El Chotacabras

Si no lo sabe no invente cosas, sabe lo que es el chotacabras, mire que no es lo que su sucia imaginación le dice, no tiene nada que ver con aquello, ni con el dengue, ni con los cursos necesarios para llegar a vicepresidente de la República.

No sé si he sido claro, es un ave nocturna con un canto bastante feo. Duerme de día y caza de noche. Más o menos como hacen los bacanes.
Al dengue ya lo tenemos resuelto, lo bancaremos y cuando moleste mucho con un decreto del superior gobierno lo declaramos persona non grata y le damos carretera, que se vaya por donde vino.

Enterraremos a los muertos y la vacuna que se la guarden a buen recaudo que los orientales nos arreglamos a la criolla con agua y ajo, mejor esta vez en vez de agua que sea grappa por el mosquito podrido ese.
Del tema del vicepresidente de la República ya se encargó el amigo NICO MEDES, donde puso a un tropero y quintero de presidente de la República.

Fue el primero en Latinoamérica en 1947 y los brasileños estaban locos de la vida porque habían puesto a un dirigente metalúrgico como presidente y el nuestro llegó sin plata, sin parentesco alguno con nadie, sin becas de gobiernos extranjeros, aunque era nieto de tanos, pero la mafia no intervino, tropero, pero de vacas no de votos.

Porque hubo otros troperos presidentes en este país, pero lo que tropeaban eran paisanos para que vinieran a poner sus votos, con pasaje de barco incluido, y el ex amigo López Mena, les hacia un abatimiento del cincuenta por ciento en los pasajes.

Pero a pesar de ser ciudadano uruguayo y tambero en Colonia del Sacramento, tambo grande, produce necesariamente chotos, si señor, ese es el nombre que se les da en los otros países latinoamericanos a los terneros recién nacidos y no como los mal pensados de los porteños que creen que es el masculino de otra cosa.

En México le dicen chota a la policía, como nosotros le decimos la cana.
Recuerdo siendo yo muy niño, gran jocosidad en el cine del barrio cuando una película de Tin Tán, cómico mexicano de aquella época, que en una escena entra gritando “La chota, la chota” y el cine se venía abajo, tan es así que pataleaban de la risa y levantaban el polvo del piso, porque en aquella época y en aquellos cines no existía aspiradora que bancara, el que más o menos barría las cáscaras de los maníes que la mersa tiraba al piso y la pisaba y hacía ruido, era el caramelero después de la matinée – vermouth.

Para la función de la noche.

Los lunes populares eran dos películas argentinas o dos películas mexicanas cuyo tema incluía cinco o seis velatorios con los respectivos entierros y algún lío por la herencia, no siempre porque por lo general, era gente un tanto desposeída.

Como dijo el sabio, no el Rey Alfonso, sino un sabio de sangre común y corriente, que si la intención de describir la verdad, hay que hacerlo con sencillez y la elegancia dejársela al sastre.

En la vida mejor que tener existo es tener principios, claro que dirán algunos que con los principios no se come, pero es así.

Bécquer escribía fenómeno y todas las mujeres suspiraban con lo suyo pero murió tuberculoso y muerto de hambre, bah a la dama de las camelias le pasó lo mismo, claro que ella no se escribió a si misma sino que lo hizo Alejandro Dumas, el Negro, si le decían así porque era de la étnia morocha, y había montado una empresa en que tenía un montón de individuos que escribían para él, él decía que los había escrito y se vendían fenómeno.
Llegó un momento que no sabía si los había escrito él o sus escribidores.
No fue el único, acá supimos tener alguno que hacía lo mismo.

Alejandro Dumas era tan profesional de la pluma y por los mangos hacía lo que fuere, y cuando el sitio de Montevideo, por las tropas de Rosas & Cía. Melchor Pacheco y Obes en París le tiró unos mangos y escribió una novela de guerra que se título “Montevideo, o la nueva Troya.

Había un paralelo bastante significativo entre la situación y los nombres porque la guerra de Troya y el sitio de Montevideo, duraron 10 años aproximadamente, claro que acá eran los porteños con Oribe y otros y en Montevideo los colorados con los legionarios italianos con Giusseppe Garibaldi al frente, con su camisa colorada y los franceses.

En algún momento hubo más franceses en Montevideo, que orientales.
Una vuelta estaba en la casa de un amigo, atrás de lo que era el cine Cordón, y era una casa puro frente, un par de piezas donde ejercía su tarea de sastre y el fondo a 30 metros de 18 de Julio tenía abundante pasto y me mostraron unos túneles que eran de la defensa de Montevideo.
La vi del lado de arriba nomás porque meterme en esos túneles, aparte del misterio, pensé que se podía derrumbar alguno y ser yo una víctima más de la defensa de Montevideo.

Ahí apliqué el proverbio que dice que el azar no existe, porque Dios no juega a los dados, o más claro a seguro no lo llevan preso.
Es hora de cerrar, espero que todo sea para bien…

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