MÚSICA

David Bowie: su talento camaleónico se convierte en mito

Diez años después de su muerte, David Bowie sigue siendo celebrado como si aún estuviera mutando, como si su figura no hubiera terminado de fijarse nunca.

El “camaleón” se convirtió en mito precisamente por eso: era un artista inquieto, cambiaba de piel antes de que el mundo se lo pidiera. Pero en esa constante transformación, también se esconde una incomodidad que el homenaje suele suavizar.

Desde aquel niño inquieto de Brixton que cantaba y bailaba fascinado por la música estadounidense hasta el artista que acumuló identidades como máscaras, David Bowie entendió muy pronto que en el arte moderno la imagen podía ser tan poderosa como el sonido.

Ziggy Stardust, el dandy elegante, el ser andrógino, el viajero espacial o el pirata con parche no eran solo personajes: eran estrategias para adelantarse a su tiempo y, a veces, para escapar de él. Mientras otros buscaban una voz propia, Bowie parecía fragmentarla una y otra vez, como si temiera quedar atrapado en una sola versión de sí mismo.

Su obsesión por la estética, por el maquillaje y la puesta en escena, le valió admiración y sospecha.

¿Hasta qué punto la música era el centro y no el pretexto?

La respuesta está en canciones que siguen siendo himnos generacionales, pero también en una carrera marcada por el cálculo y la ambición. Bowie fue un artista inmenso, sí, pero también un consumidor voraz de influencias y personas. Algunos de quienes lo conocieron de cerca lo recuerdan como alguien capaz de absorber lo que necesitaba y seguir adelante sin mirar atrás, un “vampiro” creativo, el que el avance constante le importaba más que los vínculos.

Sus colaboraciones con gigantes de la música reforzaron su aura de figura imprescindible, capaz de moverse entre estilos sin pedir permiso. Sin embargo, ese talento camaleónico plantea una pregunta incómoda: ¿era adaptación genuina o una forma elegante de apropiación permanente? La historia suele absolverlo, quizá porque el resultado fue brillante.

Diez años después, Bowie sigue vendiéndose en camisetas, documentales y recuerdos turísticos, convertido en un icono domesticado. Incluso su rechazo a ser nombrado caballero se celebra como gesto de pureza artística. Tal vez lo fue. O tal vez fue, simplemente, la última coherencia de alguien que nunca quiso pertenecer a nada más que a su propio mito.

Un comentario en «David Bowie: su talento camaleónico se convierte en mito»

  • Evitemos las críticas David Bowie fue un grande entre los grandes por favor

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