Santa cruz La Real

Por Nico Medes
Cuna de la Santa Inquisición I

inquisi-242-1_435x326El convento de Santa Cruz la Real en Segovia, es una vieja joya escondida, que permanece agazapada entre las murallas de la ciudad y el río Eresma.

Fue el primer convento dominico de España y tuvo gran importancia, contando con el favor de los ReyesCatólicos, que lo ampliaron y embellecieron, de ahí que los símbolos del yugo y las flechas y el “Tanto monta…” abunden en su construcción.
Como tantos otros monasterios y conventos fueabandonado con la Desamortización de 1836 y tuvo desde entonces diversos usos como asilo y orfanato.
Hoy en día es sede de la Universidad SEK y solo se puede visitar parcialmente y con cierta dificultad.

El origen del convento es la Cueva de Santo Domingo de Guzmán, un recinto que concentra multitud de leyendas y prodigios.
¿Milagros? ¿Energías misteriosas? ¿Superstición?…
El caso es que en un pequeño recinto se concentran supuestos fenómenos a lo largo de los siglos.
Santo Domingo de Guzmán fundó la Orden de Predicadores o dominicos en el contexto de la cruzada albigense, para luchar contra la herejía de los cátaros.
El catarismo es la doctrina de los cátaros (o albigenses), un movimiento religioso de carácter gnóstico que se propagó por Europa Occidental a mediados del siglo X, logrando arraigar hacia el siglo XII entre los habitantes del Mediodía francés, especialmente en el Languedoc, donde contaba con la protección de algunos señores feudales vasallos de la corona de Aragón.
Con influencias del maniqueísmo en sus etapas pauliciana y bogomila, el catarismo afirmaba una dualidad creadora (Dios y Satanás) y predicaba la salvación mediante el ascetismo y el estricto rechazo del mundo material, percibido por los cátaros como obra demoníaca.

En respuesta, la Iglesia Católica consideró sus doctrinas heréticas.
Tras una tentativa misionera, y frente a su creciente influencia y extensión, la Iglesia terminó por invocar el apoyo de la corona de Francia, para lograr su erradicación violenta a partir de 1209 mediante la Cruzada albigense.
A finales del siglo XIII el movimiento, debilitado, entró en la clandestinidad y se extinguió poco a poco.
El nombre «cátaro» viene probablemente del griego: ‘puro’.
Otro origen sugerido es el término latinocattus: ‘gato’, el alemán ketter o el francés catiers, asociado habitualmente por la Iglesia a “adoradores del diablo en forma de gato” o brujas y herejes.
Una de las primeras referencias existentes es una cita de Eckbert von Schönau, el cual escribió acerca de los herejes de Colonia en 1181: «Hosnostra Germania cátharosappéllat».
Los cátaros fueron denominados también albigenses.
Este nombre se origina a finales del siglo XII, y es usado por el cronista Geoffroy du Breuil of Vigeois en 1181.
Se ha creído que este nombre se refiere a la ciudad occitana de Albi(la antigua Álbiga), pero esta denominación no parece muy exacta, puesto que el centro de la cultura cátara estaba en Tolosa y en los distritos vecinos.

Tal vez, por considerarse puros, se autodenominaban albinos, que tendría su origen en la raíz “alb”, que significa blanco, raíz de la que derivan nombres como Albania.
También recibieron el nombre de «poblicantes», siendo este último término una degeneración del nombre de los paulicianos, con quienes se les confundía.
Además era llamada “la secta de los tejedores” por el hecho de ser los tejedores y vendedores de tejidos sus principales difusores en Europa occidental.
El catarismo llegó a Europa occidental desde Europa oriental a través de las rutas comerciales, de la mano de religiones maniqueas desalojadas por Bizancio.
Estas religiones se asentaron en Occidente y se propagaron por distintos países.
Por ello, los albigenses recibían también el nombre de búlgaros y mantenían vínculos con los bogomilos de Tracia, con cuyas creencias tenían muchos puntos en común y aún más con la de sus predecesores, los paulicianos.
Sin embargo, es difícil formarse una idea exacta de sus doctrinas, ya que existen pocos textos cátaros.

Los pocos que aún existen (Rituelcathare de Lyon y NouveauTestament en provençal) contienen escasa información acerca de sus creencias y prácticas.
Los primeros cátaros propiamente dichos aparecieron en Lemosín entre 1012 y 1020.
Algunos fueron descubiertos y ejecutados en la ciudad languedociana de Toulouse en 1022.
La creciente comunidad fue condenada en los sínodos de Charroux(1028) y Tolosa (1056).

