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India: Mujer objeto sexual

27. febrero 2014 | Por | Categoria: Insólito

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Por Niquita Nipone
Dicen que no hay que juzgar las cosas de una sociedad con la mentalidad de otra sociedad y también religiosos justifican que una sea violada porque no reza en vez de defenderse y mujeres con altos cargos universitarios justifican violaciones y otras porquerías.

india-2_435x325La brutal violación y asesinato de una joven estudiante en Delhi por un grupo de rákshasas (demonios) hace unas semanas desencadenó una gran ola de protestas por todo el país.
Los medios de comunicación internacionales han recogido este hecho y, como era de esperar, lo han acompañado por evaluaciones paternalistas sobre la condición general de la mujer en la India que, a mi entender, pecan en gran medida de superficialidad y de juzgarlo todo con la mentalidad occidental actual, lo cual ocurre también con las demás civilizaciones, como el mundo islámico, etc.
Como llueve sobre mojado, se preguntan a menudo por “la condición de la mujer en la India”, vale compartir unos pensamientos, a sabiendas de que este es un tema muy delicado que levanta muchas ampollas y pasiones en Occidente.
Lo primero que llama la atención al ver hechos como estos es el enorme precio que está pagando la India en su modernización.

Las normas de la cultura tradicional se aflojan cada vez más, dejando a mucha gente en “tierra de nadie”.
En concreto, muchos campesinos, antes integrados en una cultura y forma de vida clara y con sentido (aunque, evidentemente, muy dura en ocasiones), están siendo transformados en proletarios sin raíces ni cultura.
En esta “tierra de nadie”, un gran valor que se está perdiendo a marchas forzadas es el respeto que la cultura tradicional otorgaba a la mujer y que aún se le sigue otorgando en muchos ambientes.
Se habla a veces de la “desvalorización de la mujer”, que viene de antiguo.
Sí, esto es muy cierto, pero es sólo, en mi opinión, la mitad de la verdad.
Es imposible comprender la situación de la mujer en la India sin comprender la ambigüedad, las dos caras, que la tradición ha presentado en este tema.
Teóricamente, la mujer está subordinada al hombre, como en toda sociedad tradicionalista, pero sin embargo, en pocos lugares se ha dado tanto valor a lo femenino.
De esto testifica el hecho de que la Divinidad se concibe a menudo como Diosa: la Diosa Madre, mucho más que como Padre; por otra parte, toda divinidad masculina está acompañada de su “esposa”, que es quien le da su energía (shakti), su capacidad de actuar.
Por otro lado, la mujer tenía y sigue teniendo un gran poder en la familia, y la sociedad india está formada por familias antes que por individuos.

Una matrona india es una de las figuras más respetadas en la sociedad.
La mayoría de las críticas que se hacen, desde un punto de vista “feminista” que se ha vuelto el punto de vista occidental “por defecto”, adolecen, a mi entender, de una gran incomprensión de base: todo cuanto se diga se hace, así lo asegura el pensamiento de la India, desde un cierto punto de vista; no hay un punto de vista absoluto, verdad o error, bueno o malo, que sea definitivo e independiente del observador.
El observador pertenece a una cultura y el observado a otra.
No se puede juzgar a una sociedad con los valores de otra.
La sociedad tradicional india es lo que se llama “orgánica”: se basa en valores comunitarios, donde priman los grupos sociales (familia, casta = comunidad), y donde no se concibe al individuo como tal, como ente independiente.
Al contrario, el Occidente moderno se ha formado reivindicando al individuo como ente en sí, libre y supremo, resistiéndose a las presiones sociales.
La nueva clase media india está a medio camino entre estos dos polos, si bien dirigiéndose claramente del comunitario al individualista.
Así, la India se encuentra desgarrada entre dos sistemas de valores opuestos.
En la sociedad tradicional, los individuos tienen el deber de contribuir al bienestar de su familia y su comunidad; en la moderna, los individuos tienen el derecho de ser felices más allá de las presiones sociales.

