Adiós juventud

Inspirado en la frase de Jonathan Swift: “Ojalá vivas todos los días de tu vida” y en la frase anónima de “Vivir se debe la vida de tal suerte que permanezca viva en la muerte”.

Estaba mirando en el celular no sé qué cosa y mi dedo indiscreto me llevó a un video de Astor Piazzolla que compartí y departí con mi amiga Rosario y resultó que en el año 1959, Piazzolla se encontraba realizando una gira y recibe la noticia de la muerte de su padre, Vicente Piazzolla, a quien apodaban Nonino, hecho que llevó a Piazzolla a la depresión, en ese angustiante momento compuso la pieza titulada con el nombre de su padre y lo hizo a su memoria.

Resulta que en 1959, yo era un muchacho y por la mañana, mi viejo se levantó y recorrió la vereda de enfrente y la de casa y saludó a todos los vecinos, como quien se despide y volvió, estaba mi cuñada con mi sobrino Bruno, error de mi hermano ponerle Bruno a un rubio de ojos celestes, cuando nella dolce lingua del Dante, quiere decir negro.

El viejo en sus años mozos también había sido rubio, y tenía la edad del siglo, había nacido el 15 de diciembre de 1899, o sea era 15 días mayor que el siglo XX, vio a mi sobrino con su tamaño de bebe grande o niño chiquito, trepándose al toilette y dijo: “Es igualito a mí” y se echó para atrás y un piadoso infarto se lo llevó, sin tener que pagar todas las cuentas que cobra la diabetes en vida a sus víctimas, como ceguera y amputaciones.

Siendo un chiquilín grande yo, intenté hacerle respiración artificial y los brazos estaban flojos y no hubo caso y no describo la escena porque sería morboso.

Fue un viernes y el lunes me fui a clase y mis compañeros me miraban como bicho raro, cuando les dije la pérdida que había sufrido y tal vez estos pensaban que me tenía que pasar una vida haciendo un duelo patológico.

En la vida hay que hacer todo por los vivos porque los muertos muertos están y yo tenía a mi vieja, una mujer dura que se ablandó totalmente por este hecho y no entraba en razones.
Mi viejo era ateo y yo seguía la línea familiar, aunque ahora soy agnóstico, en algo creo, pero no le doy nombre y mi vieja que tenía escasos 50 años, empezó a persignarse cuando iba al cementerio, frente al nicho.

Uno se lleva golpes, sin llegar a asimilarlos y tiene que tomar resoluciones sobre la marcha siendo un muchacho, como elegir el servicio fúnebre, no teniendo al viejo para consultarle cual hubiera elegido él.

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Claro que en mi casa mi viejo una vez dijo que lo que valía era la carta y no el sobre, cosa que me ayudó a encarar el trance, tan es así que mi hermano que era mayor me hizo mejorar el servicio.
Subía el repecho de la en aquel entonces calle Vázquez y al llegar a Canelones me dolía el pecho y el brazo izquierdo, cosa de la que se quejaba mi padre, cuando le diagnosticaron el problema de las coronarias y lo mandaron para casa para que muriera tranquilo.

Un amigo de aquel entonces, compañero de preparatorios en el IAVA me dijo por que no iba a un psiquiatra, hoy con las cosas que he visto, cuando una persona tiene un dolor cordial o un angor, el psiquiatra no tiene nada que hacer, pero como no tenía a quien consultar fui a ver al que me recomendaron mis compañeros de 17 o 18 años, el Dr. Duarte.

Entré como pájaro mojado y le expliqué mis síntomas y como buen psiquiatra me hizo hablar a mí me cobró la consulta y me recetó unas pastillas que no tenían nombre sino un letras y números como podría ser el de la impresora de este equipo TX32OF, que le aflojara a los libros y me dedicara un tiempo a “la pachanga”.

Le aflojé a los libros y entre a la pachanga, pero las pastillas nunca las fui a buscar ni las tomé ni las vi, calculo que en esa época serían las versiones experimentales del Valium o algo similar.

Al poco tiempo sabía que tenía que trabajar duro y estudiar duro y así lo hice.

En mi casa en vacaciones cuando liceal, no me dejaban vagonetear en la calle.

Me anotaron en la Pitman y al tiempo volaba con la máquina de casa, porque salía de la academia y me daba de punta pasando los apuntes a máquina en casa.

Aprendí taquigrafía por mi cuenta en una pequeña academia donde enseñaban el sistema Martí, que es el que se usa exclusivamente en el Palacio Legislativo de Uruguay y no se utiliza en ningún otro lado del mundo, es completísimio, cosa que me obligó a estudiar todos los tiempos de conjugación de los verbos, cosa que creo que no veía desde la escuela.

