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La Cumparsita, cumple 100 años

20. abril 2017 | Por | Categoria: Entretenimiento

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Un clásico más allá del tiempo. Pintura de la partitura de la Cumparsita, considerado el tango más famoso del mundo, realizada sobre el suelo de una calle de la localidad uruguaya de San Gregorio de Polanco, EFE/Expresarte

En el Barrio Palermo cuando yo era niño había un rancho, en sentido figurado porque era un terreno cercado por un muro de ladrillos centenario, lugar de recreo masculino, llamado La Cumparsita.
Era un club de Tobi donde no entraban mujeres, cosa que los habitués cultivaban a cal y canto, para evitar que sus cónyuges les prohibieran ir a sus esparcimientos extrafamiliares.
Eran similares los fanintes, el Power, el Mar de Fondo y sobreviven algunos aún en el costado de la playa Ramírez, pero ya son de otro estilo.
Volviendo al tema de este artículo el himno muncial del tango es La Cumparsita de Matos Rodríguez.

La partitura de la Cumparsita, considerado el tango más famoso del mundo, fue pintada a lo largo de 82 metros en el suelo de una calle de la localidad uruguaya de San Gregorio de Polanco, en el departamento de Tacuarembó.
Lo que realmente constituye un mural tumbado, de 82 por 9 metros, en el que fue pintada nota por nota la música que en 1917 compuso el uruguayo Gerardo Matos Rodríguez, fue realizado en tres días.
Concretamente, los pentagramas, con sus compases y notas, fueron pintados en la calle, sobre un fondo blanco, entre el viernes 14 y el domingo 16 de abril, por un equipo de una docena de personas coordinado por la asociación “Expresarte Cultura”, informaron a Efe fuentes del Ministerio de Turismo de Uruguay.
El mural ocupa la calzada de una cuadra de una céntrica calle de San Gregorio de Polanco, conocida por ser la ciudad uruguaya con más obras murales por kilómetro cuadrado, aunque esta es la primera que se pinta en horizontal y no en vertical.
Los organizadores de esta obra colectiva, realizada con motivo del centenario de la composición del histórico tango, impusieron expresamente la condición de que en la pintura se reflejara escrupulosamente la partitura.

San Gregorio de Polanco, ubicado sobre la ribera del Río Negro, a 370 kilómetros al norte de Montevideo, es considerado un museo de artes visuales al aire libre que mantiene más de un centenar de murales en los frentes de casas y muros, algunos de ellos de artistas plásticos muy conocidos como Clever Lara, Tola Invernizzi y Julio Uruguay Alpuy.
¿Por qué en San Gregorio?
La ciudad está situada en la zona sur del departamento de Tacuarembó, sobre las costas del río Negro a unos 350 kilómetros al norte de Montevideo.
Antes de la conquista española, vivían en esta zona los indígenas, a orillas de un angosto y tortuoso curso de agua al que llamaban Hum y que hoy conocemos como Río Negro.
Mucho tiempo después, el 16 de noviembre de 1853, el general José Gregorio Suárez fundó allí una población, entre tierras que donó el mismo y un estanciero de la zona Juan Cardozo.
Se llamó Gregorio en homenaje a su fundador, mediante la alusión a un santo católico de acuerdo con la costumbre española.
Se agregó “de Polanco” porque el paraje era conocido desde antes como “Paso de Polanco”.
Fue sin duda el vado más frecuentado en las rutas que unían el norte y el sur del país: todavía el Río Negro era en ese lugar un fino hilo de agua…
La represa “Dr. Gabriel Terra”, en Rincón del Bonete, inundó en 1945 las zonas bajas cercanas y cambió el paisaje de San Gregorio.

Desde entonces, el Hum de los indígenas se ensanchó, formando un gran lago de límpidas aguas, en el que se reflejan hermosos atardeceres y se creó el balneario.
Ese espejo de agua, que tiene unas ciento vente mil hectáreas de extensión, con kilómetros de blancas arenas que rodean la península, ofrece a turistas y lugareños un escenario ideal para disfrutar el sol y el agua durante el verano, pero también admirar el paisaje en cualquier época del año.
San Gregorio de Polanco fue declarada villa en 1963 y ciudad en 1995.
Tenemos dos nombres que son un tanto negativos en la historia nacional, Gregorio Suárez, fue el famoso Goyo Jeta, General, que contraviniendo las órdenes impartidas por el presidente Gabriel A. Pereira (sobrino político de don José Artigas) fusiló el héroe nacional Leandro Gómez, defensor hasta el final de la Heroica Paysandú frente a las tropas de la triple alianza contra el Paraguay, quien fuere fundador de la primera escuela laica y gratuita en el país en la ciudad de Salto, en la logia Hiram, que existe hasta nuestros días hecho que se hizo 20 años antes que José Pedro Varela hiciera la reforma de la educación.
Otro nombre que le cae mal al lugar es el de la represa de Rincón del Bonete que lleva el nombre del dictador (dictablanda que le dijeron) Gabriel Terra.

