Las Llamadas

Por COMOUSTE
Según relatos de Isidoro de María, en Montevideo, al menos desde 1760, y de domingo a domingo, “los amos permitían a sus esclavos que fueran a sus “canchitas” alineadas a lo largo de la muralla que cerraba y cuidaba la ciudad”. En esos pequeños espacios de tierra apisonada, con una capa de arena, se reunían todos los africanos de acuerdo a su nación.
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Cada grupo iba ‘llamando’ a sus compañeros, los que salían de las casas de sus amos, y se reunían con quienes los ‘Llamaban’ desde la calle o desde la canchita.
“Y así los cabindas, benguelas, marises, casanchez, moyolos, ukolos, etcétera, se reunían los domingos para sus cantos y bailes entonando sus cadenciosos yé, yé, yé, Calunga yé, eeé llumbá”, narraba Isidoro de María.

Según el Dr. Francisco Merino, que le hizo mucho por la cultura de la colectividad negra, como ejemplo el Teatro Negro Independiente, que prácticamente lo bancaba él y le daba un solo dolor de cabeza permanente, con el Fiscal Merino tuve el placer de conocerlo, y decía que entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, se “llamaban” los miembros de una comparsa o se unían los negros de cada barrio para “visitar” otros barrios: los de “Ansina” (Barrio Reus al Sur) iban hasta el conventillo Gaboto (Gaboto entre

Cerro Largo y Paysandú), o los de Gaboto iban hasta el “Medio Mundo” en la calle Cuareim.
Hoy día, aún se pueden percibir distintos matices de sonoridad o ritmo según el barrio al que pertenece la “llamada”.
Yo que siempre tuve poco oído, sin embargo distinguía perfectamente la cadencia de los tambores de Ansina, de las lonjas de Cordón (que eran más apurados en el repique) o las de Cuareim que eran mucho más acompadados.
Las antiguas llamadas afrouruguayas tenían por finalidad “citar” a los tamboreros que no habían concurrido con puntualidad a la “sala” para, luego de la ceremonia, visitar a las autoridades nacionales.
Llama la atención que esa práctica pervive en África con idéntico sentido convocatorio, por ejemplo, los yorubas, de Nigeria, en la zona occidental del inmenso continente, poseen no sólo llamadas de tambores sino también vocales.

Conventillo Medio Mundo
Las llamadas
En mi caso, en que me nací y me crié en el Barrio Palermo, la tengo bien clara por haberlas vivido, cuando eran amateurs, por amor al arte, para disfrutar del tambor, eso sí desde que son oficiales, nunca más fui a las llamadas, viviendo a una cuadra.
Antes se juntaba, por ejemplo en Minas e Isla de Flores, quemaban unos diarios, templaban las lonjas y con el repique del “chico” arrancaban por amor a la camiseta, por amor a su barrio, no digo por amor a la etnia porque se juntaban blancos y negros y siempre hubo más blancos que negros y entre los blancos había descendientes de todas las etnias que bajaron de los distintos barcos.
No necesitaban que fuera un jueves de carnaval, un primero de mayo servía y cualquier oportunidad era buena para batir el parche y no precisaban ni pedían autorización a ninguna autoridad.
Al ritmo del tambor es muy difícil que uno no mueva las piernas, es contagiosa y eso nos diferencia a los montevideanos y uruguayos en general de los porteños, porque ellos no tienen el candombe incorporado a la sangre.
Las Llamadas históricamente derivan del llamado que hacían los negros cuando comenzaban a reunirse, ya sea para actividades festivas como para tratar determinados temas sociales.
Era costumbre que un par de tambores de cada agrupación saliera a recorrer las calles tocando candombe y así se comenzara a armar el grupo para ir juntos a festejar el Carnaval.
Los negros eran ya desde hace mucho tiempo parte de los festejos del Carnaval montevideano, aunque muchas veces no podían ser parte de los festejos oficiales, por lo que festejaban entre sí cantando y bailando por las mismas calles donde vivía la mayoría de ellos.
Hoy, ya no se habla de blancos y de negros, se habla de murguistas, comparsistas y carnavaleros, y muchos de estos repiten todos los años un verdadero homenaje a sus antepasados en los barrios Sur y Palermo.
Allí, dos días al año, cuando el almanaque anuncia que febrero recién ha comenzado, se festejan las Llamadas.

