El semilla


Cuando era muchacho joven, estudiaba con un salteño, el Semilla, de esos que cuando te hablan, al igual que los sanduceros te dicen: “no te rías mío”, o “estabas hablando mío”.

El apodo lo heredó del hermano, el “Carozo”, menos mal que eran todos hombres porque si hubieran tenido una hermana le hubieran tenido que haber puesto “Polen”.

Cada comarca en esta tierra de Artigas tiene sus formas de hablar.

Los rochanos, entiéndase rochenses, andan por “el carretero” y no la carretera y jugando al volley ball, “tira tú que te toca a ti”, con ese sonido tan peculiar del idioma lo más probable que al sacar la pelota, la misma fuera a dar a la quinta de las Albahacas, entre las risas del sacador.

En el fondo del apartamento en que estudiábamos había una portera negra, que un día vino muy nerviosa y dijo, “Ay estas cosas me ponen mal, cuando venía para acá pisé el cadáver de un gato muerto”, “se sabe” como dicen los de Minas de noche en la oscuridad, ver el cadáver de un gato muerto, es mucho más complicado que pisar el cadáver de un gato vivo de día, y si el gato el blanco mucho más difícil.

En estos tiempos que corren veo lo difícil que es ser vegetariano y más difícil ser vegano, porque vegetarianos son la gente que come nada más que vegetales y los veganos, son los que comen vegetales pero tienen plata.

Antes creo que les decían naturistas.

Yo francamente, ni siendo pobre ni rico me privo de un buen churrasquito.

Tendría que pensar en comprarme una vaca, y tenerla acá en el fondo, atada cerca de la puerta de la cocina, y de mañana sacarle un churrasquito y luego vendarla con gasa y algodón y así irla llevando hasta que dada toda la vuelta, con el emparchado bicho, cuando se había empulpado el lugar de donde saqué el churrasco, sacarle otro y volver a curarla, reanudando el ciclo.

De esa forma no habría que matar la vaca y no se desperdiciarían todas esas achuras que no son comestibles y ella de paso abonaría el terreno.

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Claro que los vegetarianos y los veganos no comen carne de vaca muerta ni de vaca viva, y tampoco le entran a la manteca, a la leche y se pierden el dulce de leche, que a mí me cae pesado, después del medio kilo, antes de esa cantidad no, pero después me entra un poco de acidez, ardentía que le dicen, cosa rara porque cuando uno tiene acidez, toma un vaso de leche para sacársela y se la saca y no se aclara la cosa leche versus dulce de leche.
Ah… ahora caigo, el mismo veneno como antídoto.

El veganismo no solo se trata de una dieta u opción alimentaria de origen exclusivamente vegetal, es también un estilo de vida, el cual se basa en el respeto hacia los animales, considerándolos como individuos con intereses que merecen ser respetados.

Es decir, es un tipo de vida más respetuoso tanto con los animales como con la Naturaleza, bien dije son los herederos de los naturistas de antes, o es otra filial del mismo gremio.
Además, este respeto no solo es único en la alimentación que se siga, sino que también se tiende a evitar vestirse o calzarse con vestimentas de origen animal.

Claro que no usan zapatos de cuero, pero los de goma, también se sacan desangrando a un árbol para conseguir la materia prima, o terminarían usando zapatos de plástico, y ¿la contaminación y el recalentamiento global?.

Y cuando se comen las flores en las ensaladas no se están comiendo las futuras semillas de las generación siguiente de plantas y acaso las plantas no sufren cuando se les comen los hijitos.
Esos que viven publicando sobre perritos perdidos o robados en la calle cumplen con sus principios de solidaridad con los seres de la creación y cuando ven a un niño desnutrido por la calle, no les dan un peso partido al medio, o no les darían un vaso de leche porque son veganos.

Creo que hay mucho ocio mal entretenido con esto de no comer carne de ningún bicho, porque los pescados y los mariscos también entran en la no dieta.

Me pasó en una semana de turismo hace años en que las empleadas consideraban por sí y ante sí, que el pollo no entraba en el ayuno de Pascua y llamé por teléfono a la Parroquia de la calle Arocena y pedía hablar con el cura, el que me dijo, calculo que con algún vino de la misa entre pecho y espalda, que me comiera un asado con cuero.

Me calenté y tuvimos un fuerte altercado con el empleado de dios en la tierra y terminó pidiendo disculpas.

Ahora a ninguno le corrió por la cabeza que en el campo nadie gastaría una hectárea para darle de comer a una vaca, porque si no le sacan el cuero, ni la carne ni la leche, con cuatro vacas en un zoológico estarían bien ilustradas las generaciones venideras.