El 10 de abril de 1993 San Gregorio de Polanco fue inaugurado como el primer museo abierto de artes visuales del país y único en América Latina.
Son más de 70 murales pintados en las paredes de las casas y oficinas públicas, que enaltecen culturalmente la ciudad balnearia.
Los mismos fueron realizados por artistas internacionales y locales como Dumas Oroño, Tola Invernizzi, Clever Lara, Gustavo Alamón, Gustavo Alsó, Felipe Ehrenberg, Colombino, Augusto Esolk, Tomás Blezio, Muros para Mirar (Mercedes Graña, Mariana Ferraro, Magdalena Strauch, Olga Aguiar, Enrique Souberville, Susana Ximenez y Roque Villamil), alumnos y maestros de la Escuela Nacional de Bellas Artes, Ignacio Díaz Rábago, Marylin Líftron, entre otros.
Los temas de las pinturas, dibujos y murales son variados: realistas y abstractos, simples y complicados.

En los últimos años se han agregado varias esculturas.
En el marco de los veinte años del Museo Abierto de Artes Visuales, en homenaje a Julio Uruguay Alpuy, el 29 de marzo de 2013, se pintó una “Alfombra Integradora”, en un tramo de 150 metros de la calle principal de este balneario.
Claro que el tango más famoso del mundo, no nació como tango sino como una marcha, para la cumparsa de la FEUU de entonces, nada que ver con la gremial de ahora, de ahí el nombre La Cumparsita.
El 19 abril de 1917, la orquesta del pianista argentino Roberto Firpo retocó algunos arreglos de la partitura original de Matos y ejecutó por primera vez la pieza, en la confitería La Giralda, en Montevideo, Uruguay.
En un mundo convulsionado por la Primera Guerra Mundial y la revolución bolchevique en Rusia, el país empezaba a salir de la crisis económica de 1913 gracias al crecimiento de exportaciones de carne y textiles para los soldados europeos.
En esos primeros años, la marcha instrumental se mantuvo olvidada, hasta que en 1924 los letristas Pascual Contursi y Enrique Maroni le pusieron sus primeros versos para incluirla en una obra de teatro, y dieron inicio a una serie de polémicas en torno a los derechos de autor de la lírica.

Pero fue Carlos Gardel quien en ese mismo año empezó a cantarlo y la popularizó. El Zorzal Criollo entonaba esos primeras tres versos: “Si supieras / Que aún dentro de mi alma / Conservo aquel cariño”. Al enterarse de lo que estaba ocurriendo con su creación, Matos Rodríguez -que ya le había vendido los derechos de autor a la firma Breyer Hermanos, representante de la Casa Ricordi en la Argentina, en junio de 1917- argumentó que su composición ya tenía letra: “La cumparsa / de miserias sin fin / desfila / en torno de aquel ser / enfermo / que pronto ha de morir / de pena”.
A partir de ese momento, comenzó una batalla legal entre los autores, que recién tuvo su resolución el 10 de septiembre de 1948, con un reparto del 80% de los beneficios para los herederos del uruguayo Matos, y el 20 % restante para los herederos de los argentinos Contursi y Maroni. Decisión que no resolvió otro debate histórico: ¿La cumparsita es uruguaya o argentina?
Lejos de esa antinomia, los gobiernos de Montevideo y Buenos Aires en conjunto lograron que La cumparsita fuera incorporada por la UNESCO a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, y se erigió como el himno mundial del tango.
Pero su condición original de canción instrumental abrió la puerta para que, a lo largo de los años, fuera revestida con distintos versos. Así, apareció una letra más antigua a las de Contursi y Matos -publicada por la revista El alma del tango, en 1926- que el propio autor le había pedido a Alejandro del Campo, su compañero de militancia en la Federación de Estudiantes del Uruguay, otra registrada por el autor Augusto Mario Delfino en 1957,y hasta una quinta, de 1937, escrita en inglés por Olga Paul, y traducida por Roberto Selles. Además, existen numerosas reversiones, como ésa de Julio Sosa recitando versos del poeta Celedonio Esteban Flores.
Sin embargo, según Rosario Infantozzi Durán, sobrina nieta del autor, consignó en su libro Yo, Matos Rodríguez: el autor de La cumparsita (1992), su tío abuelo siempre reivindicó su intención original. “La cumparsita nació sin letra, y así debió haber seguido, pero no tuve otro remedio”, cuenta Infantozzi Durán que decía.

