A 70 años del beso…

Por Lorenzo Olivera
Que cerró la Segunda Guerra Mundial. Cuando era niño, bah… antes de que naciera se estaba desarrollando la II Guerra Mundial.
Recuerdo de la mano de mi hermano mayor acompañarlo en la cola del Frigonal (para los nuevos en el planeta Frigorífico Nacional) donde vendían carne congelada.
Todo estaba racionado.

Mi padre tenía tres coches para poder andar en uno, aclaremos eran cachilas de la época y le daban vales por determinado número de litros de nafta y con las suma de los tres vales podía sacar combustible para poder usar uno.
Como pensaba que la guerra no iba a terminar nunca vendió un Ford A o T en noventa pesos uruguayos, si aunque Ud. no lo crea.
Recuerdo que unas chiquilinas muy asquerositas que según supe iban a la Escuela República Argentina, pasaron por la puerta de casa a la salida de clase coreando “Roosevelt, Roosevelt, Roosevelt” inclusive me molestó la forma en que pronunciaban la t final (¿?) entré y pregunté y me dijeron que había muerto el Presidente Roosevelt de EE.UU. y llevaban una bandera de dicho país.

También recuerdo la sirena del Diario El Día (el local que actualmente ocupa un lugar donde se juega a las carreras de Maroñas y creo que también hay maquinitas.
Ahí recuerdo tiempo después que mi viejo me llevaba a comer a la cantina del propio diario, en el tercer piso de dicho edificio donde me deleitaba comiendo las costillas de Cordero a la Villeroi.
En casa venía gratis por la embajada de EE.UU una revista llamada “En Guardia” que informaba sobre la guerra.
Pero hay una cosa que me quedó grabada muy claramente en mi mente fue el beso del marino en la 5ª. Ave. de Nueva York y sobre la historia de ese beso versa el siguiente artículo.
George Mendonsa tenía 22 años en 1945.
Se había alistado en la Marina en diciembre de 1941, luego del ataque de la aviación japonesa sobre la bahía de Pearl Harbor.

beso-289-2_435x450Recién regresado de una misión en las costas de Filipinas, le quedaban algunas semanas de descanso, hasta que lo enviaran a una nueva misión.
En esos días conoció en una reunión familiar a Rita Petry, de 20 años.
El 14 de agosto tuvieron en Manhattan su primera cita.
Fueron a ver una película al Radio City Music Hall.
Alrededor de las 14 horas se interrumpió la proyección del filme.
Se empezaron a escuchar ruidos de afuera de la sala y se prendieron las luces.
Entonces, alguien abrió la puerta y gritó: «¡Se terminó la guerra! ¡Los japoneses se rindieron!».
Nadie podía creerlo.

La sensación de alegría y éxtasis no tardó en contagiarse entre el público.
La pareja fue a un bar a festejar.
«Tomé bastantes tragos», contó George muchos años más tarde a George Galdorisi y Lawrence Verria, autores de The Kissing Sailor (El beso del marinero), el libro que reveló en 2012 la historia detrás de «la foto que terminó con la Segunda Guerra Mundial».
Cuando salieron del bar se acercaron a Times Square, donde una multitud caminaba, se abrazaba y celebraba de todas las formas posibles.
La emoción se podía respirar.
Fue entonces cuando él, que se había vestido con su uniforme de marino para la cita, vio a Greta Zimmer Friedman.

Tenía 21 años y trabajaba como asistente de un dentista en la avenida Lexington.
Al enterarse del fin de la guerra, salió a la calle.
Estaba conmocionada.
Ella y su hermana, nacidas en Austria, se habían escapado en 1939, dejando a sus padres atrás.
En ese momento no podía sino pensar en ellos, de quienes no tenía noticias.
Luego se enteraría que habían muerto en los campos de concentración.
En ese estado la halló George, que estaba completamente ebrio.
Por cómo estaba vestida, la confundió con una enfermera, y recordó el heroico comportamiento que habían mostrado meses antes a bordo del portaaviones USS The Sullivans, cuidando a los heridos de un ataque kamikaze japonés.
Al verla, sintió un deseo irrefrenable de besarla.
Era una forma de celebrar y de rendir homenaje a quien, suponía, había luchado codo a codo con él y los suyos.

Cuando se dio cuenta de que un hombre la tomó con fuerza de la cintura y apoyó sus labios contra los suyos, Greta se quedó paralizada.
No sabía qué hacer. Antes que pudiera reaccionar, él la soltó, dio media vuelta y se fue.
Ella hizo lo mismo.
Ninguno de los dos mencionó lo ocurrido durante mucho tiempo. Tuvieron que pasar 35 años para que se enteraran de que el fotógrafo Alfred Eisenstaedt había retratado el momento.
La foto salió en la edición que la revista Life dedicó al fin de la guerra.
Pero no en la portada.
Estaba perdida en la página 27.

La imagen se convirtió en un ícono en 1980, cuando la publicación realizó una nota especial sobre ella, asegurando que había identificado a la supuesta enfermera -se habían equivocado.
Por los efectos del alcohol, George no recordaba casi nada, pero ver la foto «fue como mirarse en un espejo».
Quien sí se acordaba de todo era Rita, que pare entonces era su esposa.
Nunca le había dado mucha importancia a aquella escena.
Ni siquiera se había enojado, porque entonces todavía no estaban juntos y entendía la trascendencia del festejo.
Él y Greta se reunieron en distintas ocasiones en los años siguientes, y recordaron con humor el momento.

Por supuesto, nunca pasó nada entre ellos, ya que ambos tenían matrimonios felices.
No obstante, hay algo que Rita no oculta: «George nunca me ha besado a mí de esa manera».

Un comentario en “A 70 años del beso…

  • el 21 agosto 2015 a las 10:33
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    lo mas nostalgioso y apasionado que vi en mi vida los que hicieron la estatua de ese beso pensaron igual
    quedo para lahistoria

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