Crisis migratoria europea

Dos años después del inicio de la peor crisis migratoria desde la Segunda Guerra Mundial, la Unión Europea (UE) se vanagloria de lograr la disminución del flujo de refugiados, mientras intenta disfrazar el fracaso de sus planes y esconder las implicaciones negativas de los mismos.

Si bien es cierto el decrecimiento de los arribos ilegales de ciudadanos de Siria, Libia, Yemen, Somalia, Sudan del Sur, Nigeria, República Centroafricana, Iraq y Afganistán, entre otros, algunos de los métodos empleados para conseguir tal propósito resultan cuestionables y otros ineficaces o incompletos.

En tanto continúan las muertes en el mar Mediterráneo, la violencia y la discriminación, Bruselas se empeña en demostrar su supuesta capacidad de respuesta y dibuja un panorama alentador para ocultar que optó por vendar la herida sin antes curarla.

Luego de iniciativas fallidas y crecientes discrepancias, el bloque no logra una solución adecuada a un fenómeno que tiene entre sus principales causas la violencia y la grave situación humanitaria en países de Medio Oriente y África, generadas en gran medida por acciones desestabilizadoras de grandes potencias occidentales.

Tras un malogrado plan para establecer cuotas obligatorias de recepción y reubicar a unos 160 mil migrantes, la Comisión Europea (CE) presentó a finales de septiembre un nuevo programa para el reasentamiento de al menos 50 mil refugiados.

Según un comunicado de ese organismo, el proyecto se implementará hasta octubre de 2019 y consiste en traer a territorio europeo a personas vulnerables y necesitadas de protección internacional.

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