La “libertad” es el valor moderno supremo; el “servicio” lo es de la sociedad antigua.
Desde el punto de vista moderno, “servicio”, “sacrificio”, suponen opresión; desde el punto de vista tradicional, el nuevo concepto de “libertad” es en realidad esclavitud de la persona a sus impulsos egoístas.
En cierta ocasión le preguntaron a una mujer llamada Árati Náyak: “¿No crees que la mujer india no es libre?”, a lo que contestó: “Yo no entiendo ese concepto de libertad.
Desde que nacemos, dependemos de nuestra madre, de nuestro padre, de nuestra familia…”
A las mujeres occidentales suele parecerles terrible la condición de las mujeres en la India y otros países, pero muchas se sorprenden al saber que a la mujer india le parece terrible la condición de las mujeres en Occidente.
La mujer tradicional no quiere ser “liberada” por la modernidad, aunque a menudo su hija, educada según valores muy distintos (las “English-medium schools” hacen furor en la India actual), no quiera ya ser tradicional.
Sin embargo, la tradición antigua se descompone a ojos vista, y a menudo deja un erial tras de ella.

Una tierra de nadie que es pronto ocupada por los valores en alza: el dinero y la satisfacción inmediata de los deseos, que las normas antiguas mantenían a raya.
Es así muy cierto que han aumentado mucho las injusticias y el mal trato a las mujeres.
Cuando se pierde el respeto que se las otorgaba, a veces sólo les queda a las mujeres el valor económico, sexual y práctico.
En una economía crecientemente monetaria, las mujeres no suelen controlar el dinero, la fuente moderna de poder.
La pobreza, el desenraizamiento y el abuso del alcohol, cada vez más extendido, extreman aún más la situación.

Otro cambio reciente es presentar a la mujer como “objeto de deseo sexual”, algo que es extraño a la cultura tradicional, al menos desde ese punto de vista.
La sexualidad era encauzada antiguamente mediante los matrimonios tempranos, algo espeluznante para la mentalidad moderna, que no se aflige tanto sin embargo por la promiscuidad sexual de los adolescentes.
Tampoco la India antigua era puritana, como se ve fácilmente en su arte; parece que fueron los musulmanes y los británicos quienes impusieron normas más rígidas.
Ahora, con los cambios recientes, la atención de los jóvenes, y no tan jóvenes, se dirige cada vez más hacia el sexo, hasta llegar en ocasiones a la obsesión.
Es sabido que en las grandes ciudades, y especialmente en Delhi, en los autobuses, en la calle, las chicas son acosadas a menudo por jóvenes que intentan tocarlas.
De las grandes megalópolis indias, las ciudades más “seguras” para las mujeres son Chennai (antigua Madrás) y Kolkatá (antigua Calcuta): las ciudades más conservadoras y tradicionales.
Los enormes cambios a los que está sometida la sociedad india la están haciendo pasar a grandes pasos del ideal antiguo, la renuncia por el bien común (tyaga), al disfrute y la búsqueda de placer (bhoga).

Con todo esto que antecede no pretendo atacar los valores que rigen en Occidente, plenamente válidos en su entorno.
Lo que siempre indigna es el impulso “misionero”, rémora de su historia, mediante el cual Occidente pretende, casi exige, que todo el mundo se comporte igual que él, y sostiene que su “religión” es la única verdadera: el famoso “siglo XXI”, que por lo visto sólo puede ser de una manera.
Imaginemos que los medios de comunicación de la India empezaran a publicar artículos y documentales sobre “la terrible condición de los ancianos” en Europa: abandonados a menudo a su suerte por sus hijos, recluidos en residencias donde sólo esperan la muerte, sin que la sociedad los respete por su sabiduría ni les dé un papel que otorgue sentido a su vida.
Otro tanto se podría escribir sobre “la condición de los niños”, creciendo en entornos familiares inestables y sin recibir a menudo el amor y la atención que necesitan.
Claro, si los criterios son asistencia hospitalaria, medios económicos, buenas escuelas, etc., los países europeos nórdicos estarían a la cabeza del mejor trato a los ancianos y a los niños; si el criterio es el amor y un entorno afectuoso y de seguridad, el respeto y el sentido de la vida, India estaría muy por encima.
Por otro lado, el hecho de que haya habido una reacción de tal calibre a estos hechos brutales es un signo de que la sociedad india es muy dinámica y quiere luchar por resolver sus lacras.
Lacras que tienen todas las sociedades, aunque las propias suelen resultar mucho más invisibles que las ajenas.

