarse de algo, sino para pasar el rato y de ser posible hacerse la astilla con un tipo tan especial.
En definitiva el único que estaba escuchando con interés y callado la boca era yo, porque tengo esa mentalidad, que todo me interesa y cuando habla alguien, que aparentemente sabe, yo paro la oreja.

El resto de la estadía en Durazno no lo volví a ver, pero grande fue mi sorpresa cuando a la semana o quince días voy a dar mi primer y único concurso de mi vida, y me lo encuentro al rato haciendo el dictado y dando el tema de la redacción.
Por supuesto que no me conoció, porque no habíamos intercambiado palabra alguna, pero yo a él lo saqué enseguida porque era inconfundible.
Gané el concurso que me significó trabajar 40 años en el mismo lugar y él había sido de los fundadores de la empresa.
Cuando me presento a trabajar, me ponen en contaduría y al rato viene el Administrador y me preguntó qué era lo que yo estudiaba y en mérito a ello me cambió de sección y me puso en la que este hombre era el jefe.
Cuando yo ingresé nadie se tuteaba y los jefes habían sido compañeros de clase en facultad, era una empresa de viejos, que cualquier cosa por pequeña que fuera, daba lugar a ofensas, ofendidos y poca conversación.
Seis meses antes habían ingresado seis muchachos jóvenes y cuando ingresé, también lo hizo el que salió segundo en el concurso.

Al poco tiempo se notaba el aire fresco, hasta se hacían chistes entre ellos y uno bien veterano se integró totalmente con nosotros y nos seguía en todas las chanzas.
Eran hombres de otra época, por ejemplo, cuando joven él estudiaba dos carreras paralelas y resulta que perdió un examen de una de ellas y automáticamente abandonó la carrera en que había fallado en un examen.
No creía en dar varias veces una misma materia, claro que teníamos a uno que había dado el examen final ocho veces y se podía dar una sola vez por año.
Conocí a otro que también estudiaba las dos carreras y dio la casualidad que nuestro personaje en la mesa de examen, lo bochó.
Se conocían de toda la vida, pero le retiró el saludo y el trato y ambos lo hicieron de por vida.
Un querido profesor de mi época, bah… no muy querido porque bochaba gente abierto, dio concurso para obtener la cátedra de una materia y salió segundo.
Se fue a la casa a buscar un revólver y estuvo esperando a un miembro del tribunal para zanjar su honor, pegándole un tiro al que lo había postergado un lugar en la nómina de los concursantes.
Nadie se planteó si ser segundo era una vergüenza, había que ser necesariamente primero por respeto a si mismo.

Los compañeros cuando se dieron cuenta de cómo venía la mano lo desarmaron al que, con el tiempo, fue el decano de esa casa de estudios, claro que eran otros Pérez y con el decano, cuando fue exdecano éramos como chanchos de mismo chiquero, a pesar de la diferencia de edad, me mandaba a buscar a mi local laboral, por el mozo del boliche de la esquina, para tomar unos whiskys a la hora del cierre y en verano a tomarlos en el balcón sobre la principal avenida.
El ex decano será personaje en algún otro artículo que escribiré oportunamente.
Los tiempos cambiaron desde el entonces de aquellos, a mi época, en que un profesor había bochado en su materia a un alumno, el cual lo quedó esperando a la
hora de entrada en la puerta de la Facultad para darle una trompeadura.

Aquí fue donde el profesor tapó al estudiante
Llega el profesor con ambas manos cargando un montón de libros y el bochado se le fue a los bifes y el profesor tiró los libros al suelo y le dio un montón de trompadas al estudiante, que se lo tuvieron que sacar los compañeros, porque ya había ligado bastante el imprudente, a pesar de ser mucho más joven y atlético que el profesor.
Hoy copiar no es una estafa ni da vergüenza, es viveza, antes era inmoral.
Laboralmente, con quien fue mi jefe unos doce o trece años, nos entendíamos perfectamente, yo le conocía todas las mañas a él y él me había junado las mías.
Por su forma de ser cosechaba amores u odios, no había empates, nadie lo ignoraba.
Había un colega que venía al mostrador para hablar con él, y decía está “el tarado Fulano” y mi jefe sentía, pero se hacía el tonto y me decía “él me dice tarado a mí y yo le digo tarado a él, y lo más probable es que ambos tengamos razón”.
Teníamos un portero que era negro, buen físico, y el jefe decía que “era un bello ejemplar de la raza humana”.
Cuando el negro hablaba en esa jeringonza inentendible, el jefe le decía “¿Ud. me está hablando en papúa?”.
Un día el jefe le dijo algo al portero y éste no lo entendió y se le dio vuelta al jefe y le dijo: “¡Ud. no me hable en papúa!
No se pudo enojar porque la carcajada fue general y se habían faltado el respeto mutuamente.