Se tomarían un avión e irían a Disney World y una yanky con minifalta y pechugona o siliconeada les señalaría una vaca a los niños y les diría “This is a cow”.

Esto es como los que están contra la doma.

Los caballos ya estarían extinguidos si no sirvieran para tirar del carro, ni correr carreras en Maroñas o Las Piedras o los caballos criollos criados a campo en Soriano, bien baguales para dar vida a las domas de la semana Criolla en la Rural del Prado.

A ninguno de estos pensantes ociosos les corrió por la cabeza la cantidad de peones rurales y no rurales, que trabajan al cabo del día y la noche, para mantener en buen estado a los caballos de carreras, o cuidar en las haras a las madres de los futuros pingos.

La cantidad de muchachos que abandonan la calle para trabajar vareando a los caballos de carrera, o los jinetes, y toda la industria que gira en torno al deporte de los reyes.
Para mí yo no lo veo como un deporte, sino como una gran timba.

Nadie piensa en que sería de los boleteros a los mozos que sirven los restaurantes y demás lugares del hipódromo, los que cuidan el mantenimiento, la limpieza, y de ahí en más a mantener todos los equipos en funcionamiento, desde una mísera computadora hasta el que con esa especie de trilladora que acomoda el arena de la pista entre carrera y carrera.

No hablemos de la ropa de los jockeys, ni las sillas de montar, ni los herreros que hicieron o hacen los frenos, estribos y los arreos de los caballitos y las pilchas de las demás del palco en especial y las de la tribuna en general.

Pero no les corre por la cabeza que una estancia de 2.000 Hás. Ocupa un par de peones, un casero y su mujer y los proveedores que traen insumos y si es una estancia más o menos moderna, en el mantenimiento de las praderas, ahí se mueve desde los proveedores de semillas, hasta los agrónomos que certifican las semillas, o los que calculan que tipo de semilla se necesitará para tal mezcla de pastos.

Los alambradores, las cuadrillas para la esquila, la cantidad de trabajo que da el campo es incalculable, claro que para los que vivimos en Montevideo con mentalidad de 6 horas de yugo y luego al boliche o a casa a ver el informativo, los paisanos no existen y las heladas le curten la frente a mi tía Gregoria.

Pero llega un circo o la doma y tenemos los piquetes de malentretenidos amolando en la puerta y no les corre por la cabeza que por cada caballo que muere en la rural, hay millones que viven baguales y libres en el campo, que si no existiera la doma en la rural, no solo no tendrían trabajo los peones, los jinetes, los de los lugares que dan de comer y abrigo a los paisanos, tampoco lo tendrían los que mueven los restaurantes o lugares nocturnos en la propia rural, ni tampoco harían un mango los seudo cuidacoches de la zona.

Con el tornado y el mal clima imperante, en que cuando uno va a comprar una lechuga o un ramito de perejil se da cuenta que lo están vendiendo por kilo, y cuando yo era niño las naranjas se vendían por docena, hoy son importadas y va todo al peso y el perejil que lo regalaban en la feria o se está vendiendo al kilo.

Argentina o Brasil, cuando hay seca en una punta hay inundaciones en la otra, este clima tan raro que hemos tenido, empezó con seca por el este e inundaciones por el litoral norte, hasta que ahora se largó con todo y va a llevar mucho tiempo, recuperar las cosechas, la soja tuvo su cuarto de hora pero ahora es noticia como cosecha totalmente perdida, el arroz se cosechó solamente una tercera parte de lo plantado.

Las ovejas muertas por un granizo que tuvo piedras del tamaño mayor que una palma de la mano.

En el Este el ganado anda con el agua por la paleta y no hay pasto y en la medida que el ganado costea los alambrados buscando un alto para verdear, no solo no encuentra el pasto, sino que con las pequeñeces deshace las raíces del que va a tener que nacer oportunamente y le llamo oportunamente a la próxima primavera si no pasa alguna otra cosa por el camino, porque que yo sepa el campo no empasta en invierno y a las vacas, ovejas y caballos no se les puede dar la plata y que vayan a comprarse lo que quieran al boliche de la esquina.

Estoy triste y no puedo hacer humor, porque la cosa está para llorar no solo por los doloreños, sino por todos los damnificados de país y por los que teniendo que darse cuenta no se dan y están sentados esperando que les caiga algo del cielo y del cielo lo que les puede caer es un rayo u otro diluvio.

Por hábito pongo… que todo sea para bien…

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Un comentario en «El semilla»

  • el 29 abril 2016 a las 10:55
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    jajjja hay que reconocerles a los del interior que son mucho mas cariñosos en todo que los de la capital…y que tienen mas tiempo hablan mas lindo…parecen de otro pais…

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