Las Llamadas comienzan en el año 1956 y a partir de ese momento se convierten en un clásico de la ciudad de Montevideo.
También pasaron a festejarse en otras ciudades uruguayas de sangre carnavalera.
Se trata de un desfile en el que participan hombres, mujeres y niños de todas las edades y que, al ritmo del candombe y de los tambores, recorre miles de metros en compañía de un público vivaz que se mueve al ritmo de los protagonistas.
Al frente de las comparsas aparecen los estandartes de cada agrupación, emblema que las distingue del resto.

Luego llegan las banderas y detrás un conjunto de artilugios de fantasía compuesto por lunas, estrellas, medialunas y luces que son portadas por jóvenes enmascarados.
Estos íconos hacen referencia al islam, la religión que tenía la mayoría de los esclavos africanos antes de ser traídos al Río de la Plata.
Claro que mis tíos, hijos de un par de gallegos, salían con los Esclavos del Nianza y eran siete hermanos que se llevaban puntualmente tres años entre sí, y el primero nación en 1885.
Llegué con la película empezada porque soy el hijo menor de la mermana menor.
Tengo primos segundo que son mayores que yo o andamos a la par.
Enseguida aparece el Gramillero, que es el hombre más viejo de la comparsa, generalmente portador de una importante barba blanco que denota sus años. Sin embargo, su baile endemoniado muestra al público una juventud arrolladora que es acompañada por su compañera de baile, la Mamá Vieja o Abuela, una vieja negra que mueve sus caderas como si fuese una adolescente más.

Detrás aparece el Escobero, que es el que representa al hechicero, el personaje de la comparsa que se encarga de barrer las ondas negativas y la yerba mala que puede tener la calle mientras la recorre anticipándose al cuerpo de baile y a la cuerda de tambores, que es la formación de músicos que tiene cada agrupación y que con su ritmo va marcando los pasos y movimientos de todos los integrantes de la comparsa.

DESFILE DE LLAMADAS
Durante la década de 1950, era tan notorio el fervor popular de que gozaban las Llamadas que se formaban espontáneamente, razón por la que las autoridades municipales del momento, programaron un espectáculo que denominaron Desfile de Llamadas.
En realidad, el nombre adecuado hubiera sido Desfile de Comparsas o de Sociedades de Negros.
El carnaval montevideano, de gran brillo por entonces, necesitaba un broche consagratorio.
El primer Desfile oficial se realizó en febrero de 1956, con señalado éxito, siguiendo un recorrido completo por los barrios Sur y Palermo, los típicos reductos del candombe.
En 1978, poco antes de la demolición del conventillo Medio Mundo, y el barrio Reus al Sur, el desfile se hizo por la Avenida 18 de Julio, pero en 1984, luego del advenimiento de la democracia, volvió a su escenario natural.
A partir de entonces el desfile de Llamadas, espectáculo pleno de ritmo, luz y color, se ha constituido en nía máxima fiesta del carnaval montevideano y una de sus principales atracciones.

A semejanza de lo que sucede en Venezuela, Brasil, Colombia, Panamá Cuba y otros países caribeños, donde se valora la herencia africana y se la enriquece con un ballet folklórico y estudios adecuados, planteó jerarquizar los festejos tradicionales del negro, separándolo de los espectáculos del Carnaval.
La propuesta era revivir los candombes de siglos anteriores, en especial las fíestas del 6 de enero, el Día de los Reyes Magos, a través de unas Fiestas Negras en el Sur , una semana para recrear las auténticas danzas, con un calendario de actividades que comenzaría el 24 de diciembre y terminaría el Día de Reyes.
La semana se coronaría con dos grandes fiestas: una en el conventillo Medio Mundo, y otra en Ansina.

En cada uno de esos escenarios se realizarían competencias de comparsas, de bailarines, de vestuarios, de personajes tradicionales (Mamas Viejas, gramilleros, escoberos, etc.)
El desfile de Llamadas, que pasó a constituirse en el acontecimiento más importante del Carnaval montevideano, a tal punto que en los últimos desfiles son más de Martha Gularte
Nacida en Paso de los Toros descendiente de negros esclavos brasileños tuvo una infancia dura, criada en orfanatos.

