Esperando la primavera

Pero aun no es invierno.

Disfrutando esta hermosísima mañana, con un sol radiante como todos los días, bajo este manto de nubes plomizas y niebla, al mejor estilo londinense, que no lo dejan llegar a nuestra vista, pero el sol siempre está, además de la cortina de niebla, se conduele de su soledad, la garúa, que jode y no moja, pero a no dudar el soberano astro rey está.

Pero los orientales nos quejamos de satisfechos, si tuviéramos un invierno al mejor estilo canadiense que en Winnipeg hace 30 o 40 grados bajo cero en invierno o 30 grados todo el año como algunas zonas del caribe como ser Cuba, que viene a ser como bailar con la hermana, todo igual, mi abuelo se vino de Galicia a Cuba, y volvió a Galicia y de Galicia a Montevideo, porque no bancaba la temperatura igual todos los días del año, o más de 50 grados de día y cero grados en la noche como en el desierto del Sahara.

En Uruguay vivimos en un país a escala humana, como nos enseñaron en Sociología en la Facultad en mi época, mientras otros alumnos en otros salones y por su cuenta cambiarlo y lo lograron, o no del todo aún, con más de 30 grados en verano andamos ahogados y baja excepcionalmente un par de graditos bajo cero en invierno y nos queremos envolver en un colchón.

Cuando llueve más de 200 milímetros de corrido o sea 200 litros de agua por metro cuadrado, suelen producirse inundaciones en las zonas bajas cercanas a los cursos de agua arroyos, cañadas, algún río, en predios donde hay que sacar a los habitantes por parte de las fuerzas armadas, porque son zonas donde no se debería construir, claro que son terrenos que no valen nada, nadie los quiere, no tienen precio, por lo cual ni bien baja la crecida vuelven la gente de bajísimos recursos, levantan nuevamente su ranchito hasta las próxima inundación, donde serán candidatos a ser evacuados en las próximas lluvias en abundancia.

Lo correcto sería que el gobierno prohibiera habitar esos bajos inundables y les vendiera en muy cómodas cuotas mensuales terrenos no anegables y nos ahorraríamos la mano de obra, combustibles y maquinaria por las emergencias de la evacuación, más los riesgos humanos que ello implica.

Hay una parte del Queguay en que el monte silvestre tiene más de 18 kilómetros de ancho y crece el río traicioneramente, porque llueve aguas arriba y se inunda en zonas donde no se ha sentido ni un trueno, ni ha caído una gota de agua.
Conocedores sacan el ganado de los potreros complicados, por las aguas, antes que se inunden, porque les avisan (cuando tienen medios decomunicación adecuados de las zonas donde llueve.

Un peón hermano de una conocida, lo agarró la enchorrada cuando estaba juntando ganado del bajo para evitar que se lo llevara la corriente.

El peón no volvió a las casas ese día y lo encontraron a los quince días, muerto en las ramas de las copa de unos árboles del monte silvestre.

El riesgo del trabajo rural tiene esas eventualidades y no es solamente el las aguas, sino que también los puede apretar un novillo o patear o rodar con un caballo, por nombrar algunos pocos siniestros.

Este tipo de inundaciones no son previsibles en el tiempo como las que tapan viviendas edificadas en los bajos de los pueblos.

He visto peones que tienen las piernas que parecen cigüeñal por las quebraduras mal soldadas, me ha pasado que al ir a campaña, una vuelta había llevado unas noveminas para el eventual dolor de cabeza propio y un peón, el afilador de la comparsa de la esquina que no hacía noche en el campo, venía antes del amanecer a las casas para estar pronto cuando arrancaban los demás, el caballo metió una pata en una bichera, rodó y parece que el hombre estuvo inconsciente un rato largo tirado (un par de horas) en el campo hasta que volvió en sí, al galpón de esquila llegó avanzado el día.

