La gloria es pura fama

Por COMOUSTÉ
El hombre desde que salieron las tarjetas de crédito de plástico dejó de deberla a unos para deberlo a otros, viene a ser como la libreta de almacenero a mayor escala endosable a terceros.
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Cuando descubre que un genio vivió siempre en la miseria, se apresura a retribuirlo mediante lo mal llamado “la gloria”, que, por lo… tanto, es una especie de pago con tarjeta en cómodas cuotas mensuales y sin recargo por intereses.

Además a la viuda del gran hombre la arreglarán con una pensión graciable o sea al alma que queda del que se gastó por la humanidad o la sociedad, la arreglan con una plata que sale de rentas generales que es donde se nutre el BPS que gasta billones pagando vintenes.
Hace pocos días, en Buenos Aires robaron la totalidad de los cuadros de Paez Vilaró, un chorro desapercibido o por encargo de un cliente desapercibido, porque esa es la única forma en que el arte paga, el arte de robar por supuesto.
Roba bien y no mires a quien, pero ten al el criterio de mirar que es lo que robas, si está autenticada al dorso la obra mejor.
Claro que muchas veces los hurtos se dan en mercadería que no tiene mucha salida y la paga el buen seguro.

También el huro puede ser sustituido por un buen incendio, claro que ninguno de los dos deben dejar huellas.
Me acuerdo que una vez en el estudio de un abogado amigo estaba un cliente y le decía “pero no entiendo nada, la otra vez, el seguro me pagó lo más bien y ahora esta vez me metieron en cana, el incendio fue igual”
Volviendo a los cuadros ocupa el mismo espacio un Paez que un Picasso, pero en el mercado uno abulta más que el otro.
Claro que ni Paez ni Picasso vivieron en la indigencia como un van Gogh o un Gauguin y viniendo a los nuestros podemos recordar a de Simone, o una Juana no tan de América como la llamaban, sino de Melo, que de sus pensiones graciables vivía el Vivanco de su hijo que la tenía secuestrada, sin dejarla hablar con nadie, en una casa decente y después en un barrio de la Unión, porque a él no le daban las pensiones para vivir sin laburar.
La gloria es aquella cosa que hace justicia “a posteriori” claro que no se puede cambiar el pan cotidiano de cada día por la estatua del mañana con pedestal incluido.
Los tocados por la sabiduría lo tienen presente y por eso hacen constar siempre que trabajan para el futuro que necesariamente vendrá, como ocurre siempre y cuando no lo sorprenda la parca antes.
Ello significa que se consideran mucho mejor apreciados por los hombres del futuro, lo que es una idea muy relativa, pues en ese futuro vuelven nuevos seres tocados por la diosa de la sabiduría que aplazarán el reconocimiento de su valer.
Resumiendo: la fama es una especie de mujer de Lot estúpidamente vuelta de espaldas y convertida en una estatua de sal.
Las obras de arte son lo contrario de letras bancarias, que sólo valen en el breve plazo estipulado en que son efectivamente pagaderas.
Así pueden consolarse los que no tienen una cuenta bancaria y tienen que pagar el IVA entero.
Cuando mueren, los financieros no pasan a la historia, sino a unos libros enormes en los que se lleva la cuenta de las almas prácticas, claro que muchas veces un ladrón o un estafador o un timbero vienen a ser financistas apresurados y por lo general la mayoría no tienen futuro.
Cuando llega ese complejo denominado la posteridad vale más una firma de un desposeído de la fortuna que una de un millonario, siempre y cuando la misma luzca al pie de un cuadro muy reconocido y preferentemente en un remate de Sotheby’s o de Christhie’s.
Para anular esto y hacer del presente una cosa más poética, fue que se inventaron las ghifts cards, aunque el regalado en forma tan simpática y prosaica sepa el costo del obsequio.
Usted puede regalarle cien mangos a un amigo y hacerlo con una leyenda cariñosa.
De ese modo, las cajeras de los supermercados serán ascendidas automáticamente a críticos literarios, si no largan una carcajada con alguna pavada escrita y lo bueno sería que no los admitieran cuando no les gustara el texto, considerándolos como si fueran un cheque sin provisión de fondos suficientes.
Ya se sabe lo que oponía Oscar Wilde a aquella carta acusatoria de su homosexualidad que le mostraban: “Está muy mal escrita, señor juez”.
Las obras de arte son, pues, como algunos vinos: valen más cuando se añejan, cosa que no ocurre con el champagne que se ajereza y se vuelve intomable.
Los compradores de manuscritos adquieren talento de la cosecha del XVI, del XVII, del XVIII, del XIX…y se los tiene que tomar en copa chica para que rinda.
Por lo común, son gentes a quienes les falta paladar para juzgar por su propia cuenta, es decir, para celebrar lo contemporáneo y cambian al crítico por un somelier.
No sirven, en suma, para cajeros automáticos.
Con todo, no deben desanimarse los aprendices de genio, y deberían pensar, por el contrario, que pueden adquirir la gloria, a sola firma… explíquenselo así al almacenero de la esquina.
Si no lo entiende… que todo sea para bien igual…

2 comentarios en «La gloria es pura fama»

  • el 22 diciembre 2014 a las 08:26
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    Yo siempre dije las obras de arte no sirven para nada hay pinturas que un niño de 4 años las haria mejorhay que salir a quemar cuadros…o hacer un remate y donarlo para la cruz roja..
    Feliz navidad

  • el 22 diciembre 2014 a las 08:31
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    jajajaja preguntales a los que tienen un van gogh o un picasso a ver que te dicen!!!!!!!….

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