Fui a aprender taquigrafía y terminé aprendiendo gramática y conjugaciones verbales como loco, por lo exquisito del sistema Marti .

Lo enseñan en forma particular los propios taquígrafos del palacio a los aspirantes.
Me presenté a un concurso de un muy buen empleo, siempre fui muy bueno en matemática y volaba en la máquina de escribir, las bases pedía caligrafía, aritmética, máquina, redacción, dictado.

Mi letra del ayer era decente y hasta linda como la comentaban mis amigos, pero en preparatorios y facultad sacando apuntes la inglesa terminó siendo una letra redondita, como la alemana, pero bastante legible a mi criterio, para otros era muy legible.

Como en preparatorios había hecho ampliación de matemáticas los problemas de aritmética los resolví por ecuaciones y al contador que corregía la prueba no le gustó nada, pero no tuvo argumentos, porque quien puede lo más puede lo menos, el pretendía que los hubiera resuelto por aritmética y no por matemáticas.
Con la máquina batí récords.

Mi redacción era Que me gustaría hacer con mi tiempo libre y le metí un latinazgo que decía Ars lunga vita brevis, y quería participar de todo lo cultural etc. etc. y el que salió segundo, quería jugar al futbol en su tiempo libre y cometió la torpeza de ponerlo en la redacción.
El dictado lo hicieron en dos partes una lenta y otra rápida y en la rápida le metí taquigrafía, cosa que no estaba en las bases al igual que la matemática.

Cuando terminó el dictado le dije al que lo hizo que yo había utilizado taquigrafía, a lo que el hombre por el contrario que el contador, se alegró y me pidió que le pusiera, de puño y letra la traducción, arriba en letra cursiva.

Saque en total 97 puntos sobre 100 y el que me seguía, el del partido de futbol en la redacción, sacó 81 u 82.

Entramos los dos y trabajamos juntos 40 años y como el también es un buscavidas, estudió de mecánico y luego compró una chacra y siguió con el empleo y con la chacra.

Y yo terminé mi carrera y al contador que tenía a su cargo un sector de la empresa, lo alcancé siendo encargado del otro sector y luego al final estuve a cargo de todo, pasándole por arriba al contador.

Con el primer sueldo, me fui a Buenos Aires, al lugar donde nuestros destinos nos jugaron una mala pasada en 1959, a Piazzolla con la muerte de Nonino y a mí con la de mi viejo, salvadas que fueren las distancias.

Ciudad que supe disfrutar plenamente y por razones laborales, siendo pinche, pero de confianza, iba un par de veces por mes con todos los gastos pagos, por Austral.

Pero no fue igual, que la primera vez, en que lo hice en los Vickers Viscounts de Pluna, con un par de amigos y me gasté $ 900.- de mi propio peculio, de mi propio primer sueldo en 1962, y me traje dos trajes, uno de ellos de Hilo crudo de Holanda.

Color natural, que me duró dos posturas, porque se me abrió una lapicera en el bolsillo y me hizo flor de mancha de tinta a la altura de la tetilla izquierda.
El pintún cajetilla se quedó sin esa herramienta, tres pares de zapatos, uno de los cuales me garroneó uno de mis hermanos que desgraciadamente para mis intereses calzaba igual que yo.
Un montón de camisas en Chemea, en la calle Florida casi Lavalle.

Corbatas de acetato por supuesto. Cashmeres varios que llenaban de pelo todo lo que tocaran.
Por supuesto que al Maipo, en la calle Esmeralda, a festejar las plumas largas y las prendas cortas y apreciar un género que acá no existía ni existe todavía.

También anduvimos por Corrientes a la altura de Leandro Alén donde van los que tienen perdida la fe, claro que como forasteros no sabíamos cómo era el sistema y nos volvimos como fuimos, sin probar nada de esa mercadería en oferta, que había que tomar como cuatro copas con cada una de las coperas para que las dejaran salir y cuando salieron por la otra puerta, se borraron y nosotros afeitados y sin visita.

Hicimos relación con los canillitas que hacen o hacían noche en los bolichones de mala muerte, frente a lo que fue el Parque Japonés, que a esa hora no lo vimos y solamente lo conocimos de nombre.

Comimos muy bien en lugares finos, algunos que sobreviven todavía como ser el Edelweiss en Montevideo casi Corrientes, lugar fino, muy buena comida y no notábamos que fuera caro porque los 100 nacionales costaban $ 8.50 uruguayos.