Vivió en el asilo Dámaso Antonio Larrañaga del barrio Palermo.
Pese a todo, y gracias a su talento esta gran bailarina y vedette nata, se abrió su propio camino y llegó a ser una destacadísima personalidad de la comunidad afrodescendiente.
En 1949 debutó en el carnaval montevideano con la agrupación Añoranzas Negras.
A partir de allí, las comparsas de negros y lubolos incorporaron una nueva figura: la vedette, que además de impresionar por sus bailes, debía destacarse por su figura y sensualidad.
Durante las décadas de 1960 y 1970, su eterna rival en el carnaval fue Rosa Luna
Martha Gularte, tuvo una época en que salió del país con la orquesta de Xavier Cugar, un catalán cubanizado, que venía a Montevideo contratado por la Intendencia Municipal con Abe Lanne y se llevó a la Gularte de gira por distintos lugares, y creo que se separaron en Río de Janeiro, una mujer que bailó en cabarets (con lo cual era experta en charlestones y zapateo americano, el tip tap).
También actuó en los escenarios de la Avda. Corrientes de Buenos Aires, junto a José Marrone.
Lágrima Ríos, no tanto del candombe, pero intervino en los eventos, nació en un hogar humilde de la ciudad de Durazno, y al poco tiempo su familia se trasladó a vivir al Barrio Sur de Montevideo.
Su padre era un jornalero del puerto, y su madre empleada doméstica.
Como muchas jovencitas, Lágrima cantaba en su casa hasta que alguien que la escuchó se interesó por ella y con permiso de sus padres comenzó en 1945 a cantar en compañía de un guitarrista.

Formó parte de Brindis de Sala grupo coral integrado por los hermanos Ramos, Luis Alberto Gómez y Juan Sequeira, que era un conocido integrante de conjuntos de carnaval.
Este grupo interpretaba canciones a capella.
En 1956 ganó un concurso de canto en una emisora de la ciudad de Montevideo, hecho que la transforma en vocalista de la orquesta de Orosmán «Gato» Fernández.
Sin embargo, perdió su trabajo por el color de su piel, inconveniente que se repetiría varias veces a lo largo de su vida.
Ha cantado con Danny Glover, actor norteamericano que estuvo hace pocos años en Mundo Afro de Uruguay.
También con Mary Wilson cantante norteamericana.
Actuó en Madrid Londres y fue la primera cantante uruguaya y afro descendiente que actuó en Paris en La Sorbona.
Hizo presentaciones con Celia Cruz, Aníbal Troilo, Roberto Goyeneche , Héctor Maure y Alberto Castillo.

Dijo Lágrima: Soy una mujer a quien Dios le quitó muchas cosas, pero también le dio una garganta que a través de los años fue manteniendo su pureza y hoy puede presentarse frente al público y recibir el aplauso.
No sólo en mi país sino también fuera de él.
Mi nombre es conocido en lugares donde yo ni siquiera tenía la idea de que ellos supieran que existía alguien llamada Lágrima Ríos.
Soy una mujer agradecida a Dios, pero estrella no”.
En 1972 editó un LP. La Perla Negra del Tango que dedicó en parte a su maestro Alberto Lastra.
En 1982 viajó a Europa y vivió en España por tres años.
En 1993 fue embajadora del tango a la primera cumbre mundial realizada en Granada.
En 1995 se le otorgó la presidencia de Mundo Afro.
En 1996 cantó para la tercera cumbre mundial del tango realizada en Montevideo y en varias ciudades del interior de Uruguay.

Editó su primer disco compacto en 1997, llamado Cantando Sueños, y en 1999 filmó el videoclips del tema Danza Sur.
Actuó en la película documental Café de los maestros (2008) dirigida por Miguel Kohan y en el álbum Café de los maestros Vol.1 y 2 (2005) producido por Gustavo Santaolalla en el que registró Vieja viola acompañada por Anibal Arias y Un cielo para los dos acompañada por Gustavo Santaolalla.
En el año 2005 hizo una presentación en vivo de la canción «Un cielo para los dos» junto a Gustavo Santaolalla en el concierto brindado por el artista Luciano Santaolalla en el Teatro Solís de Montevideo.
Previamente se editó un DVD con el concierto llamado «Supervielle en Solís» en el cual está incluida esta presentación finalizando con todo un teatro de pie y aplaudiendo a este icono de la música uruguaya.
Murió con 82 años y 3 meses tras una prolongada enfermedad cardíaca.
Tanto Marta Gularte como Lágrima Ríos fueron alumnas de mi madre en la escuela No. 97 de 2º. Grado, hoy denominada Roger Balet.

