En Nigeria continúa la moda artesanal
El auge del aso-oke en Nigeria se presenta como una historia de tradición y tenacidad, pero también expone tensiones más profundas entre la cultura, el mercado y la dependencia externa.
En Iseyin, cuna de este tejido yoruba, el trabajo artesanal sigue siendo el corazón de la producción. Jóvenes incluso abandonan carreras formales para sumarse a un oficio que hoy funciona como refugio económico. Sin embargo, esta aparente revitalización esconde una paradoja: mientras se defiende la pureza del tejido manual como esencia cultural, la cadena productiva ya depende de insumos importados, principalmente de China.
Adquirir nuevas tecnologías de producción no garantizarían la fuente laboral ante la penetración de China
La resistencia a la mecanización se sostiene más en argumentos simbólicos que en condiciones reales de trabajo. Los artesanos reivindican autenticidad, pero lo hacen a costa de jornadas físicamente exigentes y riesgos para la salud, en un contexto donde la modernización podría mejorar su calidad de vida sin necesariamente borrar la identidad del producto.
Al mismo tiempo, el éxito global del aso-oke —impulsado por la diáspora y su adopción por figuras internacionales— lo transforma en mercancía de lujo, alejándolo de su origen comunitario. Lo que antes era un símbolo de estatus local ahora circula en pasarelas europeas, abriendo oportunidades económicas, pero también el riesgo de apropiación cultural y pérdida de control sobre su significado.
El caso del adire, ya afectado por falsificaciones industriales, anticipa un posible destino para el aso-oke: una tradición celebrada globalmente, pero vaciada de su valor original y subordinada a dinámicas de mercado que los propios artesanos no controlan.