Aquel Buenos Aires sin vendedores callejeros, la calle Florida peatonal y con personas de traje y corbata y con una peinada a la gomina, recuerdo que a un señor con un morral lo agarró la policía y se lo llevó porque tenía colgando de su hombro un morral con unos muñequitos de felpa.

La última vez que fui parecía la Feria de Tristán Narvaja, tanto Lavalle, como Florida, como las veredas de Corrientes.

Contaba mi viejo que cuando muchacho iban a Buenos Aires en el Vapor de la Carrera, por $ 2,40 y cenaban abordo, también iba frecuentemente porque mi bisabuelo, venido de Trieste con pasaporte austríaco, por el Imperio Austro Húngaro a pesar de tener apellido italiano, cosa que se le reconoció mucho tiempo después, vino al rio de la Plata como cantante con una compañía de Opera, la cual se fundió en Montevideo y mi bisabuelo con su registro de bajo, se quedó con toda la utilería, no sé por arte de qué, pero tanto él como sus hijos vivieron el resto de sus vidas Montevideo, Buenos Aires, Rosario de Santa Fe, con casa en todas y novias también, algunos descendientes con o sin el apellido, vi fotos del fundador de la estirpe uruguaya con dedicatoria a “una futura esposa” que no fue, salvo que se hubiera cambiado el nombre de la genovesa que arrancó con nuestra rama oriental.

La tercera generación, o sea la de mi padre en adelante nos tocó trabajar en serio, dado que los fundadores habían gastado mucho al implantar las raíces.

Eran como cinco hermanos y una mujer, la cual fue novia de Tapié y lo dejó porque nunca iba a tener para comprarle un par de zapatos, pero mi tía abuela resulta que le erró fiero, porque fue el dueño del London París y ella como estaba para el gremio del cuero se casó con un vasco talabartero.

Buenos Aires me gusta cuatro o cinco días y después me satura el movimiento de la gran ciudad, aunque como ahora no vivo en el centro de Montevideo también me saturaría dicho lugar para vivir.

Pero Buenos Aires hay que disfrutarlo por la noche, el mundo del espectáculo, ir a la boletería de una sala con todas las localidades vendidas y con el precio de la entrada en una mano y la propina al boletero en la otra, conseguir las mejores localidades.

El porteño, que mano a mano es un tipo fenómeno, pero cuando se juntas más de dos, se ponen peor que Maradona.

Ese movimiento perpetuo es lo que surge de ese tango de Piazzolla a la memoria de su padre, inspirado por su muerte y lejos de Buenos Aires, me retrotrae a aquel Buenos Aires de 1962 que lo viví pocos días pero con el bolsillo bien provisto y al sentir la música ese bandoneón, instrumento italiano arrabalerizado por el tango y que Astor lo inmortalizó y lo hizo universal.
Cuando lo escucho a ese tango me viene aquel ayer con nuestros viejos vivos, aquella juventud impagable y aquel Buenos Aires, luciendo Lavalle, Corrientes, y Florida llenas y se me hace un nudo en la garganta y hasta se me pianta un lagrimón.

A mucha gente no le gusta este tango sinfónico y les gusta el arrabalero, yo les llevo una gran ventaja a mí me gusta todo, por qué voy a separar los mariscos del arroz si los voy a comer todo juntos.

Todo va cambiando unos dicen para bien y otros para mal, pero el mundo no lo podemos parar nosotros.

Hoy me decía un querido amigo, hablando de que tenía que gastar $ 400.- en una cosa que no le interesaba y me dijo, si con cuatrocientos pesos me hago flor de guiso.

Es así, en aquel momento se ataban los perros con salchichas y si se las comían los ataban con más salchichas, hoy los atan con alambre y si se sueltan con alambre de púas.

Que todo sea para bien y al gran pueblo argentino, tres veces salud.

2 comentarios en «Adiós juventud»

  • el 4 diciembre 2015 a las 10:22
    Enlace permanente

    Muy buena historia sobre ese grantango, porque nadie sabe porque pero desentona lo de nonino para el nombre de un tango ahora se sabe que era el padere de Piazzola..

  • el 4 diciembre 2015 a las 15:42
    Enlace permanente

    Piazzola es uno de los genios que dio la argentina agarró el bandoneon y le dio por fusionar Jazz, Clasico y Tango, y se lo llamó el nuevo tango. Otros musicos trataron de hacer lo mismo con el blues, el bolero y el rock y no les quedó tan bien como a Piazzola.

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