Un ojo de la cara

Por COMOUSTÉ
“Nunca preguntes” era una frase de mi madre maestra de las de antes. Cuando almorzábamos, en el comedor sobre el aparador estaba, como una cosa perdida y fuera de lugar el Petit Larousse Ilustrado, que no se importa más, en la patria de José Pedro Varela, porque el mercado se lo comieron los diccionarios bastardos y las mediocres pero prácticas enciclopedias de los celulares, se imprime en México y vale 30 dólares al público, cambio chico para todo lo que aporta y representa.

Mi vieja lo dejaba ahí, como quien no quiere la cosa, parecida a la poesía de Elías Regules:
“Entre los pastos tirada
Como una prenda perdida,
En el silencio escondida
Como caricia robada,
Completamente rodeada
Por el cardo y la flechilla”
Nosotros, mis hermanos y yo y por supuesto nuestro padre también, lo teníamos al alcance de nuestras manos y veníamos a ser algo así “como el cardo y la flechilla”.

En la conversación, que nunca era de cosas vanas, saltaba una duda y aquella maestra post vareliana nos decía y en especial a mí, “No preguntes lo que puedes saber por ti mismo y señalaba para el aparador”

Esto generó una costumbre en mis hermanos y en mí, que a pesar de la diferencia de edades entre ellos y yo, nos igualaba mucho el pequeño mataburros ilustrado como lo llamaba la gran María Elena Walsh, poeta, escritora, cantante, actriz, argentina.
Quedo yo solo porque los viejos y mis hermanos ya no están, por la ley de la vida, es el privilegio-dolor que nos da ser el benjamín, además de ser hijo de la hemana menor de siete hermanos, lo que me llevó a ser el menor de 32 primos, que llegó tan tarde a la película de la vida que no estuve a tiempo para conocer a ninguno de mis abuelos.
Pero lo de la búsqueda de la palabra lo heredamos todos y sigo en la brega cultural.

Tuve el placer de jubilarme después de trabajar durante la mayor parte de mi vida no menos de 18 horas diarias, inclusive muchos fines de semana, con el privilegio de muchacho de unas buenas vacaciones en un lindo balneario de clase media, y ahora tengo el tiempo comprometido, por mi parte, con mis libros, como lo tuve durante mi vida laboral, robándole horas al sueño y a la familia, me cultivé y sigo cultivándome, por aquello de Hipocrates “ars longa vita brevis” (arte larga vida corta), todo el tiempo me resulta poco para todo lo que pretendo aprender, pero yo sé que la dama de los huesos, vendrá a buscarme mucho antes de lo que aspiro y espero que sea sin previo aviso.
Hace mucho que en mi familia me dicen “Enciclopedia de datos inútiles” como el título de un par de libros de un gran uruguayo “HAT”, Homero Alsina Thevenet que fue director del Cultural de la Nación de Buenos Aires, y el Suplemento Cultural de El País de Montevideo.
Una de las cosas que disfruto mucho es el refranero criollo y el español como consecuencia, donde uno recibe la cultura popular no envasada por mediocres que la cuelgan en internet, salvo alguna rara excepción, donde lo mejor que he leído sin buscarlo dice “de Paulo Coelho a Friedrich Nietzsche”, que viene a ser el sumum de la terracota, algo así como “sandía con mortadela”.
El otro día corrigiendo un trabajo que venía con pretensiones intelectuales de alto vuelo por parte del escribidor, del cual yo ya tenía opinión formada y me metió sin anestesia un par de citas largas y copiosas y como macaco viejo no sube a palo podrido, aplico una técnica que me falla pocas veces.
Tomo un párrafo de la cita y lo copio en el buscador de Google y casi al instante salta el texto completo con el nombre de autor e inclusive el libro en que fue publicado.
Ambas citas eran de Coelho, y es previsible, porque Niestzsche no es apto para todo público y la croqueta del citante no da para leer media página de Herr Friedrich.
Hay seres muy disfrutables que buscan una palabra difícil y como les suena bien al oído la meten en cualquier contexto donde quedan como patada en ojo tuerto.
Me pasó una vuelta con una señora que hablando a toda velocidad de me dijo que con la oscuridad, había casi pisado el cadáver de un gato muerto, bravo hubiera sido si pisaba el cadáver de un gato vivo.
O esos que dicen “que entran para adentro”, y me hacen pensar “el nudo que se armarían si entraran para afuera”.

Hablando de tuertos y no de mi primo el que vive en Sao Paulo que es hincha de Defensor de Montevideo, sino de un tuerto en serio, que cuando la Coca Cola, en una promoción, debajo del corcho de la tapa corona tenía el dibujito de una botellita, y juntando determinado número de tapitas las canjeaban por una botellita de plástico, que si uno echaba números de lo que había gastado para tener un casillerito con esas botellitas capaz que hubiéramos podido comprar el camión de verdad.
El “Tuerto” Pérez, cuando esa campaña publicitaria, con una cuchilla de cocina grande estaba maniobrando para sacar el corchito, le zafó la cuchilla y se la envainó en un ojo, de ahí el calificativo antes del apellido.
El “gallego” Vázquez, nada de Tabaré, muy jacarandoso decía que esa Coca Cola le había costado un ojo de la cara.

Otro tuerto conocido, gran coimero, que se peleaba con otro coimero a fin de año, para ver quien primereaba al otro con las coimas para obtener números para determinada actividad.
Todos conocían las mañas de dicho señor, pero las autoridades de un cuerpo colegiado de alto rango en nuestro país, lo mimaban como si fuera uno más de ellos y lo llevaban a sus comidas.
Una vuelta, en plena masticación con esos próceres, que usan traje azul marino tirando a negro, con chaleco de botones todo el año, ya sea verano o invierno y corbata negra, aunque no estén de luto.
En un teje y maneje no va y se le cae el ojo de vidrio al amigo que practicaba el delito de concusión, en el plato de sopa que oficiaba de entrada a la comida.
Inclusive el vidrio hizo ruido, porque las prótesis de antes eran como un bochón de vidrio, no sé si por el borde del plato hondo o por el fondo del mismo y todos los comensales se percataron del accidente desafortunado.
Se hizo un silencio profundo y el tuerto no se amilanó en absoluto, agarró el ojo de vidrio y se lo metió en la boca para limpiarlo y se lo volvió a introducir en la órbita vacía.
Todos volvieron a empezar a comer, ahí no había pasado nada y siguió todo en orden y santas pascuas.
Todo lo narrado pertenece a la vida real y no fue exagerado en el más mínimo detalle por más asco que a Ud. le produzca leerlo sin verlo.

Que todo sea para bien…

2 comentarios sobre “Un ojo de la cara

  • el 16 septiembre 2016 a las 10:28
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    Muy bueno. Dicen que todo lo anterior fue mejor. La tecnología nos hizo tan dependientes de sus productos que nos robó todo el tiempo. Están los que dicen que lo de antes no sirve porque no te podías calentar la comida en 5 min. Claro, no había horno microondas, pero la realidad es que no necesitabas calentarte la comida en 5 min. porque lo que tenias antes era tiempo para disfrutar de tu vida.

  • el 17 septiembre 2016 a las 23:57
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    Que lindo! quien no recuerda a María Elena Walsh y la tortuguita Manuelita la cantabamos en la escuela. yo creo lo de ayer fue bueno y los que vivimos todo eso no lo olvidaremos no se si esta nueva generacion del pokemon pueda decir lo mismo en 20 o30 años mas.
    Bss Rita

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