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La magia perdida

La secuela Practical Magic 2 recupera a las hermanas Owens, sin embargo transforma su espíritu rebelde en una historia mucho más convencional

Las historias de brujas siempre han tenido una particular capacidad para representar la rebeldía femenina. Desde las antagonistas más temibles hasta las protagonistas que desafían las reglas, la bruja funciona como una figura de ruptura: una mujer que se niega a aceptar los límites que otros decidieron imponer. Por eso no sorprende que Hollywood continúe regresando a aquellos títulos que marcaron a toda una generación, desde The Craft hasta Hocus Pocus.

Practical Magic 2 intenta recuperar ese universo veinticinco años después. El resultado está lejos de ser un desastre, pero tampoco consigue justificar plenamente su regreso. Hay nostalgia, buenos actores y una estética atractiva, aunque la película parece haber olvidado parte de aquello que convirtió a la historia original en algo especial.

Regresa la familia Owens

La nueva historia vuelve a poner en el centro a la familia Owens. Kylie (Joey King), hija de Sally (Sandra Bullock), se enamora de Gedeon (Xolo Maridueña), pero la antigua maldición familiar vuelve a intervenir y termina provocando que el joven quede en coma.

Desesperada por encontrar una solución, Kylie viaja a Inglaterra en busca de una cura. Sally y Gillian (Nicole Kidman) no tardan en involucrarse, mientras aparece Ian Wright (Lee Pace), un académico especializado en magia que se suma a la búsqueda.

La película conserva algunos de los elementos visualmente más atractivos de la original. Los colores intensos, los escenarios de cuento de hadas y un vestuario que vuelve a coquetear con la estética de Stevie Nicks funcionan como un agradable viaje al pasado. Pero el mayor atractivo está en la reunión de las figuras originales.

Bullock, Kidman, Stockard Channing y Dianne Wiest mantienen una química que el guion no siempre consigue acompañar. Sus conversaciones, bromas y pequeñas disputas son, paradójicamente, los momentos en que la película recupera auténtica vida. Joey King también consigue sostener con energía su papel, mientras que Maisie Williams queda bastante desaprovechada.

Una secuela demasiado convencional

El principal problema no está en la falta de efectos mágicos, sino en la falta de imaginación. La primera película entendía el romance como una parte de la historia, pero no como su centro absoluto. La verdadera fantasía estaba en aquellas mujeres —hermanas, tías, hijas— construyendo juntas un mundo propio, extraño y difícil de controlar.

Ese espíritu resulta mucho más débil en esta continuación. En una época en la que las protagonistas femeninas podrían ocupar prácticamente cualquier territorio narrativo, resulta decepcionante que Practical Magic 2 vuelva a apoyarse tanto en una estructura romántica y convencional.

La película conserva a unas mujeres que siguen siendo fascinantes, pero parece no saber qué hacer con ellas fuera de las fórmulas conocidas. Y ahí aparece la gran contradicción de esta secuela: recupera personajes asociados con la libertad femenina para encerrarlos nuevamente en una historia mucho más previsible.

Las margaritas de medianoche siguen ahí. La nostalgia también. Lo que cuesta encontrar es aquella magia rebelde que alguna vez hizo de las Owens algo diferente.

Diego Revuelta

Crítico de cine

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