Ante este estado de cosas, múltiples voces en el país exigen sentencias más rápidas y duras para los violadores, pero también tenemos que una mujer fue violada y, tras ser liberada, un grupo numeroso la agredió de nuevo sexualmente
“El caso no tiene ningún motivo para la clemencia”.
Tras estas palabras, un juez de la India ha dictado cadena perpetua para el hombre acusado de violar a una mujer española en Bombay el año pasado.
Mohammed Badshah Ansari -que el 5 de noviembre de 2012 entró a robar en casa de la española, cuando dormía, y a la que acabó violando, escuchaba al juez, siendo consciente de que pasará el resto de sus días en la cárcel por violación, sodomía, intimidación criminal y robo.
Antes de ser sentenciado, reconoció estar implicado en el caso y pidió en vano clemencia alegando que tiene una madre y dos hijos a su cargo.
Ahora bien, todavía le queda la opción de apelar al Tribunal Supremo.
“El tribunal tiene que tener en cuenta el interés de la sociedad en general”, reza la sentencia del juez, que también ha tenido en cuenta el largo historial de Ansari, con al menos 20 casos registrados en su contra sólo en Bombay.

En el caso de la española, el condenado cogió un cuchillo de cocina para amenazar a la joven y violarla antes de que ella pudiese escapar.
“Definitivamente es una buena noticia, porque el caso se ha resuelto pronto, y ello puede ayudar a que la gente confíe más en la Justicia”, ha asegurado Ranjana Kumari, directora del Centro de Investigación Social.

“Los violadores ven que la Justicia es lenta y por eso se sienten impunes, de modo que con esta sentencia quizá vean el precio que tienen estos delitos”.
La misma satisfacción ha tenido el entorno de la víctima tras escuchar al juez.
“Esta sentencia demuestra que la India respeta la ley, independientemente de la nacionalidad del acusado o de la víctima”, ha afirmado el fiscal Ujwal Nikam.
La joven, una española que había ido a Bombay a estudiar música clásica, vive ahora en Alemania, desde donde testificó el pasado mes de octubre.
“Se ha negado a volver a la India.
Se fue con una mala impresión.
Así que ya es una cuestión de imagen de la nación”, añadió.
Una imagen muy deteriorada desde el último año por los numerosos casos de violencia sexual que han salido a la luz.
Un mes después de estos hechos, se produjo en Nueva Delhi una violación en grupo a una estudiante en un autobús que conmocionó al país asiático.
En agosto, otra agresión sexual en grupo contra una fotoperiodista en Bombay desató una nueva oleada de protestas.

