Se picó el partido

Por COMOUSTÉ

Soy futbolero y me gusta y siendo del Barrio Palermo, salí hincha de Rampla por herencia. Mi viejo fue fundador en la Aguada y ahí se me pegaron los colores rojo y verde, siendo con mi hermano, que hoy no está socios vitalicios.

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Iba al cerro en vaporcito, de esas cosas que perdió Montevideo sin comerla ni beberla y que lo hacían tan hermoso.
Sería como sacarle el Club de Remeros a Paysandú o el Real de San Carlos a Colonia.

Pero mi evocación futbolera no viene por ahí, en el día de hoy.
Sino por otros hechos de notoriedad que están mucho mejor informados en la prensa especializada, una especie de crónica roja o desteñida por los tigres que cayeron en la trampa.
Resulta que hace una punta de años me jubilé, con la antigüedad necesaria, no por ley madre, y con mi muy querido socio, un par de veces al mes, íbamos a cultivar nuestra amistad, con algún whisky, antes del racionamiento de Vázquez, y a almorzar a un restaurante con muy buena presentación, a pesar de los médicos y el colesterol, cosa que seguimos haciendo hasta ahora.

El lugar estaba muy bien puesto, en la Av. 21 de Setiembre que tenía una estación de servicio lindera, donde dejábamos estacionados los autos.
El nombre del restaurante no lo recuerdo, fue demolido y en su lugar se levantó un hotel cuyo nombre busqué en la guía clasificada de Antel y tampoco lo encontré, el nombre del lugar de masticación era un nombre común de parrilladas, lo que no quiero usar uno sin estar seguro para no quemar el que no es.

En el salón sobre el fondo siempre que íbamos, había servida una mesa larga, como de cuatro o cinco mesas rectangulares dobles y con una dotación de hombres apreciable y algunas mujeres con pinta de minas fieles, corría el whisky y los vinos buenos y la alimentación para un día laborable al mediodía era bastante opípara.
Al principal lo conocía de su vinculación con el fútbol, así como algunos de los otros parroquianos que frecuentaban la mesa y yo en mi ignorancia pensaba que se dedicaba a la venta de automotores.

Era una mesa con un muerto duro de levantar, pero era casualidad que nosotros fuéramos a comer los días que iban ellos, cosa que nosotros no teníamos día fijo o lo más probable que ellos fueran habitués diarios del local.

Cuando veía como se manejaba la cosa me hizo acordar aquel libro de George Orwell, titulado “Rebelión en la Granja”, cuya anécdota principal y gran lección para el diario vivir consistía en que al burro lo alimentaban con paja seca, todo el día cargando fuertes pesos y lo curtían a palos para que caminara.
Con esa mojiganga pasaban al lado del chiquero y el señor Chancho se estaba dando un banquete permanente de boniatos, zapallos, sobras de comidas y todo lo que fuere masticable y digerible, porque el chancho tenía un entrenamiento en darle al diente, que era capaz de comerse un ladrillo, aunque barro si comen por el hierro que necesita su cuerpo.
El burro miraba y pensaba para sus adentros, porque los burros no hablan el lenguaje de la gente, sino que rebuznan y entre u fuerte “IHHOOO, IHHOOO, IHHOOO”, le corría por su orejuda cabeza “Esto no puede seguir así”, “Esto no va a durar”, pero entre palo y palo el seguía marcando las melgas y el chancho “crunch crunch crunch” convirtiendo cada cinco kilos de comida en un kilo de chancho.

Al día siguiente la misma historia y así sucesivamente, hasta que un día al amanecer y salir para el campo, se dio casi de hocico con el chancho colgado de una pata trasera con flor de puñalada en el cogote chorreando sangre para las morcillas.
Y el burro, que no era Platero, pero tampoco era un estúpido, dijo para sí, “Ya me parecía que esto no podía durar”
Y así fue, las cosas del fútbol parecían consolidas y los que cortaban el estofado, parecía que seguían chairando el cuchillo y minga de darle lugar a otro.
Claro que no se reparten las cosas entre ellos y hay una tendencia a comer unos más que otros.

Nuestro habitué almorzador con su flota de comedores de arriba, cambiaron de chiquero, digo de restaurante.
Porque la torta grande no daba para muchos y el uno de esa mesa se tuvo que ir a otros mercados, porque el de acá le quedaba chico y se hizo ciudadano norteamericano, lo matricularon como persona que no se sabía comunicar en idioma gringo y que además de todo estaba absolutamente incapaz.
Pensé que el Uruguay era el único país que aceptaba inmigrantes incapaces, pero este señor entró con la Green card a USA, pero los de la patria del tío Sam, sospecharon que iba y venía mucho dinero y pensaron en un lavadero y el FBI desarmó el chiquero que se había armado en California, lugar que se caracteriza por tener un clima muy parecido al nuestro, pero los yankys son muy necios, bancan montones de cosas, pero una mentira no la perdonan y puede llevar muchos años de cárcel.

Parece que irán de visita a probar el carcelaje estadounidense muchos de los señores vinculados con la de cuero y que pica.

Algún belinún que nunca falta, piensa que con este lío se va a aclarar los mordiscones de Suárez, y pienso que mejor que no averigüen mucho sobre ese tema, que también pueden entrar los ingleses y los españoles en el negocio.
Hacía resultado ser un gran chiquero, esperemos que si limpian la casa que la limpien a fondo y que los sorteos, sean tales y que las hermosas damas que sacan las bolillas, lo hagan por su orden y no por órdenes de nadie.

Si quiere datos polenta búsquelos en la prensa que ellos viven de eso, cuando no se equivocan y cantan errado.

Que todo sea para bien…

4 comentarios sobre «Se picó el partido»

  1. LOS QUE LE PUSIERON 3 MESE A SUARES SON LOS QUE ESTAN EN CANA___________SUAREZ DIO UNA MORDIDITA NOMAAAAAAA_______________

  2. Que horror. Nada será para bien. que un uruguayo llegue a tan alto nivel en lo internacional y lo metan para dentro acusado de chorro y estafador me da pudor. en todos lados se habla de eso y el pais es un conventillo en todo el mundo. espero que andes bien con tu rampla que parece ser un cuadro de barrio y debe estar ajeno a todo este despiole.
    bss Rita

  3. Querida Rita, dichosos los ojos que te leen y el espíritu que valora tu belleza.
    El restaurante de Pocitos donde paraba el presunto incapaz no english parlante
    Que tampoco vendía jugadores sino influencias se llamaba El Entrevero y en la mesa del fondo había el tal entrevero, de minancoras, lavaderos de dólares y pases.
    Como mi viejo Rampla juega limpio nunca podrá llegar a estos menesteres, pero este barullo sirvió para sacarte de tu letargo y disfrutar de tu prudencia tan femenina. Va a seguir rebosando miasmas el pozo negro, se venderán más diarios y jugadores y la cometa, nuestra pasión de niños será utilizada por los adultos y ojalá tus inteligentes y lindos gurises corten Cañas de a cuatro y con piolines y papel de panadería vuelvan a flotar sobre los cielos de la patria. Gracias, muchas gracias querida Rita, te espero siempre en los comentarios para darles la jerarquía de tu opinión, besos mil

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