Como quien dice ayer

Hace bastante tiempo, para algunos ayer nomás, para otros hace mucho, pero mucho tiempo y otros ni habían nacido.
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La jornada laboral se realizaba en dos turnos, uno por la mañana de 8 a 12 y otro por la tarde de 14 a 18.

Los diarios eran formato sábana, los suplementos eran formato tabloide.

Los empleados compraban el diario todos los días y algunos compraban el de la mañana y el de la noche.

El canillita los pregonaba por su recorrido habitual, también eran propietarios de sus paradas y las mismas se vendían, todo de boca y se respetaban por los otros canillitas, porque a pesar de que no había un contrato escrito había un código moral que se hacía cumplir por el honor, si la gente humilde, como lo era un canillita, tenía códigos y honor.

El camión del reparto de los diarios los llevaba a los sucursaleros o en determinadas esquinas había una especie de sucursal y el encargado del camión iba entregando los paquetes a los que le entregaban las chapas.

No se pagaba en efectivo, se compraban las chapas con anticipación y se le entregaban al encargado del camión.

Cada chapa equivalía a 10, 20 o 50 diarios, eran lo que ahora en los supermercados llaman “gift”, una tarjeta por tal valor de cambio.

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