Se enviaron predicadores para combatir la propaganda cátara a principios del siglo XII.
Sin embargo, los cátaros ganaron influencia en Occitania debido a la protección dispensada por Guillermo, duque de Aquitania, y por una proporción significativa de la nobleza occitana.
El pueblo estaba impresionado por los Perfectos y por la predicación antisacerdotal de Pedro de Bruys y Enrique de Lausanne en Périgord.
La creencia cátara tenía sus raíces religiosas en formas estrictas del gnosticismo y el maniqueísmo.

En consecuencia, su teología era dualistaradical, basada en la creencia de que el universo estaba compuesto por dos mundos en absoluto conflicto, uno espiritual creado por Dios y otro material forjado por Satán.
Los cátaros creían que el mundo físico había sido creado por Satán, a semejanza de los gnósticos que hablaban del Demiurgo.
Sin embargo, los gnósticos del siglo I no identificaban al Demiurgo con el Diablo, probablemente porque el concepto del Diablo no era popular en aquella época, en tanto que se fue haciendo más y más popular durante la Edad Media.
Según la comprensión cátara, el Reino de Dios no es de este mundo. Dios creó cielos y almas.
El Diablo creó el mundo material, las guerras y la Iglesia Católica.
Ésta, con su realidad terrena y la difusión de la fe en la Encarnación de Cristo, era según los cátaros una herramienta de corrupción.
Para los cátaros, los hombres son una realidad transitoria, una “vestidura” de la simiente angélica.

Afirmaban que el pecado se produjo en el cielo y que se ha perpetuado en la carne.
La doctrina católica tradicional, en cambio, considera que aquél vino dado por la carne y contagia en el presente al hombre interior, al espíritu, que estaría en un estado de caída como consecuencia del pecado original. Para los católicos, la fe en Dios redime, mientras que para los cátaros exigía un conocimiento (gnosis) del estado anterior del espíritu para purgar su existencia mundana.
No existía para el catarismo aceptación de lo dado, de la materia, considerada un sofisma tenebroso que obstaculizaba la salvación.
Los cátaros también creían en la reencarnación.
Las almas se reencarnarían hasta que fuesen capaces de un autoconocimiento que les llevaría a la visión de la divinidad y así poder escapar del mundo material y elevarse al paraíso inmaterial.
La forma de escapar del ciclo era vivir una vida ascética, sin ser corrompido por el mundo.

Aquellos que seguían estas normas eran conocidos como Perfectos.
Los Perfectos se consideraban herederos de los apóstoles, con facultades para anular los pecados y los vínculos con el mundo material de las personas.
Negaban el bautismo por la implicación del agua, elemento material y por tanto impuro, y por ser una institución de Juan Bautista y no de Cristo.
También se oponían radicalmente al matrimonio con fines de procreación, ya que consideraban un error traer un alma pura al mundo material y aprisionarla en un cuerpo.
Rechazaban comer alimentos procedentes de la generación, como los huevos, la carne y la leche (sí el pescado, ya que entonces era considerado un “fruto” espontáneo del mar).
Siguiendo estos preceptos, los cátaros practicaban una vida de férreo ascetismo, estricta castidad y vegetarianismo.
Interpretaban la virginidad como la abstención de todo aquello capaz de “terrenalizar” el elemento espiritual.

Otra creencia cátara opuesta a la doctrina católica era su afirmación de que Jesús no se encarnó, sino que fue una aparición que se manifestó para mostrar el camino a Dios.
Creían que no era posible que un Dios bueno se hubiese encarnado en forma material, ya que todos los objetos materiales estaban contaminados por el pecado.
Esta creencia específica se denominaba docetismo.
Más aún, creían que el diosYahvé descrito en el Antiguo Testamento era realmente el Diablo, ya que había creado el mundo y debido también a sus cualidades («celoso», «vengativo», «de sangre») y a sus actividades como «Dios de la Guerra».
Los cátaros negaban por ello la veracidad del Antiguo Testamento.
El consolamentum era el único sacramento de la fe cátara, con excepción de una suerte de Eucaristía simbólica, el Melioramentum, sin transubstanciación (si Cristo era una entidad exclusivamente espiritual, no encarnada, el pan no podía convertirse en el cuerpo de Cristo).