La lista es interminable.
Basta con ver que las denuncias por violación se han duplicado este año en Delhi, aunque los expertos consideran que se debe a que las mujeres han perdido el miedo a romper su silencio y a que la policía ahora registra las denuncias.
Precisamente ahora se conoce el nuevo caso desgarrador de una mujer que, tras ser violada por un hombre y arrojada después en un descampado al sur de la India, fue capturada de nuevo a los pocos minutos por otro grupo de violadores que cometieron las mismas brutalidades con ella.
Minutos antes, la joven pudo llamar por teléfono a sus amigos, que llegaron al lugar de los hechos y empezaron a pelearse con los agresores hasta que apareció la policía.
Ahora hay 10 detenidos.
Tres de ellos son amigos de la víctima.
La violencia sexual en este país asiático está lejos de desaparecer. Las leyes se han endurecido en el último año y el problema ha pasado a un primer plano en los discursos políticos y en la cobertura mediática.
Pero lo cierto es que cada día se ven nuevos casos de violaciones a mujeres por todo el país.
“El cambio de mentalidad se está produciendo, aunque es un largo camino por recorrer”, reconoció a este diario Manjeet Bhatia, profesora del Centro de Estudios de Mujeres y Desarrollo, de la Universidad de Delhi.

La política india Asha Mirge, miembro de la Comisión por los Derechos de la Mujer en el estado occidental de Maharashtra, relacionó hoy las violaciones en el gigante asiático con el “comportamiento” de la mujer o su “vestimenta”.
“Las violaciones suceden por la vestimenta de las mujeres, por su comportamiento o por encontrarse en lugares inapropiados”, afirmó Mirge durante un encuentro en Bombay de su formación, el Partido Nacionalista del Congreso.
La miembro del NCP hizo alusión de manera expresa a dos de los abusos sexuales que más revuelo han causado en India, como son las violaciones en grupo de una estudiante de medicina en un autobús en Nueva Delhi y de una fotógrafa en la ciudad de Bombay.
Mirge acusó a la primera, que falleció días después de la violación por las graves heridas, de haber ido por la noche con un amigo al cine, y a la segunda de ir a unos edificios en ruinas de un barrio periférico a las seis de la tarde.

Las críticas contra la miembro de la Comisión por los Derechos de la Mujer no se han hecho esperar, entre ellas la de un líder del NCP, Praful Patel, que aseguró que tomarán “medidas disciplinarias” contra Mirge por sus comentarios “totalmente insensibles”.
Tras la violación de la joven estudiante de medicina el 16 de diciembre de 2012 en Nueva Delhi, una mayoría de India reaccionó con fuertes muestras de condena y provocó un debate sin precedentes sobre la situación de la mujer que llevó al Gobierno a endurecer las leyes contra esas agresiones.
Sin embargo algunas voces, entre ellas las de importantes personalidades, optaron por culpar a la víctima.
Un ejemplo fue el popular gurú Asaram Bapu, que también dijo que la víctima de Nueva Delhi tuvo culpa, aunque en menor medida que los agresores, pues en vez de resistirse “debía haber rezado a Dios y pedido a los atacantes que la dejaran en paz”.
Todo es una mezcla de idiotismo, imbecilidad, bestialismo, e impunidad.
No defenderse y rezar, usar ropas determinadas y estar en un lugar inadecuado.
Dicho lo primero por un gurú y lo último por una mujer política y con grado universitario son cosas inconcebibles e insólitas.

Cierto lo juzgo con formación de otra sociedad, la que compra y consume bienes de la India y la plutocracia que está en las telas y lo zapatos, también está en los malos hábitos.
Habría que condicionar el consumo de productos indios y tenerlos muy presentes si es que llegan con Aratirí.
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2 comentarios
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  1. Cuando no? carton ligador en todos lados nos maltratan, y se escudan en las crenncias y las ignorancias para hacer esas atrocidades..

  2. Buen artículo. Cosa curiosa; el primer pais del mundo en ser gobernado por una mujer, luego del imperio de los Faraones en Egipto porque en esa epoca gobernaban mujeres y la ultima fue Cleopatra, “Indira Gandhi” (ningun parentezco con el lider mahatma Gandhi) fue la primera gobernante mujer que el mundo por lo menos tenga registro en 2000 mil años. Y ella gobernó la India en dos períodos por 15 años hasta que la mataron en 1984. Si cuando ella gobernaba (que se dice que era mano dura) no pudo cambiar el machismo, no creo que encuentre otra mejor oportunidad de momento.

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