El Chapo-Mouse

Es una historia de presos, con sabor a cuento. A un sujeto le habían partido el Código Penal en la cabeza y sin anestesia, por un delito pesado le metieron treinta años de cárcel y quince más de medidas de seguridad no eliminativas.

O sea que primero tenía que cumplir los quince años de medidas no eliminativas, guardadito en el sobre hasta que una vez cumplido el último día de medidas no eliminativas le empezaran a computar los días a la sombra para cumplir la condena madre originaria de treinta años de cárcel.

Si entraba a los 20 años, saldría a los 65 años de la gayola.
¿Está claro no?.
El tipo con ese don natural que tienen de ubicuidad los presos, se sentó en el borde de la cama en la celda, y con el tic tac del cronos imaginario empezó a dejar transcurrir el tiempo, como fluye el agua entre los dedos de las manos.
Como al año, que no es decir poco, sino demasiado, pero frente a los 45 restantes era como si dijéramos nada.

Absolutamente nada y en la nada estaba nadando cuando pasó delante de él una hormiga, de esas chiquitas, negritas, las que se afanan el azúcar del azucarero en la cocina, claro que ellas no estaban guardadas por eso.
Le puso el dedo adelante y la hormiguita se le subió al dedo y en el tren de iniciar una conversación, el preso la empezó a chamuyar, claro que él no sabía el idioma de las hormigas y la hormiga no sabía el idioma de los hombres y menos el de los presos.

Las hormigas se comunican entre sí dejando un rastro de ácido fórmico, pero el hombre no tenía con que dejar un rastro, a pesar de que en aquella época los presos no tenían visita conyugal, y con una hormiga el negocio del elefante y el lubricante es otro cuento (sí el de la vaselina), el preso estaba obligado a un celibato como a cualquier monje de clausura, de clausurar el sexo compartido y todo lo demás en solitario, así era en aquella época.
Pero se entró a conversar a la bichita, chiquita, negrita, y a gatas a los cinco años logró que dijera “ajó”, “papá” y “mamá” y “no”.
A los quince años, lo saludaba por la mañana,”Buenos días Tata”, “Buen Provecho” y “Hasta mañana y que descanses”, porque ya habían llegado al tuteo a pesar de todo.
Todo esto del tuteo, frente al temor reverencial que le tiene la hormiga al hombre sin haberle comido las plantas de ornamento ni las de la dieta sana y doméstica, pasar del Usted al tuteo, nada de voseo, lo trataba de tú, no de vos, ni le llegó a decir nunca “Dale bo…”
Pero el preso, si el tipo del principio, algo tenía pensado y le entró a dar lecciones de lunfardo.
“Haiga”, por “haya” del verbo haber.
Que me “dean” porque me “den”.

El argot de los innombrables nunca lo dominó, porque ella pertenecía a los presos comunes, no a los presos políticos.
A los treinta y cinco años, ya retenía algunas estrofas de corrido y cuando se cumplieron los últimos cuarenta y cinco años, los de la condena, o sea la libertad, la hormiguita había aprendido a cantar “targo” pero “targo, targo, como “er Mago Carlitos Garder”.
La hacía parar en las cuatro patitas traseras, requintar la cabecita hacia atrás, a falta de chapeu y con las dos manitas en cruz, le entraba “Al día que me quieras”, “Milonguita”, “Vitoria” (y bueno la c no le salía antes de la t, además no con el tono barítono del morocho del abasto, sino la voz atiplada de tenor de Alberto Vila.

¡Victoria!
¡Saraca, Victoria!
Pianté de la noria:
¡Se fue mi mujer!
Si me parece mentira
después de seis años
volver a vivir…
Volver a ver mis amigos,
vivir con mama otra vez.
¡Victoria!
¡Cantemos victoria!
Yo estoy en la gloria:
¡Se fue mi mujer!

¡Me saltaron los tapones,
cuando tuve esta mañana
la alegría de no verla más!
Y es que al ver que no la tengo,
corro, salto, voy y vengo,
desatentao…¡Gracias a Dios
que me salvé de andar
toda la vida atao
llevando el bacalao
de la Emulsión de Scott..!
Si no nace el marinero
que me tira la pilota
para hacerme resollar….
yo ya estaba condeno
a morir ensartenao,
como el último infeliz.