Además de haber inaugurado el registro de obras de SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores), todo indica que La cumparsita es una de las piezas que más recauda. “Está entre las composiciones que más derechos de autor percibe porque se la escucha en todo el mundo: ahora mismo, alguien está escuchando La cumparsita en Nueva York, en Japón o en París, para difundir el tango”, le contó Guillermo Ocampo, director general de SADAIC, a Clarín.
En Yo, Matos…, Infantozzi Durán reproduce palabras que su tío abuelo le dijo sobre su creación: “Creo que nunca pude hacer otro tango igual… Más adelante compuse otros tangos y otras músicas, algunos quizá mejores que el primero. Pero éste encierra un mundo de ilusiones y de tristezas, de sueños y de nostalgias que sólo se viven a los veinte años. Fue un momento mágico. Y mágico fue su destino. ¡Cuántos misterios en torno a él, cuántos pleitos! Ríos de tinta y kilómetros de papel se ha utilizado para enaltecerlo o hacerlo pedazos”.
Homero Manzi, que investigó la obra completa de Matos -conformada por unos 70 tangos- también opinó sobre la pieza. “La cumparsita es, acaso, uno de los fenómenos musicales de nuestro arte popular… su éxito extraordinario se debe también, en gran parte, a la colaboración espontánea y anónima de miles de intérpretes”.
Uno de esos intérpretes fue Astor Piazzolla, quien no obstante, marcó la cancha a su estilo: “El peor de todos los tangos escritos jamás… lo más espantosamente pobre del mundo”.
Admiradores y detractores aparte, esta pieza arrabalera que bailaron Fred Astaire (en Leven anclas), Marilyn Monroe (en Una Eva y dos Adanes) y hasta Richard Gere y Jennifer Lopez (en ¿Bailamos?), y cuya partitura quedó estampada en una calle de San Gregorio de Polanco, Uruguay -mural de 82 metros de largo y 9 de ancho-, está presente en el inconsciente colectivo de cualquier rioplatense. Si alcanza con salir a caminar un domingo por San Telmo o La Boca para volver a escucharla.

La cumparsita es un tango cuya melodía fue creada y escrita entre finales del año 1915 y principios de 1916 por el músico uruguayo Gerardo Matos Rodríguez. Poco después y a pedido de Matos Rodríguez, recibió arreglos musicales de Roberto Firpo quien posteriormente a esto, la tocó junto a su orquesta por primera vez en público.1 Su letra más popular pertenece al argentino Pascual Contursi. Está considerado el tango más difundido a nivel mundial.2
El cantante Carlos Gardel3 y reconocidos directores de orquesta – desde Juan d’Arienzo4 hasta Osvaldo Pugliese5 – agregaron a su repertorio La cumparsita con éxito.
La cumparsita es el himno popular y cultural de Uruguay, a partir de una ley aprobada en 1998 por el Poder Legislativo uruguayo.6
La letra más antigua pertenece a Alejandro del Campo, un cofrade de la Federación de Estudiantes del Uruguay en la que militaba Matos Rodríguez al tiempo de componer su tango. Fue publicada por la revista El Alma que Canta en 1926 y se sospecha que es la primera letra escrita para La cumparsita por encargo del autor, ante la morosidad de Víctor Soliño (a quien le habría hecho originalmente el encargo).
También ‘El Alma que Canta publicó el 19 de noviembre de 1957 una nota de Antonio Cantó titulada La historia del tango, en la que transcribe unos apuntes de Nicolás Olivari sobre La cumparsita. Olivari hace mención de “la primera letra que se escribió” para este tango, obra del poeta y hombre de teatro Augusto Mario Delfino.

Ni una ni otra letra tuvieron éxito ni fueron cantadas o llevadas al disco por intérprete alguno. Ambas se refieren a una comparsa carnavalera con versos evocativos de los días de la juventud. En realidad todas las letras conocidas transitan lugares comunes y ripiosos.
La quinta letra está escrita en inglés. Es obra de Oiga Paul y fue publicada — según datos de Roberto Selles — en 1937 por la casa editora Edward B. Marks Music Corporation de Nueva York bajo el título de The Masked One (la enmascarada). Dice Selles que en la partitura consta también el título original de Matos Rodríguez. La letra repite el mismo argumento de Siga el corso de Anselmo Aieta y Francisco García Jiménez.
Controversia
Se usó esta música durante la entrada de la delegación deportiva y los deportistas de la República Argentina en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, lo cual generó el disgusto del Gobierno Uruguayo.10 2
La letra definitiva fue la siguiente:
Si supieras,
Que aún dentro de mi alma,
Conservo aquel cariño
Que tuve para ti
Quién sabe si supieras
Que nunca te he olvidado,
Volviendo a tu pasado
Te acordarás de mí
Los amigos ya no vienen
Ni siquiera a visitarme,
Nadie quiere consolarme
En mi aflicción
Desde el día que te fuiste
Siento angustias en mi pecho,
Decí, percanta,
Qué has hecho e mi pobre corazón?
Sin embargo,
Yo siempre te recuerdo
Con el cariño santo
Que tuve para ti
Y estás en todas partes,
Pedazo de mi vida,
Y aquellos ojos que fueron mi alegría

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Un comentario
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  1. Uno de los mas grandes tangos junto a cambalache y caminito solo superados por Gardel

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