Jaque mate a un ídolo del rock
Robert Plant apareció por sorpresa en un torneo juvenil de ajedrez y terminó perdiendo ante un fan de Led Zeppelin de 17 años.
La escena parece escrita para una comedia británica: una leyenda del rock entra en un torneo de ajedrez, toma asiento frente a un adolescente y termina derrotada. Pero ocurrió. Robert Plant, voz histórica de Led Zeppelin, sorprendió a los asistentes de un torneo benéfico juvenil celebrado el 1 de agosto en Bewdley, Worcestershire, y aceptó disputar una partida pese a no formar parte del certamen.
Su rival fue George Walker, un joven de 17 años que, además de aficionado al ajedrez, era un declarado admirador de Led Zeppelin. Lo que probablemente ninguno de los dos esperaba era que aquella partida improvisada terminara convirtiéndose en la anécdota más curiosa del torneo.
Del rock al tablero
Walker ni siquiera reconoció inicialmente a su contrincante. La sorpresa llegó cuando descubrió que frente a él estaba Robert Plant, uno de los cantantes más influyentes de la historia del rock.
“Es uno de mis artistas musicales favoritos”, explicó posteriormente el joven a la BBC. La coincidencia, además, tenía un punto casi absurdo: Plant estaba jugando contra un fan que difícilmente habría imaginado encontrarse con su ídolo en una actividad tan alejada de un escenario.
La victoria, sin embargo, tuvo una particularidad. Walker ganó por abandono porque Plant se quedó sin tiempo y tuvo que marcharse. No hubo una espectacular combinación final ni un jaque mate digno de una película: simplemente, el reloj terminó inclinando la partida del lado del adolescente.
Una derrota con encanto
John Wrench, presidente del Club de Ajedrez de Kidderminster, celebró la inesperada visita y destacó el prestigio que aportó Plant al encuentro. El torneo estaba destinado a menores de 18 años y la presencia del cantante no había sido anunciada públicamente.
La anécdota también revela algo curioso sobre la distancia generacional. Mientras algunos jóvenes preguntaban quién era aquel hombre, otros entendían inmediatamente que estaban frente a una figura fundamental de la música popular.
Y quizá ahí esté lo más interesante de la historia. Plant no necesitó subir a un escenario para llamar la atención. Bastaron un tablero, un reloj y un adolescente que conocía perfectamente su trayectoria musical.
El ajedrez, esta vez, consiguió algo que pocos escenarios logran: poner a una leyenda del rock en una posición incómoda y demostrarle que, frente a un rival preparado, la fama no sirve para ganar una partida.