Los cátaros también consideraban que los juramentos eran un pecado, puesto que ligaban a las personas con el mundo material.
En 1147, el papa Eugenio III envió un legado a los distritos afectados para detener el progreso de los cátaros.
Los escasos y aislados éxitos de Bernardo de Claraval no pudieron ocultar los pobres resultados de la misión ni el poder de la comunidad cátara en la Occitania de la época.
Las misiones del cardenal Pedro (de San Crisógono) a Tolosa y el Tolosado en 1178, y de Enrique, cardenal-obispo de Albano, en 1180-1181, obtuvieron éxitos momentáneos.
La expedición armada de Enrique de Albano, que tomó la fortaleza de Lavaur, no extinguió el movimiento.
Las persistentes decisiones de los concilios contra los cátaros en este periodo —en particular, las del Concilio de Tours (1163) y del Tercer Concilio de Letrán (1179)— apenas tuvieron mayor efecto.
Cuando Inocencio III llegó al poder en 1198, resolvió suprimir el movimiento cátaro con la definición sobre la fe del IV Concilio de Letrán.

A raíz de este hecho, la posibilidad cada vez más real de que Inocencio III decidiese resolver el problema cátaro mediante una cruzada provocó un cambio muy importante en la política occitana: la alianza de los condes de Tolosa con la Casa de Aragón.
Así, si Raimundo V (1148-1194) y Alfonso II de Aragón (1162-1196) habían sido siempre rivales, en 1200 se concertó el matrimonio entre Ramón VI de Tolosa (1194-1222) y Eleonor de Aragón, hermana de Pedro II el Católico, quien, en 1204, acabaría ampliando los dominios de la Corona de Aragón con el Languedoc al casarse con María, la única heredera de Guillermo VIII de Montpellier.
Al principio, el Papa Inocencio III probó con la conversión pacífica, enviando legados a las zonas afectadas.

Los legados tenían plenos poderes para excomulgar, pronunciar interdictos e incluso destituir a los prelados locales.
Sin embargo, éstos no tuvieron que lidiar únicamente con los cátaros, con los nobles que los protegían, sino también con los obispos de la zona, que rechazaban la autoridad extraordinaria que el papa había conferido a los legados.
Hasta tal punto que, en 1204, Inocencio III suspendió la autoridad de los obispos en Occitania.
Sin embargo, no obtuvieron resultados, incluso después de haber participado en el coloquio entre sacerdotes católicos y predicadores cátaros, presidido en Béziers en 1204, por el rey Pedro II de Aragón.
El monje cisterciense Pedro de Castelnau, un legado papal conocido por excomulgar sin contemplaciones a los nobles que protegían a los cátaros, llegó a la cima excomulgando al conde de Tolosa, Raimundo VI (1207) como cómplice de la herejía.
El legado fue asesinado cerca de la abadía de Saint Gilles, donde se había reunido con Raimundo VI, el 14 de enero de 1208, por un escudero de Raimundo de Tolosa.
El escudero afirmó que no actuaba por orden de su señor, pero este hecho, poco creíble, fue el detonante que comenzó la cruzada contra los albigenses.
El Papa convocó al rey Felipe II de Francia para dirigir una cruzada contra los cátaros, pero esa primera convocatoria fue desestimada por el monarca francés, al que le urgía más el conflicto con el rey inglés Juan Sin Tierra.

Entonces Pedro el Católico, que se acababa de casar, acudió a Roma en donde Inocencio III le coronó solemnemente y, de esta manera, el rey de la Corona de Aragón se convertía en vasallo de la Santa Sede, con la cual se comprometía a pagar un tributo.
Con este gesto, Pedro el Católico pretendía proteger sus dominios del ataque de una posible cruzada.

El Papa, por su parte, receloso de la actitud del rey aragonés hacia los príncipes occitanos sospechosos de tolerar la herejía (e incluso de practicarla), no quiso delegar nunca la dirección de la cruzada a Pedro el Católico.
Posteriormente, el rey aragonés y su hermano Alfonso II de Provenza tomaron medidas contra los cátaros provenzales.

Sigue en el próximo número

2 comentarios en «Santa cruz La Real»

  • el 10 octubre 2014 a las 09:54
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    Muy buena , me gustan estas historia de Nico,
    Saben algo de la artesania de vidrio que se descubrio la semana pasada en españa del siglo 4 DC que tiene la imagen de Jesus con el pelo corto y una cantidad de signos raros alrededor?

  • el 10 octubre 2014 a las 22:34
    Enlace permanente

    Cosas muy común en el mundo de todas las épocas, las brujerías las hacian siempre las mujeres. Se pensaba que si vos mirabas a una bruja a los ojos….ella dominaba tu mente y se quedaba con tu alma…y eso tampoco a cambiado mucho….
    Por algo esta el dicho “esa mujer te ha embrujao”…

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