El niño mendigo y su perro

Por Niquita Nipone

Tiene 11 años y se llama Rommel Quemenales. Rommel como el zorro del desierto de la Segunda Guerra Mundial, es un nombre extraño y absurdo para un niño filipino y en el estado de pobreza vil en que le tocó vivir.

Este niño sin hogar de Filipinas vive cerca de Ciudad Quezon y durante un año ha vagado por las calles de esta localidad pidiendo limosna.

Un día, una mujer fotografió al niño con su fiel amigo Badgi, un perrito blanco que no sólo le hace compañía, sino que le defiende y avisa cuando otros indigentes tratan de arrebatarle el dinero recaudado.
No es oro todo lo que reluce, con este obelisco doble, tenemos también que la cárcel de Ciudad Quezon es la cárcel más inhumana y hacinada de Filipinas
En Ciudad Quezon 3.600 presos viven en un espacio construido para 800. Muchos duermen de cuclillas, en los huecos de las escaleras y comen insectos para completar su dieta.
En esta cárcel filipina, que fue construida hace seis décadas y aloja a los presos cuyos casos están pendientes, hay celdas diseñadas para 20 reclusos en las que conviven 200

Lo que no sospechaba el niño es que su foto con su único bien propio que tuvo en la vida, su perrito daría la vuelta al mundo y cambiaría su vida para siempre.
Las autoridades sean de izquierda o de derecha no se dan cuenta o no quieren hacerlo que los viejos y los niños ya sea en los orfelinatos o en los hospitales de viejos, además de ser morideros, son lugares crueles que les quitan y les matan su único y amado bien que les queda en la vida.

Rommel Quemenales lleva pidiendo dinero por las calles desde hace un año.
Según explicó en un video a Coconuts TV, original nombre para una televisora que se llame Cocos.
Su padre les abandonó a él, a su madre y a su hermana para irse con otra mujer. Tiempo después fue la madre quien los dejó solos para irse con su nuevo amante.
Y Rommel quedó solo de total soledad en el mundo con su único amigo y bien Badgi.

Desde entonces, Rommel mendiga por la ciudad, con la única compañía de su perro Badgi.
De vez en cuando, cuando tiene algo de dinero, se sube al autobús para visitar a su hermana en Bulacan acompañado de su fiel perrito, a quien tiene que esconder debajo del asiento ya que los animales están prohibidos en su interior.
Bulacan es una provincia de Filipinas que como todos los lugares miserales del mundo tiene un lujoso templo.

Bulacan es el corazón y el alma de Filipinas, por su historia y tradición, su tierra, cultura y su gente.
Verdaderamente un crisol del pasado y el presente, lo viejo y lo nuevo, el campo y lo urbano.
Bulacan se observa como la tierra de héroes, mujeres hermosas, cooperativas progresivas, pequeñas y medianas industrias.
También se conoce por la artesanía excelente en la fabricación de joyas, artesanías de cuero, sombreros buntal, artículos pirotécnicos, hueso en muebles y prendas de vestir. Bulacan también ha surgido en un paraíso de recurso de reputación de Luzón.
A pocos minutos al norte de Manila en coche, los complejos de Bulacan ofrecen un respiro accesible y acogedor de las presiones de la vida de la ciudad.
El nombre de la provincia se deriva de la palabra Tagalog ‘bulak’ que significa algodón, que fue su principal producto anterior.
Bulacan comenzó con pequeños asentamientos pesqueros a lo largo de la costa de la bahía de Manila y se expandió al interior con la llegada de los españoles.
Claro que todo eso no es un tema para Rommel y su perro, el tema de él es juntarse con la diaria para comer algo que compartirá genrosamente con su fiel cachorro, que no le pide nada a cambio, solamente su amor.

Las fotos de el niño y su perrito durmiendo en la calle conmovieron a miles de personas y desataron una auténtica avalancha de ofertas para ayudar a este pequeño a cumplir su sueño: volver a su ciudad natal, Bulacan, e ir a la escuela par algún día convertirse en actor.

Según Coconuts TV, hoy Rommel ya está de vuelta en Bulacan y ya asistió a su primer día de colegio. Esperamos que lo hiciera con su fiel Badgi a su lado.
Nadie tendría que enfrentar una vida de soledad en la calle y mucho menos niños y cachorritos.
Ojos que no ven corazón que no siente y nos pasa a todos que pasamos al lado de un niño pordiosero, que palabra fea y desagradable y que viene de “pedir por dios” y la mayoría no les tiran un peso partido al medio.
Un perrito perdido y Facebook lleno de fotografías del tal perrito buscándole al dueño y por un infante casi nadie mueve un dedo.
La respuesta de siempre es que lo banque el estado, no pensando que el estado somos todos nosotros.

Un comentario en «El niño mendigo y su perro»

  • el 27 enero 2017 a las 22:28
    Enlace permanente

    Un perro y un niño, en cualquier parte del mundo serán un binomio de un solo elemento, el amor compartido.

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