Llegó al galpón y se quejaba del dolor de cabeza que le hacía afilar mal las tijeras, le dí una novemina y recuperó el pulso para afilar y le desapareció el dolor de cabeza.

Al rato todos los peones me pedían esas pastillas maravillosas para cualquier cosa, hasta que me las liquidaron y uno piensa que en esos lugares en que no hay nada, algo, una pastilla de morondanga, ya resulta muchísimo.

Nosotros los del asfalto, cuando nos falta algo protestamos y nos quejamos y capaz que tenemos que esperar un par de días para obtenerlo.

A los famosos evacuados se les debe prohibir construir en los terrenos de siempre, los bajos cerca del pueblo y vendérseles terrenos altos, no anegables en comodísimas cuotas mensuales, con muy bajo interés, evitándose de esta forma la mano de obra y el gasto de combustible de los vehículos militares y demás maquinaria para sacarlos del lugar, y evitar las colectas de alimentos y ropa de abrigo, que no siempre va a sus manos, sino que se pierden por el camino en poder de terceros, que cual aves de rapiña siempre están prontos para embolsarse lo que anda en la vuelta.

Evitar además el secado de las taperas que son más útiles para criar alimañas que personas.
Evitar regalar pescado para matar el hambre a las no siempre víctimas de las inundaciones, y mejor darles una caña y anzuelo para que coman de propia mano, así evitamos que esperen panza arriba en jergas apropiadas pero precarias, rascándose el ombligo a la salud de otros.
De la caza y de la pesca vivían los aborígenes, mal llamados indios por nosotros por culpa de Colón.

Colón llegó a la isla Guanahaní, del archipiélago de las Bahamas y de inmediato para evitar que “lo garroneraran” la denominó San Salvador y les llamó indios a sus habitantes, porque estaba seguro de haber llegado a la India y de ahí el nombre de indios, claro que nosotros en nuestra época a los indios los llamábamos hindúes y hoy hindú es la religión y la filosofía y los habitantes de la India son indios.

Claro que Colón le habló a un aborigen que no lo entendía, diciéndole que de ahora en más era súbdito de Isabel la Católica y un montón de cosas más.
El aborigen con todos sus entorchados le explicó vaya uno a saber qué cosa, pero que él era el dueño del barrio y que al forastero lo dejaba estar por su libre y espontánea voluntad.
Es muy claro, no había traductor bilingüe del idioma que hablaban en Guanahani ni del español al aborigen.

Como ninguno de los dos entendió nada estuvieron de acuerdo y no hubo ningún problema, Colón volvió a sus carabelas y a llevarle sus cosas a doña Isabel y levantar el empeño de las joyas.

Con los nombres hicieron flor de matete,Colombia, por Colón y América, por Américo Vespucio , el cartógrafo del viejo continente recién descubiento.

La hermana de Américo Vespucio, fue la modelo del cuadro del Nacimiento de Venus por Sandro Boticelli.

Colón no era Colón ni tampoco español, era Cristoforo Colombo, de origen judío y nacido en Génova, en plena inquisición y conversión obligatoria de los judíos al cristianismo, y el préstamo tenía que venir de manos infieles porque los cristianos no podían colocar dinero a interés.

Gracias a ese error, de entrar a América, Europa pasó a tener comida abundante con la papa, el maíz, el tomate, maíz, maní, porotos, calabazas, palta, girasol, cacao, pimientos, menta, yerba mate, caucho, piña o ananá, y el pavo.

Como contraprestación también se llevaron la sífilis, que tenían los incas, por mantener relaciones sexuales con las llamas, contagiaban a las mujeres de la etnia, y los españoles que no traían mujeres, se contagiaron de las incas con la sífilis y la llevaron a España y Europa al contagiar a sus mujeres.

Hay un montón de alimentos que originarios de América, que por sus nombres de origen mexicano, o centroamericano, no los pude identificar.

Un poquito de sol no nos vendría mal.

Que todo sea para bien…

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