Cuando alguien le preguntaba ¿cómo le va? él entre dientes me decía ¿y si me fuera mal, este desgraciado haría algo por mí? ¡¡¡Pregunta por preguntar!!! Y en la generalidad de los casos es así como él decía, todos los que preguntan por cumplido ¿están dispuestos a echar mano al bolsillo?
Él lo hacía frecuentemente mirando poco a quién.
Cuando pasábamos algo a máquina de escribir, él pedía el original para corregirlo y si había alguna borradura él la marcaba con una birome roja, moraleja había que hacer toda la página de nuevo o mejor hacerlo bien de primera.
Exigía pero era generoso.
Si había que quedarse a comer por el trabajo, no era un refuerzo de mortadela, sino que se almorzaba en Morini y pagaba él de su peculio y podíamos pedir lo que quisiéramos que por lo general era un entrecottea las brasas (750 grs. de carne) y de postre un manjar del cielo.
Resulta que había una damita joven en la vuelta y alguien se tomó la molestia de hacer que su mujer se enterara.
Tuvo cálculos en la vesícula y lo tuvieron que operar.
Lo fui a ver al sanatorio y todavía estaba bajo los efectos de la borrachera de la anestesia o el pentotal y mano a mano le pregunté ¿y cómo está?
Bien, todavía puede aparecer algún coagulo de la operación que me haga una trombosis, ¡¡¡pero me interrogó mi mujer y no le largué nada!!!
Su señora madre que era viuda y con una buena disposición de dinero, un domingo fue él y su esposa a almorzar con ella.

Todo normal y cuando terminó el almuerzo se retiraron para su casa.
Cuando llegaron, le llamó la empleada que su madre se había pegado un tiro en la boca y había muerto.
Esa señora tan especial, le dejó un sobre con una cantidad de dólares y una esquela que decía “Ahora te puedes ir a Europa”.
Esa señora lo marcó mal a su hijo, pero él era una persona muy inteligente y llegó a tener un cargo de Presidente Honorario de la Unión Internacional de nuestra profesión.
Siempre hizo gremialismo, pero era una época en que se luchaba por el gremio y no por cargos políticos, ni se politizaba el gremialismo.
Él era de derecha pero se llevaba perfectamente bien con los de izquierda y la cosa era recíproca, pero en todo el gremio era muy similar, salvo honrosas excepciones.
Un individuo de una moral dudosa, que el tiempo nos confirmó que no era dudosa, sino que era simplemente un inmoral, que terminó clavando a toda la familia, empezó a difamar a este buen hombre.
Era una competencia personal, ayudada por algún tercero de mala fe, al cual en una asamblea, este señor París 1890, no le dijo h de p, sino le dijo cara a cara “mal nacido”.
Empezaron a hacer correr la bola que don Juan había dispuesto para si dineros del gremio, cosa que era absolutamente innecesaria porque él era no sólo multimillonario sino además honesto, más dos estancias y campos, sino que además era de una vida ordenada, vivía y gastaba dentro de sus posibilidades y si hubiera necesitado algún dinero especial, lo bancos lo esperaban de brazos abiertos.
Lo vi que andaba medio raro, pero los rumores no me habían llegado y es lógico, los rumores no se le hacen llegar a la mano derecha del ofendido.
No obstante ello, un día, lo agarro y le digo “Ud. no estará por hacer una macana”.
-“No mire mi amigo yo voy a morir de viejo en la boardilla de mi casa de Punta del Este leyendo mi colección de revistas”. “A la salida vamos a tomar algo”
A última hora me llamó por el interno y me dijo que un amigo de su pueblo, al cual yo conocía, había venido a verlo y que al día siguiente nosotros iríamos a tomar lo convenido”.

