El peluquero de Hollande

Por Niquita Nipone
Cobra 9.895 euros al mes, por más que sea el presidente de Francia es un peluquero caro, no le parece? El Eliseo argumenta que el trabajador está disponible “24 horas sobre 24” al confirmar una información del semanario Le Canard Enchainé (El Pato Encadenado)

Al presidente François Hollande se le acumulan esta temporada los disgustos. Tres días después de que la selección francesa perdiera la final de la Eurocopa y al día siguiente de que su protegido ministro Emmanuel Macron hiciera todo un alarde de fuerza y de emancipación, el semanario Le Canard Enchainé (El Pato Encadenado) ha difundido este miércoles que el jefe del Estado francés tiene contratado un peluquero que recibe un sueldo oficial de 9.895 euros al mes con cargo al contribuyente.

En un país aún zarandeado por la crisis, con más de un 10% de paro, en el que el salario mínimo mensual es de 1.466 euros (1.143 netos), la asignación oficial al peluquero de Hollande es excesivamente elevada. Lo reconocen los propios portavoces del líder socialista. Por eso, argumentan que el empleado, Olivier B., «inicia su trabajo muy pronto por la mañana», tiene un horario muy amplio y está disponible incluso los fines de semana.
“Está a disposición del presidente 24 horas sobre 24” y, debido a su plena dedicación a Hollande, “ha faltado al nacimiento de sus hijos” o no ha estado con ellos cuando se han accidentado rompiéndose un brazo, señala su abogada, Sarah Levy. «Está 24 horas sobre 24», viajes y fines de semana incluidos, ha reiterado este miércoles el portavoz del Gobierno, el ministro Stéphan Le Foll. Los del Elíseo no aclaran si el presidente obligó a su peluquero a trabajar aun sabiendo que su esposa estaba dando a luz o más bien que el empleado de lujo se calló la información.

En ambos casos, el dato parece exagerado, pero los colaboradores del inquilino del Elíseo aún abundan en la gran dedicación del peluquero: “Arregla el pelo al presidente todas las mañanas y tantas veces sea necesario cada vez que tiene que tomar la palabra”. Pese a semejantes esfuerzos, el peinado de Hollande, que ya ha perdido bastante pelo, no es precisamente algo destacado en su aspecto físico.
Añaden que el hombre, sometido a un contrato de confidencialidad, tiene que acompañar a Hollande cada vez que este hace un viaje de más de un día de duración. Otro dato que añade más munición a la historia del caro Olivier B.

La difusión de esta dañina información para Hollande se produjo en la víspera de la fiesta nacional del 14 de julio, día en que el jefe del Estado preside un desfile militar en los Campos Elíseos y dirige un mensaje televisado por medio de una entrevista difundida por dos canales. En los dos años últimos, el presidente ha sido abucheado y silbado por algunos asistentes. La de este año es la última fiesta nacional del actual mandato de Hollande.
La noticia aparece cuando aún resuenan los ecos de las movilizaciones y huelgas que durante los cuatro últimos meses han organizado los sindicatos para protestar contra la reforma laboral, aprobada finalmente por decreto, que facilita y abarata los despidos. El de Olivier B., si se produjera, no saldrá barato al contribuyente. Tendrá que ser calculado sobre los 593.700 euros que el hombre cobrará durante el quinquenato de Hollande.

Valérie Trierweiler exigió en un tuit que el Elíseo rectificara que ella había contratado al peluquero
La presencia de un peluquero tan bien pagado en El Elíseo ya fue aireada en el libro «L´Elysée off». Ahora, Le Canard ha difundido una copia del contrato, firmado el 16 de mayo de 2012 y válido para los cinco años de mandato de Hollande. El Elíseo ha confirmado que el contrato es auténtico. El escándalo se suma al descubierto en 2014, cuando se supo que Aquilino Morelle, consejero de Hollande, utilizaba continuamente los servicios de un limpiabotas.
En el mencionado libro, escrito por Stéphanie Marteau y Aziz Zemouri, se cita la identidad completa del peluquero, Olivier Benhamou. Afirman los autores que fue la anterior pareja de Hollande, Valérie Trierweiler, quien lo trajo al palacio presidencial con un contrato de 8.000 euros mensuales, «mejor pagado que algunos de los consejeros» de Hollande. Ella lo desmintió en un tuit el pasado 22 de abril: «¿Quién puede imaginar que yo haga contratar a un peluquero (de hombres) por 8.000 euros por mes? Espero desmentido del Elíseo».