¡Victoria!
¡Saraca, victoria!
Pianté de la noria:
¡Se fue mi mujer!
Me da tristeza el panete,
chicato inocente
que se la llevó…
¡Cuando desate el paquete
y manye que se ensartó!
¡Victoria!
¡Cantemos victoria!
Yo estoy en la gloria:
¡Se fue mi mujer!

Victoria, pianté de la noria se fue mi mujer, no entendió la escala musical y el pentagrama para bailar al son que la música, porque como dijo el mamado en el baile el que toca no baila y el que canta tampoco, pero el tango era y fue toda la vida para la hormiguita y con él le iba la vida, ella que se había comido un garrón con una cana, por el mero hecho de haber nacido en la gayola, pero en la vida nada es gratis y todo tiene su precio.
Buscar la libertad no tiene agravantes, a pesar de ser de las hormiguitas de la Intendencia de Montevideo, 12 toneladas de azúcar, que lo tiró.

El tipo, el preso suelto, no tenía patrocinador, lo de ANTEL no le salió y se metió en un boliche y mientras el mozo le traía una caña cortada con jerezano, le dijo a la estrella cantate la del mago y arrancó la hormiguita
“Acaricia mi ensueño
El suave murmullo
De tu suspirar.
Como ríe la vida
Si tus ojos negros
Me quieren mirar.
Y si es mío el amparo
De tu risa leve
Que es como un cantar,
Ella aquieta mi herida,
Todo, todo se olvida”.
Y cundo viene el mozo con el café, el tipo, le dice al mozo vió y le señala a la hormiga y le dice “vió!!!???!!!
A lo que el mozo con la uña del pulgar aplasta a la hormiguita y le dice “Ah…, una hormiga!!! Ya está!!! Y con un tinguiñazo el cadáver de la hormiga al piso y con una pasada de suela por arriba.
La actuación de la hormiguita tras tanto preparativo fue efímera, pero ahora tenemos otro entrenamiento, pero no acá, sino allende el Brasil
Nuestro personaje brasileño.
Por ahora no será el Chapo Mexicano, pero es un ratón brasileiro, “o Chapo Mouse”, aunque nosotros le ganamos con la hormiguita criolla, seguimos con el fantasma de Maracaná.
Los detenidos le ataron un hilo a la cola y lo utilizaban para llevar droga y objetos, como un chip de teléfono celular.

La policía brasileña descubrió que un grupo de presos había adiestrado a un ratón y lo usaba para transportar droga entre los pabellones de una cárcel en el estado amazónico de Tocantins, en el norte del país.
El hallazgo fue hecho durante una inspección de rutina el viernes pasado por la tarde en la que los guardias vieron que el roedor llevaba un hilo de crochet amarrado a la cola, lo que llamó su atención.
«Era tan dócil que se dejaba acariciar la cabeza», dijo el jueves a la AFP Gean Carlos Gomes, director del centro de detención Barra da Grota, en Araguaina, en el norte de Tocantins, con capacidad para alojar 329 presos.

«Luego, los agentes descubrieron que el ratón iba desde el pabellón A al C. Los detenidos le habían atado el hilo a la cola y lo utilizaban para llevar droga y otros objetos, también como un chip de teléfono celular», explicó el director de la cárcel.

Durante la requisa, los policías incautaron 23 dosis de cocaína y 29 envoltorios con marihuana.
Las imágenes tomadas por las cámaras de vigilancia serán analizadas para intentar identificar al propietario del pequeño ratón gris, que fue liberado en un bosque en las afueras de la prisión (eso dicen, otros hablan del gato y otros de una culebra, cobra como la llaman los hermanos brasileños, pero con seguridad que ratón cadáver no deschava quien era el dueño).

El ratón era usado para transportar droga.

Un comentario en “El Chapo-Mouse

  • el 13 noviembre 2015 a las 11:02
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    jajajajajaja……la viveza criolla pica hasta en las hormigas…………jajajajaja

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