Tomates rellenos de atún: sencillez sin excusas
Hay recetas que no necesitan fuegos artificiales para justificar su lugar en la mesa y los tomates rellenos de atún son una de ellas.
Luego de años se ser catalogado como como “comida rápida”, plato de acompañamiento, etc. los tomates rellenos de atún, figuran en los menú de los restaurantes más famosos tanto como plato entrante o una cena ligera.
Ingredientes (para 2 personas)
2 tomates grandes y carnosos
1 lata pequeña de atún en conserva (120 g), bien escurrido
25 g de cebolleta
Aceitunas, al gusto
6 cucharadas de maíz dulce
1 huevo cocido
1 cucharada sopera de mayonesa (mejor si es casera)
Sal
Preparación
Todo empieza con el tomate, ese ingrediente tantas veces subestimado. Se lavan bien y se les corta la parte superior, descartando el pedúnculo. Con paciencia —no con violencia— se vacía el interior con una cuchara, cuidando de no romper la piel. Se sala ligeramente el interior y se deja escurrir la pulpa: el exceso de agua es el enemigo silencioso de este plato.
Mientras tanto, se cuece el huevo durante diez minutos desde que el agua hierve. Se deja enfriar, se pela y se pica, reservando un poco de yema para el final, porque incluso en las recetas sencillas hay lugar para un pequeño gesto estético.
La cebolleta se corta fina; las aceitunas, en trozos pequeños. En un bol amplio se mezclan la cebolleta, las aceitunas, el maíz dulce y el atún bien escurrido. La pulpa del tomate, ya sin líquido, se pica y se incorpora a la mezcla: nada se tira, todo suma.
Otra variante en la preparación de los tomates rellenos de atún y huevo
Se añaden el huevo picado y la mayonesa. Se mezcla con cuidado, buscando una textura cremosa pero no pesada. Aquí está el punto crítico: demasiada mayonesa mata el frescor; muy poca deja el relleno sin carácter. El equilibrio es una decisión, no un accidente.
Se rellenan los tomates con la mezcla, se ralla por encima la yema reservada y se tapan con su “sombrero”. Antes de servir, un reposo en la heladera es casi obligatorio: el frío asienta sabores, ordena el conjunto y mejora la experiencia.
Porque estos tomates no quieren sorprender, quieren convencer. Y lo hacen, cucharada a cucharada, recordándonos que la cocina cotidiana también puede ser honesta, crítica con el exceso y, sobre todo, profundamente reconfortante.