A la hora de salir, tomé mi automóvil y me fui para mi casa y al rato de haber llegado me llamó el presidente de la gremial para decirme que don Juan se había pegado un tiro y que lo llevaban para el Clínicas.
Aquél que le tenía terror al torno del dentista, con un 32 mm prestado se había levantado la tapa de los sesos y no estaba doña María, la de los inyectables para cerrarle los ojos.
En todo esto hay algo patológico, claro que sí, pero no hay que darle el por qué a un eventual suicida para que se mate.

Me vine como trompada al Clínicas y demoró 4 horas en terminar de morirse.
Estaba solo en su despacho y mandó a un portero para que le avisara que staba toda la gremial reunida.
Un compañero, se había quedado estudiando y sintió un ruido fuerte al que atribuyó un golpe del ascensor y cuando llegó el jefe estaba sentado en una silla, en mangas de camisa, con un pañuelo en la boca, sangrando y le tendía un papel en el que estaban sus disposiciones de última voluntad como ser el velatorio, el entierro, previamente al tiro había colocado el saco sobre el respaldo de una silla para que no se ensuciara con sangre.
Todo ello cuando estuvo reunida la gremial en pleno un par de pisos más arriba.
A los tres o cuatro días, comparecieron ante la gremial, personas a las que él había contratado para que comprobaran su situación patrimonial y una auditoría sobre los fondos que el tuvo que administrar transitoriamente.
No había faltante ni irregularidad de ninguna especie.
El difamador, murió en la miseria, luego de haber arrastrado a su familia a contraer obligaciones económicas muy importantes.

Recuerdo que mi vieja cuando yo era muchacho siempre me decía, “no adquieras vicios que no puedas mantener…” claro que el dicho no va para mi amigo jefe, sino para el difamador que hoy tampoco está sobre la superficie de la tierra porque tuvo un mal y merecido fin… Que todo sea para bien…

6 comentarios en «Todo un personaje»

  • el 9 octubre 2014 a las 23:19
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    HORRIBLE________HORRIBLE__PARECE UNA HISTORIA DE GASTER ITALIANOS______LOS TANOS MATONESHACIAN ESO__VOS TE TENIAS QUE LIMPIAR PARA CUIDAR A TU FAMILI….____

  • el 11 octubre 2014 a las 22:30
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    CHACHO POR FAVOR LEE EL ARTÍCULO FRESCO Y DESPUÉS OPINÁ. CON QUE TE DISTE, SE TE ENTREVERÓ LA MADEJA FEO.

  • el 12 octubre 2014 a las 00:42
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    JEJEJEJE_________RAMON______NO OFENDI A NADIE___SI NO TE GUSTA LO QUE OPINO—MIS DISCULPAS——-QUE LO QUITEN Y YA———PERO NO SEA AGRESIVO———–SALUDOS——-

  • el 12 octubre 2014 a las 01:14
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    A Comouste no!! Afloja chachito.jajajajaja….estas historias son tremendas, dramáticas y vivencias de alguien que escribe en serio para la gente adulta. vos tenes que comentar en otras zonas mas entretenidas…jajajajaja…menos en la cocina que te rajaron….jajajaja
    Bss Rita

  • el 12 octubre 2014 a las 11:03
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    Gracias mil Rita, tu siempre tan querible. Besos y me gusta que aparezcas mas amenudo y no para frenar al Chacho, para eso con Ramón alcanza y sobra. Te voy a escribir algo para ti mi querida Rita. Eternamente agradecido

  • el 12 octubre 2014 a las 11:19
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    Si será auténtica la historia que en el velatorio de la madre del personaje, conocía a Atilio García, el crack de Nacional, que jugaba a las bochas con el Negro Jefe, Obdulio Jacinto Muiño Varela, conocido como Obdulio Varela.
    Estando en Rio de Janeiro tome un take de la Rodoviaria a Copa y el motorista era un negro grandote, y me decía voce e argentino (aryentino) y yo no uruguayo… voce e aryentino, nao eu sou uruguaiano, o te olvidaste de Obdulio Varela. Ah… voce e creolho, Obedulio, o mais grande… Obedulio, se voce e creolho.

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