No llegó tal desmentido, sino la aclaración de que el sueldo es mayor. Los términos del contrato se han conocido porque el propio peluquero lo aportó a un juzgado de Nanterre en una causa abierta contra la revista Closer por haber difundido la parte del libro referida al peluquero. Fue esa publicación la que destapó la relación de Hollande con su actual pareja, Julie Gayet.
En el mismo libro se menciona que la maquilladora contratada por el Elíseo, también con dedicación total, cobra 6.000 mensuales. Algunos consejeros del presidente, dicen los autores, se quejaron porque cobraba muchos menos que el peluquero.
«Demasiado dinero para un peluquero», se queja un diputado socialista. Ya solo falta que el presidente exija que le corten el pelo «con tijeras de oro», ha bromeado en un tuit Florian Philippot, vicepresidente del ultraderechista Frente Nacional. «Al menos a un francés le va mejor», publica en la misma red el dirigente conservador Eric Ciotti, en referencia a la frase reiterada por Hollande de que «Francia va mejor».
El trasfondo de todo indica que le están pasando factura a Hollande.

Es duro asistir en vivo, diariamente, a la autodestrucción de la izquierda francesa. Nunca la oposición entre las fuerzas sindicales de izquierdas más importantes, la CGT y la Fuerza Obrera, y un Gobierno oficialmente de izquierda ha sido tan tajante y violenta. Ni siquiera en las peores épocas de los últimos Gobiernos de derecha, la situación había sido tan tensa. Es imposible entender totalmente por qué, a unos meses de las próximas elecciones presidenciales, el presidente y su primer ministro se empeñan en prolongar esa batalla sobre la reforma del mercado laboral impuesta por Bruselas. Los sindicatos que la rechazan quieren otro texto, con plazos y contenidos menos brutales y más equilibrados.

Dentro de la clase política francesa se están considerando los escenarios más sorprendentes: el presidente, al provocar este enfrentamiento sin precedente en el pasado, ¿está preparando unas elecciones legislativas anticipadas para seguir gobernando con un primer ministro de derecha, sea Sarkozy o Juppé, y volver a presentarse como un candidato de consenso entre la derecha, el centro y un partido socialista recompuesto en torno de su eje más neoliberal? Parece arriesgado, pues la derecha, como se dice en francés, no “le va a servir la sopa” para salvarlo.
¿Puede ser que François Hollande, fiel defensor del liberalismo social, lo dé todo por terminado y pretenda dejar huella como un presidente que hubiera querido una Francia “reformada”? Lo que es seguro es que con esa batalla lo pierde todo: si retira la reforma se desacreditará y si la mantiene parecerá rehén de su primer ministro, Manuel Valls, cuyo objetivo son las presidenciales de 2021. O aún más simple, ¿ninguno de los dos controla la situación actual y Francia ha entrado en uno de esos periodos de explosiones sociales cuyos secretos, en Europa, son propios de ella?

Dos cosas parecen ahora ciertas: primero, el presidente está políticamente acabado y el Partido Socialista está al borde de una ruptura interna que podría desembocar en una refundación de la izquierda en torno de dos fuerzas: una social-liberal y otra que embarque a un bloque de izquierdas cuyas premisas se ven hoy en las calles. Pues es difícil pensar que el partido socialista pueda continuar mucho tiempo más en sus condiciones actuales. Algo debe ocurrir en su seno.

Segundo, todos los cálculos que unos y otros están realizando no tienen en cuenta, en realidad, que la única fuerza que se desarrolla tranquilamente es el Frente Nacional de Marine Le Pen. Es poco probable que este partido pueda ganar las presidenciales, pero sí podría coaccionar a cualquier Gobierno futuro de Francia, bien participando en él, en caso de victoria de Nicolas Sarkozy, o desde fuera, en caso de la de Alain Juppé (que rechaza gobernar con la extrema derecha). Pero sea cual sea la salida de la situación actual, Hollande lo tendrá muy difícil para restablecer su credibilidad. Haber sido elegido por defecto en 2012 y con un programa de izquierda que no era el suyo, le pasa factura ahora.

Un comentario en “El peluquero de Hollande

  • el 22 julio 2016 a las 09:39
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    10 mil euros al mes por un solo cliente…? es joda? eso es un laburo rebien pago!!!

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