ORIGEN DE SU NOMBRE ARTISTICO

Alberto Lastra, al integrarla a uno de sus famosos tríos, le advirtió:
Vamos a cambiarte el nombre, elige entre Armonía o Lágrima.
Ella eligió Lágrima, porque las lágrimas no siempre son de tristeza, las grandes alegrías también nos hacen llorar.

Esta tarde, en su casa de la calle Durazno, bien al Sur, las lágrimas fueron esa mezcla incierta al recordar a su madre, con la devoción que sólo un hijo criado en el amor puede profesar.
Hace años que Lida del Río primero y Lágrima Ríos después se constituyó en la voz femenina del candombe.

Rosa Luna
Rosa Amelia Luna (Montevideo Uruguay 1939 – Canadá 1990) bailarina y vedette del Carnaval montevideano.
Nació en el Conventillo Mediomundo sitio emblemático de la comunidad negra del Uruguay. Fue un ícono del carnaval uruguayo, y una vedette que se imponía por su fuerte personalidad y su exuberante figura. Fue también coreógrafa.
A partir de la década de 1960 se convirtió en la máxima figura femenina, rivalizando con la hasta entonces imbatible Martha Gularte.
Su temprana muerte, cuando estaba de gira por Canadá, sorprendió a la opinión pública y privó al Desfile de Llamadas -máxima fiesta de la raza negra-de una presencia imposible de sustituir.

La negra Johnson
La “Negra Johnson” El imán de su nombre y de su figura marcó con atractivo renovado y siempre fresco, los festejos carnavalescos uruguayos.
Reluce desde los más brillantes anaqueles del tiempo, aquel su debut esplendoroso ante los asombrados ojos de la muchedumbre tendida a lo largo de 18 de Julio para ver a la ausente imprevista, la diosa Martha Gularte, “escamoteada” por Xavier Cugat.
Todo el mundo la conoció como la “Negra Johnson”, pero pocos sabían que se llamaba Gloria Pérez Bravo, y menos tal vez supieran que no había nacido ni en Palermo, ni en el Barrio Sur, ni en el Cordón… si no en Venezuela. Esa era la querida y entrañable Negra Johnson que una vez supo decir: “nunca dejaré de bailar. Yo tengo la danza en la sangre y ésta me salta cada vez más caliente y vibrante”.
Claro que la negra Johnson vivía al lado de la carnicería de la esquina de Durazno y Ejido, a pocos pasos de la escuela a que fueron la Gularte y la Ríos.
El bar La Antequera, fue también uno de los lugares más tristes en la vida de Rosa Amelia Luna.
En el libro de suerte autobiográfica, “Rosa Luna. Sin tanga y sin tongo”, da cuenta de las circunstancias en las que aconteció el crimen y las consecuencias que pudo tener de no contar con su fuerza de carácter y seguridad de la propia conciencia.
Ella misma lo narra en el citado libro: “Fue en defensa propia cuando en el Antequera manché mis manos de sangre y le quité la vida a un hombre.
Por eso no me asustaron nunca las amenazas que entonces recibí.
Fue mi conciencia limpia la que me ayudó a seguir adelante esquivando las barreras que a mi paso encontraba.

Surgían las buenas amistades que ofrecían protegernos, recomendándonos la prostitución., enfrentaba la maldad que creía que mi ignorancia, mi pobreza, el haber matado debía originar un ave de la peor calaña pero no fue así”.

Perdonen, pero pasa el camión y no puedo con la condición de palermitano, al sentir los platillos sonando lentamente y el bombo en forma acompasada, tocando la marcha camión.
Me recuerda a mis padres vivos, a mis hermanos vivos y yo en pleno “te acordás”… que todo sea para bien…

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